El dueño del mundo

Con dos goles de Luis Suárez el Barcelona goleó a River 3 a 0 y se quedó con el Mundial de Clubes. Lionel Messi abrió la cuenta y luego Suárez anotó el segundo y el tercero. El uruguayo marcó cinco goles en dos partidos y fue la gran figura del torneo.

Actualizado: 20 de diciembre de 2015 —  Por: Diego Muñoz

Con tres goles en la semifinal y dos en la final del Mundial de Clubes, Suárez cierra el año con otro título y con una demostración de su inconmensurable capacidad.

Si Lionel Messi es un genio que apila rivales, si Neymar reivindicó su protagonismo ante la ausencia del argentino para hacerse cargo de la pelota, Suárez vive del gol. Lo suyo se reduce a iniciar la presión y a acabar la jugada. Lo que pase en el medio no le va ni le viene.

Su grado de sacrificio para contribuir en la recuperación contrasta con su precisión quirúrgica para definir. Pero en una o en otra acción, Suárez es incapaz de dejar una pelota huérfana, de no ir por ella. Sería traicionar su forma de sentir el fútbol.

Luis pagó con creces desde hace tiempo los 81 millones de euros por su pase, explicó con su prestación por qué el Barcelona lo contrató a pesar de la sanción de FIFA y lo esperó durante tres meses. 

Los cinco goles en el Mundial demuestran, por si hiciera falta, la versatilidad a la hora de definir. Lo mismo le da si tiene que correr a buscar un rebote, si la tiene que parar de pecho y definir mientras la bola cae, si pica con el balón dominado o si le queda para su cabeza. Es un auténtico tiburón que huele sangre y va tras su presa. Siempre sabe dónde está la pelota, siempre.

“Siempre se mostró muy atrevido en el uno contra uno, siempre trata de poner la pelota detrás del defensa que lo marca. Eso lo lleva a perder muchas pelotas pero cuando logra pasar, casi seguro que es gol. Es muy difícil que Luis termine un partido sin tener situaciones de gol. Y aunque a veces pueda tener una racha en la que no convierta, siempre arriesga”, lo definió para 180 el técnico uruguayo, Óscar Tabárez.

Y a ese atrevimiento que tuvo siempre le sumó con los años la capacidad para convertir.

Mucho tiene que ver en el jugador que es hoy lo que pasó en sus primeros años. En ese momento, en los que las personas comienzan a formar su personalidad, en los que se moldea el carácter, Suárez luchó para sobrevivir.

Aquellos años de lucha, de rebeldía, de perseverar para salir adelante, moldearon al hombre y al futbolista. Sin esa postura ante la vida, Suárez no hubiese llegado hasta donde llegó. Sin su capacidad de superación, sin su rebeldía, sin su grado de competitividad, no estaría donde está.

Suárez fue la gran figura de Barcelona en el Mundial de Clubes. En la final, los catalanes no le dieron opción a River. Messi abrió la cuenta en la primera parte y en el segundo tiempo dos goles del uruguayo terminaron la tarea.

Hasta el primer gol River fue capaz de tener a raya a su rival. Logró pelear el juego con armas nobles aunque resultaba evidente que cuando el Barcelona abriera el marcador el partido se terminara.

En el segundo tiempo el Barça contó con innumerables situaciones para aumentar. Dos de ellas las concretó Suárez, primero tras recibir un pase cruzado desde la izquierda y luego al cabecear un centro de Neymar.

Si con Busquets, Iniesta, Neymar, Messi y el resto Barcelona ya era un equipo temible, la prestación superlativa en sacrificio y en goles de Suárez lo potenció. Es el mejor equipo del mundo. Y Luis cumple un rol protagónico. 

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