“Un descare que nos duró años”

La Vela Puerca se siente bien. Conoció ciudades de diferentes y lejanos países del mundo, logró independizarse y salir de debajo del ala de las grandes productoras y pudo “depurar” al público masivo que la incomodaba. Además, se sobrepuso a ciertos embates, quizás expresados en El impulso, y ahora con su último disco, Piel y hueso, logra “hablar del dolor con la valentía de haber sobrevivido”.

Actualizado: 04 de diciembre de 2011 —  Por: Nadia Piedra Cueva

“Un descare que nos duró años”

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Piel y hueso está formado por 2 cd o, como prefieren decir los integrantes del grupo, está dividido en dos partes. Una, identificada con un cerebro, contiene las canciones más agitadas y de beat más rápido. La otra, identificada con un corazón humano, ofrece 6 canciones más íntimas, de ritmo lento y calmo.

La banda alquiló una casa en Los Pinos, en Sauce (Canelones), en donde grabó todas las canciones del disco, y esto, según sus integrantes, les permitió alcanzar un resultado particular.

Piel y hueso ya es disco de platino en Uruguay (4000 copias vendidas desde su lanzamiento). La banda ya lo presentó en la discoteca Sueños en Minas (Lavalleja), y lo hará este fin de semana del 2 y 3 de diciembre en W Lounge de Carmelo (Colonia) y en Suhr (Paysandú), respectivamente.

Además, en octubre inició la gira "Piel y hueso" en la que presentó temas del disco en ciudades de Argentina como Rosario y Ushuaia, y en marzo será el turno de Montevideo.

Sebastián Cebolla Cebreiro (voz) y Santiago Butler (guitarra) conversaron con 180 sobre las características de este último cd, los bemoles que atravesaron y la etapa que están viviendo hoy en día como banda.

¿Cómo surgió la idea de grabar este disco en Sauce?

Santiago Butler: Fue como cumplir un sueño. Para una banda de rock es como cumplir un sueño: tratar de lograr aislarte de donde vos vivís o de la ciudad donde estés. Aislarte, conseguir un lugar de alquiler, lo que sea. Irte a un lugar a donde puedas explayarte, armar las canciones, ensayar, estar sin horarios, y que mires para afuera y no veas el cielo de ciudad, taxis, autos, sino que veas campito y puedas estar como aislado.

Y ahí es cuando lográs más concentración y más te metés en lo que estás haciendo.

¿Notaron que eso hizo la diferencia, tanto en el resultado del disco como en cómo lo vivieron ustedes como experiencia?

Bueno, aprendimos que no solo podés ir a un estudio de grabación a grabar un disco sino que podés armarte tu lugar, donde puedas ir a ensayar y grabar tu disco. Quizás con la tecnología de ahora no necesitás de esos grandes estudios sino que creo que cada vez más las bandas están tratando de armarse de sus propios bolichitos, de sus propias cuevas, digamos, donde poder trabajar y donde poder grabar ahí lo más que puedan.

No digo mezclar porque ya mezclar los discos es otra cosa. Este disco se mezcló en Buenos Aires, pero se grabó todo ahí; se produjo ahí.

La diferencia es que lográs ese ambiente, lográs esa concentración y lográs un sonido. Quizá una de las cosas que más precisen de una acústica sería la batería; grabar una batería de rock. Y nosotros logramos (no nosotros sino una persona que trabaja en eso) acustizar este lugar (es más: el living de la casa); grabar la batería ahí y lograr un lugar más o menos acústico. Y la prueba está en el disco: el disco suena roquero. Suena un poco “garagero”, que era un poco lo que queríamos nosotros. Queríamos que fuera un disco que sonara roquero. Que más allá de que fuera para tocar, que pudiéramos tocarlo de arriba para abajo entero. Es un disco con el beat un poquito más rápido.

