Olesker dijo el martes al programa No Toquen Nada, de Océano FM, que no le sorprendían los datos del informe del INDA, y que difiere con los criterios del instituto sobre la lectura de esos datos.
“Para nosotros la tarjeta es para que la gente coma. La gente que recibió la tarjeta, hace unos meses, antes de recibirla, pasaba hambre. Nosotros entendemos la visión nutricional, pero nuestro objetivo inicial de la tarjeta es contribuir a la integración social a través de la comida”, afirmó Olesker.
Los técnicos del Inda marcaron en el informe su preocupación por la falta de criterio nutricional en una población vulnerable. No se juzga lo que la gente puede comprar, sino que se analiza si no es conveniente manejar las transferencias económicas con otro criterio.
El estudio concluye que: “en los hechos, es necesario incorporar objetivos nutricionales en esta estrategia, para aspirar a un impacto en el estado de salud y nutrición de la población más vulnerable del país. En este sentido, se debe considerar que el Estado tiene la responsabilidad de ayudar a la gente a mejorar su nutrición, desarrollando medidas activas y concretas”.
Olesker discrepa: dijo que no es una tarjeta alimentaria y que analizará el tema con el INDA.
Respecto al poco tiempo (dos días) que el informe del INDA estuvo publicado en el sitio web de la institución, Olesker respondió que se retiró del sitio porque había sido publicado antes de que se diera la discusión interna dentro de las instituciones del Estado que trabajaban en el tema.
El informe contenía la conclusión de que en tres meses de uso de la tarjeta alimentaria se gastaron más de 2 millones de dólares en alimentos chatarra o en artículos no recomendados, y que esa cifra corresponde al 15% del dinero total ejecutado por las tarjetas en ese trimestre.
Olesker también confirmó la información obtenida por No Toquen Nada según la que alrededor del 30% de quienes recibieron la tarjeta no formaban parte del grupo de personas que debía recibirla, y que, por otra parte, otro 30% que debía recibirla no la recibió.
De todas maneras, Olesker sostuvo que estos porcentajes son menores (en el entorno del 20%), y que hay casos de familias que recibieron adecuadamente la tarjeta pero que luego mejoraron su condición y dejaron de formar parte del grupo de beneficiaros de la tarjeta.