En 1998, la actual responsable de la murga convocó a 12 mujeres para hacer “algunos temas en versión de murga”. Allí surgió la idea de crear un grupo femenino para presentarse al Concurso Oficial de Carnaval. Meses después, se convirtieron en la primer murga de mujeres que pasaba una prueba de admisión.
Se subieron al Teatro de Verano, por primera vez, en el año 99.
La excepción está en el bombo, platillo y redoblante, donde tres hombres se asoman entre tanta fémina. “Trabajo con gente que conozco y que sé lo que puedo hacer con ellos en cuanto a lo artístico”, justificó Gómez. “Al principio no conocía mujeres, o las que conocía no podían. Este año convoqué a varias pero no pudimos coincidir. Y necesitaba la batería para empezar a trabajar y llamé a los compañeros que hoy están”.
Participaron del Concurso Oficial en tres oportunidades: 1999, 2000 y 2002. “Fue una experiencia maravillosa pero muy cansadora porque había que ensayar el triple que las murgas tradicionales, por la postura, el timbre, el movimiento... Pero tuvimos una gran aprobación del público y de los carnavaleros”.
Hace casi una década que no se presentan por motivos económicos, comentó Gómez, pero esa racha termina en este Carnaval, ya que aprobaron la prueba de admisión el mes pasado.
Una murga de mujeres
“Obstáculos siempre hay ante lo desconocido”, admitió la directora responsable de La bolilla que faltaba. “Pero luego que convivís, sos un murguista más”.
Gómez cree que el proceso de aceptación “es un tema cultural”. De todas formas, no considera que haya discriminación o resistencia, pero sí una mayor exposición “a la observación y a la aceptación”.
Este año, “tal vez”, los textos estén relacionados a la temática del género. “Hay lenguajes sobre temas que, sin duda, hay una visión o una forma de decirlo desde el lugar de mujer; pero no desde la disputa de los géneros, sino desde el lugar de libre expresión, donde cualquier persona puede decir lo que piensa y siente”.
Lo que sí representa un desafío, reconoció Gómez, es la propuesta coral: “sonar, afinado, con buenos arreglos y musicalidad que sea atractiva, después trabajar mucho la 'tímbrica', que es cuando uno dice: 'es una murga'”.
“Después, sin dudas, un desafío cultural: el adaptarse al 'sonido' de lo que produce un coro de todas mujeres”, comentó. “Pero es permanencia y acostumbrarse. Como le ha pasado a muchas propuestas, incluso de hombres que tal vez no eran el sonido acostumbrado y, sin embargo, pasaron a marcar en la historia y son una más, y hasta referentes. Nos puede ocurrir o no. Trataremos de permancer para saberlo”.