Ahora acaban de venir de una gira en Argentina, y estuvieron en lados que no habían visitado, como Tierra del Fuego. ¿Cómo fue eso?

Sebastián Cebreiro: Bueno, la verdad es que parece mentira, en el país vecino, después de 16 años, visitar lugares por primera vez. Eso es lo que tiene de insólito y de sorpresivo. Está buenísmo ir a un lugar, tener que ganarte de vuelta a la gente, tocar en un lugar para poca gente (en Argentina, que supuestamente es un lugar donde nosotros estamos acostumbrados a hacer toques grandes, para 3000 o 4000 personas). Bueno, y conocer lugares nuevos y lugares paradisíacos, ¿no? Fuimos por primera vez a Ushuaia, que más allá de que es “el fin del mundo”, es un lugar soñado. El pueblo está en la vera de la montaña, es como… Yo digo que son esos toques turísticos que aprovechás más para pasear que para ir a tocar.

SB: De los cuales tenemos muchos…

SC: Vas a tocar dos horas y vas a pasear 20. Es eso lo que tiene de lindo.

¿Y el público cómo los recibe?

De puta madre, porque ya te digo: al sur no van muchas bandas, es muy difícil llegar, tenés 48 horas solamente de bus… La gente mismo de ahí te dice “no viene nadie”, entonces cuando vas es una recepción ferviente que te sorprende, y te da un poco de pena que estén tan aislados. Así que para nosotros es más que una motivación llegar y ser de esas pocas bandas que la gente tiene de cabecera a partir de ahora; que dicen “acá vino La Vela”.

SB: Igual se nos dio algo divertido en Ushuaia y es que el concierto iba a ser en otro lado y al final se cambió de lugar.

SC: Tres horas antes se cambió de lugar.

SB: Y estuvo muy bueno porque fue en un aeródromo medio abandonado, un hangar bastante grande cerca del agua, de la playa (o sea, más cerca del fin del mundo todavía), y era como un viejo teatrito armado, era un teatrito bastante cálido. Estuvo buenísimo el concierto. A veces cuando menos te esperás tenés el mejor concierto. Había 600 personas, u 800, no sé, pero estuvo como cálido

¿Sienten que, en toda la historia de La Vela, les fue difícil ingresar al público argentino?

SC: En realidad nosotros cuando fuimos por primera vez a Argentina (ya a esta altura hace casi 12 años), ya habíamos llenado un Teatro de Verano, ya La Vela Puerca era un sello de alguna manera, y cuando fuimos por primera vez a Argentina teníamos dos caminos bien claros para hacer. Uno era agarrar el cartel nuestro, levantarlo bien alto y decir “nosotros somos esto en Uruguay y hacemos esto”, y la otra era la que hicimos, que era la más real para nosotros, que era empezar como empiezan todas las bandas: ir a un boliche, tocar para 50 personas (los 50 que te conocen) e ir creciendo de a poco con la gente.

Fue el camino más coherente que nosotros teníamos a la vista y a la mano, y que en definitiva es lo que nos hizo ser lo que somos hoy, ¿no? Una banda que se respeta, más allá de la música, sino por la actitud que ha tomado frente a las situaciones ante las que se ha parado, y yo creo que eso es lo más valorable que ha hecho la banda, ¿no? No sacarse cartel, porque el cartel solo lo conocés vos, y la gente que no te conoce no tiene por qué saber ni respetarte. Vos tenés que mostrar (no demostrar: tenés que mostrar) lo que hacés de música, y esa música que vos hacés te puede dar ciertos lugares. Y no sos vos el que dice si te los merecés. Es la gente que te pone en un lugar o no.

¿Lograron plasmar en este disco la etapa que atraviesan como banda? ¿Cómo sienten ustedes que es esta etapa?

Exactamente. Yo si hay algo que valoro es justamente eso, ¿no? El impulso, que es el disco de estudios pasado, representa una época bastante escabrosa, bastante oscura en la etapa de la banda…

¿Oscura internamente?

