Ciencia ficción kiwi

Génesis: la novela neozelandesa que explora las sombras de una sociedad tecnocrática.

Actualizado: 07 de setiembre de 2011 —  Por: Miguel Ángel Dobrich

Ciencia ficción kiwi

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Mientras investigaba en el Alan Wilson Centre for Molecular Evolution, Bernard Beckett escribió Génesis, una novela breve de ciencia ficción que ha sido traducido a una veintena de lenguas.

Como sabe el lector, la ciencia ficción suele ofrecer relatos utópicos y satíricos que nacen a partir de ciertas tendencias del mundo. Las obras sci-fi estimulan la reflexión sobre el presente a partir de un potencial o inesperado escenario distante. Este género busca el equilibrio entre la ilusión fantástica y la verosimilitud científica. Génesis alcanza esa meta gracias a “un mecanismo viejo y torpe”, como dice una de sus criaturas, la palabra.

En Génesis convergen tres elementos clásicos de la ciencia ficción: el progreso de los conocimientos, los cambios que provocan la ciencia y la técnica en la sociedad, y la involución/evolución del hombre asociada a ese “desequilibrio”. De todos modos, Génesis es una novela que se sitúa a un abismo de las ciencias duras; vive de la especulación filosófica.

A partir del diálogo, las preguntas y las simulaciones que exhibe Anax ante el tribunal de la Academia, el órgano que controla la sociedad, Génesis opone al Hombre y la Máquina. Pero en tal esfuerzo no se está ante el típico escenario de genocidio o ante la no buscada y perfecta sustitución de seres orgánicos por seres sintéticos. En Génesis la tensión entre el Hombre y la Máquina es consecuencia de la evolución. Eso se explicita en los diálogos entre Adán, un soldado condenado por no seguir las normas del Estado, y Arte, un ente experimental de Inteligencia Artificial.

Que las palabras de Arte los tiente:

“Os enorgullecéis de vuestras Ideas, como si fueran productos, pero son parásitos. ¿Por qué imaginar que la evolución sólo podía aplicarse a lo físico? La evolución no tiene respeto por el medio. ¿Qué fue primero: la mente o la Idea de la mente? ¿Nunca te lo habías preguntado? Llegaron juntas. La mente es una idea”

“El Pensamiento, como cualquier parásito, no puede existir sin un huésped dócil. Pero ¿cuánto pensabas que tardaría el Pensamiento en encontrar la manera de diseñar un nuevo huésped, un huésped más de su agrado?”

“¿Quién dirías que me construyó a mí? ¿Quién construyó la máquina pensante? Una máquina capaz de extender el Pensamiento con una eficacia realmente sorprendente. A mí no me construyeron los humanos, sino las Ideas”

Génesis infecta. Cuidado.

Génesis

Bernard Beckett

Salamandra

158 páginas