No, oscura en cuanto a lo que había sucedido con la banda. En un momento toda esa exposición popular jugó un poco en contra. No es el lugar donde nosotros nos sentimos más cómodos, en la total popularidad ni en el ojo de la tormenta, y este disco, a pesar de todo lo que le ha pasado a la banda emocionalmente en todo este tiempo, ha tenido que zafar de dolores bastante grandes e inesperados, como la muerte de los amigos y pérdidas que son irreparables. Se refiere en parte a la muerte de Ossie Garbuyo, líder de Bufón, a quien junto con el Sabalero está dedicado el disco. Sebastián Cebolla Cebreiro contó que esa dedicatoria fue justamente una forma de homenajearlo ahora que superaron ese dolor.

Y este disco creo que demuestra la valentía de reponerse a todo eso, ¿no? De poder hablar del dolor desde un lugar que no haga mella ni en tu corazón ni en tu conciencia. Entonces creo que este disco tiene esa frescura, de lograr hablar del dolor y de cosas dolorosas pero con la frente en alto. Con la valentía de estar parado y de haber sobrevivido a todos esos embates.

SB: Y sin duda que también quisimos hacer un disco que podamos tocar en vivo (llevándolo a lo práctico). Quisimos hacer un disco para tocar en vivo, un disco con un beat más rápido, un disco más roquero. Quizás en El impulso hay canciones que no las hemos podido o sabido exponer en los shows porque son canciones más lentonas que no nos hemos animado mucho a tocarlas.

Quizás ahora sí nos animamos más porque ya Piel y hueso es un disco que nos pone más a gusto a la hora de tocar en vivo. De hecho, lo estamos empezando a presentar en vivo.

¿Cómo fue grabar en esta etapa “post Santaolalla”?

En sí nosotros cuando nace La Vela quizás tuvimos la “suerte” de dar con Santaolalla, o de que Santaolalla diera con nosotros. Éramos “cola de león”, digamos, porque éramos una cosita diminuta dentro de una gran multinacional, más allá que éramos de Surco (Surco era la sociedad de Universal), pero no sabíamos ni grabar ni nada, entonces en ese momento nos ayudó. Ahora somos independientes, ya a partir del dvd pasado y con Piel y hueso, y estamos súper contentos. Y uno dice “ah, tendrías que haber sido siempre independiente”. Bueno, quizás tengas que pasar ciertas etapas. Pero es muy sanguinario el sistema con las compañías. Vos si no sos nadie más o menos te destrozan. Te hacen firmar cosas que te arrepentís de por vida. Y bueno, no renegamos de eso, lo pasamos, pero era todo una tranza estar dependiendo de otra persona, que depende de otra persona. Es muy molesto a la hora de hacer un video, a la hora de cuándo grabar, de conseguir dinero.

Ahora más bien sale de nuestro bolsillo. Cada disco que se vende va para nuestro bolsillo, entonces ahí se achica el sistema y pasás vos a controlar más todo. Ahora estamos súper contentos con ser independientes, y creo que mucha gente lo valora y que van y compran el disco. Ahora es comprarnos a nosotros, como venir a mi casa y yo les vendo mi disco.

Y sobre esto de la simbología que me estabas comentando, este es claramente el disco que en el empaque tiene más carga simbólica. ¿Por qué surgió esta idea?

Eso surge de levantar imágenes de las letras y de buscar significados. Es artístico: buscar significados en el intercambio con Guille Larrosa (encargado del arte del disco), entre nosotros, entre Seba, entre el Enano (Sebastián Teysera)… Buscar símbolos, basarse en mirar otros artes de otros discos y tratar de contar algo con esa misma tapa, porque esta tapa te queda para toda tu vida.

¿Fue premeditada la idea de marcar una diferencia con las otras tapas o surgió espontáneamente?

SC: En realidad la tarea fue bastante estirada. Al principio le pasamos letras que no estaban del todo terminadas, entonces empezó a levantar imágenes que realmente no tenían mucho que ver. Lo que pasa es que también el nombre “Piel y hueso”, si lo decís medio aislado, te da una imagen capaz que desgarbada o algo más sufrido, y nosotros no veíamos eso. Ni siquiera estaba plasmado en las letras eso. Entonces nosotros le mostramos un par de tapas de discos por donde podía llegar a ir el hilo conductor de la historia y para mí estuvo bastante acertado que la tapa tenga ítems de todas las canciones. Y eso eso, ¿no? Es esa ensalada de imágenes que te van levantando las letras. Creo que por primera vez, me parece a mí, la tapa refleja bastante lo que hay adentro.

Capaz que El impulso, más allá del nombre, y el buen arte (que está divino), creo que en reglas generales no era que representara todo el disco. Yo creo que este sí.

Sobre la idea de dividirlo en un cd más relacionado con el corazón y otro con el cerebro, más allá de que estilísticamente las canciones son totalmente diferentes: ¿hubo algo plasmado quizás en las letras o algo que los llevara a hacer esa división?

La división fue más que nada simplemente para no cortar la historia emocional que vos venís teniendo en un disco. Aparte, en los discos anteriores es como que cada canción es un mundo: en El impulso vos tenés “Hoy tranquilo”, tenés “Con el destino”, tenés “Neutro”, tenés “Me pierdo” que… abren un abanico. Estas canciones (las de Piel y hueso) son más primas hermanas, entonces meter un tema lento entre medio de estas canciones que tienen un beat rápido… que no son ni punk rock ni hard rock ni nada, pero son de un estilo musical…

SB: Están relacionadas entre sí.

SC: Claro, están relacionadas. Entonces, no estaba bueno meter después de seis temas de esos un tema lento. Te iba a cortar la historia. Y como tampoco queríamos dejar temas afuera, nos vino al pelo dividir el disco. Nosotros no decimos que es un disco doble: es un disco dividido en dos. Son dos emociones. Hoy te levantás y querés baldear la azotea más rápido, ponete el disco este. Querés sentarte a tomar un café con leche más tranquilo, ponete este otro.

SB: Sí, las canciones lentas nacen también de que a los dos Sebastianes, tanto al Cebolla como al Enano, les surgen siempre ese tipo de canciones, las cuales no se llevan a la banda como para hacer una canción roquera, sino que son canciones más lentas, son canciones con arpegios, canciones que piden a veces arreglos de violín, canciones más lentitas o más cariñosas, digamos, y surgen de ellos. Y surgen también de las ganas de la banda de valorarlas y decir “qué buena canción, hagamos esto”. Entonces es un lado que siempre surge; La Vela Puerca tiene ese lado roquero, ese lado adrenalínico, y el otro lado más tranqui, más personal, canciones más intimistas.

¿Ustedes perciben algún cambio en el público uruguayo que los sigue?

SC: Sí, yo creo que ha habido un cambio después de todo ese manoseo que hubo de festivales, cuatro o cinco años atrás, que todo el mundo hacía un festival de rock y estaban los festirock a pedir de boca, de los cuales un poco nosotros nos abrimos porque no nos sentíamos identificados tanto con esa movida tan manoseada.

SB: Igual fuimos a los dos primeros Pilsen Rock. Tocamos para 100.000 personas esa vez. Fue increíble.

SC: Hoy quiero un público más real, ¿no? El público que sigue de corazón a las bandas, más allá de todo ese envión de moda que tuvo el rock. Hoy en día creo que se depuró todo ese público y queda la gente que siempre estuvo.

En realidad siempre los que van a los conciertos son los adolescentes hasta los 25 años. Los treintones ya no van…

¿No? Pero los treintones capaz que vivieron su adolescencia escuchando a La Vela…

SB: Los treintones son los que se quedan atrás…

SC: Quedamos atrás.

SB: Pero el público es muy amplio por suerte con La Vela. Es una banda, como decíamos hoy, que no tenemos un estilo definido, tenemos una banda que responde a las canciones, entonces eso nos ha hecho ser quizá una banda que está abierta a diferentes públicos, porque tiene diferentes estilos.

¿A qué le adjudican que hayan sido la primera banda uruguaya que llenó el Velódromo?

Fue un momento especial. Fijate que Uruguay estaba bastante grisáceo, bastante quedado todo. En un momento aparece La Abuela Coca, La Vela Puerca, estaba Plátano Macho, El Peyote Asesino, y fue un momento en que la gente quería mover el piecito, no quería más esa idea del músico tocando dado vuelta, todo oscuro y cantando canciones oscuras, sino que me parece que La Vela trajo una frescura, una cosa nueva, nosotros bastante descarados (por eso se llama Deskarado el primer disco), y dijimos “bueno, vamos a tocar gratis en El Tigre, allá por Punta Carretas o Pocitos”. Ahí arrancamos y entramos en un descare que nos duró años.

Y bueno, y fue un momento. Viste que las cosas son en el momento que se dan, ¿no?

Ni nosotros bien sabíamos qué carajo éramos, pero bueno, “vamo’ arriba”, decíamos. “Vamo’ a tocar”, siguiendo todos en esos principios a Seba, al Enano, que era como el motorcito, el motorcito chiquitito que nos llevaba y nosotros “bueno, vamo’ arriba con esto”.

Entonces ahí nace y ahí nos entramos a poner objetivos a corto plazo: “vamo’ a tocar acá, o allá”. Fue una cosa que íbamos escalando a medida que íbamos haciendo lo que podíamos, y aprendiendo así de a poco, ¿viste? Metiendo huevo, creyéndonosla un poco, y juntando gente.

Ustedes tuvieron durante mucho tiempo la tradición, por decirlo de alguna manera, de tocar a beneficio todos los 24 de diciembre.

Sí, 10 años lo hicimos.

¿Y por qué fue que se optó por cortar con eso?

SC: Mirá, pasó una cosa muy simple y fue que a nosotros ya nos estaba quedando chico el Defensor Sporting… Era un gran “Mad Max”, gente colgada por todos lados, y decidimos, antes de que pasara una tragedia, mudarnos de lugar. Nos mudamos al Teatro de Verano, y tuvimos la desgracia de que se cayeron los parlantes… Nosotros no poníamos ni policías ni seguridad, obviamente que no se cobraba la entrada, y la gente pasó para un lugar donde no podía haber pasado… Cometimos una irresponsabilidad en conjunto, nosotros y nuestro público, y bueno, pudo haber ocurrido una desgracia, y a raíz de eso fue que tomamos la decisión de cortar un poco con esos festejos.

Es una fecha en que las emociones a veces quedan medio desmedidas. La gente venía del Mercado del Puerto con el Medio y Medio (Roldós) hasta el sombrero, y se nos estaba escapando de las manos. Bueno, ese fue el detonante básicamente.

SB: El final-final fueron los diez años finales que lo hicimos no un 24 sino un 23.

SC: Atrás de las Canteras (del Parque Rodó).

SB: Además era todo a costo nuestro. Nos gastábamos hasta lo que no teníamos, así que dijimos “bueno, basta”. Porque tampoco queríamos conseguir un sponsor y eso, así que a partir de aquella vez en las Canteras del Parque Rodó, cortamos.

Hasta el día de hoy la gente nos pregunta “che, ¿cuándo tocan?”, pero bueno. La fiesta no es para toda la vida. En un momento se termina y… No descartamos hacer una cosa gratis porque nos encanta, nos gusta eso de participar con la gente y que sea una cosa más participativa y que sea más relajado, pero bueno. Se buscará el momento.