Puchero, “fusión que nos une”

Una plataforma multidisciplinaria donde el tango recibe al hip hop y ambos crean una nueva sonoridad. Eso es Puchero, que este viernes 29 presenta su primer disco, Debute, en la Sala Zitarrosa.

Actualizado: 28 de Julio de 2016 | Por: Mauricio Erramuspe

Puchero, “fusión que nos une”

Puchero (Foto difusión: Emiliano Ferrari)

Hace cinco años, los músicos uruguayos Ignacio Casciani y Rodrigo Sanz estaban en Europa en distintos países. A distancia comenzaron a intercambiar pistas e ideas musicales. Así fueron definiendo el proyecto artístico que vio la luz en el disco Debute, que ahora presentan en la Zitarrosa.

Puchero es un nombre ideal para definir lo que hacen. Una mezcla virtuosa, que se alimenta de varias tradiciones y, apoyada en la mezcla de los ingredientes, es muy nutritiva en varias direcciones.

La fusión los atraviesa. Son músicos clásicos, se mueven en el ámbito del tango y la electrónica, han trabajado en la música para teatro. Además, Casciani, también se anima a la investigación sobre el lunfardo, es luthier y ahora da sus primeras pinceladas a una nueva afición, el óleo.

Ellos son los cocineros detrás de este Puchero. Con la base del tango y la estética del hip hop, “la idea es crear una plataforma multidisciplinaria”, definió Casciani en diálogo con 180.

“Nos interesa armar un espectáculo visual, sonoro, que pueda tener cortes de teatro. Estamos en la búsqueda de nutrir un poco más este puchero. No solamente sacar discos sino armar una especie de colectivo artístico”, agregó.

Mientras ya trabajan en un nuevo disco, que repetirá algunos cantantes e incorporará otros nuevos, este viernes será la primera oportunidad para verlos en vivo. El sonido que lograron en Debute es una gran invitación.

¿Siempre estuvo la idea del hip hop o el camino les fue imprimiendo esa tónica?

A nosotros nos gusta el hip hop. Es un género que nos parece muy interesante. Además nos gustaba ser parte de la escena del hip hop de Montevideo, nos parece que es muy rica. Buscamos explotarlos un poco más a ellos como cantantes en lo que es la forma musical, llevarlos a un estribillo, sacarlos un poco de su lugar, de las rimas de principio a fin.

¿Cómo surge el nombre Puchero? Vos hablás de una “linda comida urbana casera”.

Fue el nombre que encontramos para definir este colectivo de músicos. Al provenir de diferentes ámbitos, del sinfónico, del tango, de la electrónica, del rock... encontramos que era realmente un puchero, algo donde había mucho para compartir. Y tiene eso casero de la sonoridad cruda, de la cocina de la abuela, esa cosa elemental, de una cocina creativa pero que es primitiva.

Pero es muy virtuosa en la ejecución, un puchero muy gourmet.

Intentamos sí texturizar un poco las cuerdas. La línea musical que creo que hace un poco diferente a este tipo de canciones es que se texturizan las sonoridades de tal modo que todo está conectado entre sí. No es que los acordes o las formas dentro de la canción sean cortes abruptos a la Stravinski sino que buscamos una texturación sonora.

 

En una entrevista con El Observador señalabas que el tango es orgánico en Puchero y no un adorno superficial. ¿Qué es lo que le da ese carácter orgánico?

En la experimentación sabíamos y era claro que ya había exponentes en el medio muy buenos e importantes, desde Bajofondo hasta Gotan Project u Otros Aires. Hay una camada de tango nuevo. Y la idea era mezclarlo con la canción. Que sean sonoridades y texturas del tango pero ya en un formato un poco más accesible. Que sea más orgánica la participación de los instrumentos que son esenciales en el tango. Las milongas son crudas y en ellas el contrabajo, el piano, el bandoneón, todos participan. Se genera una funcionalidad más orgánica del tango dentro de esta fusión.

¿Cómo funciona la parte creativa de los temas? ¿Vos y Rodrigo ya tienen todo hecho, escrito, o lo van trabajando con el resto del grupo?

La forma de crear es con Rodrigo. Este es un proyecto de estudio en el que con él constantemente estamos grabando ideas y mandamos a los cantantes unas cuatro o cinco en las que ellos pueden elegir dónde se sienten más cómodos. Luego de eso esperamos un feed back y empezamos a elaborar a partir de lo que nos brinda el cantante y sus posibilidades. También nosotros hacemos un estudio previo de qué es lo mejor del cantante y vamos por ese camino. Se puede decir que en la cocina estamos Rodrigo y yo.

¿En las letras también es así?

Hay un par de letras en Debute que son nuestras. Yo soy un aficionado al lunfardo. No solamente queremos dialogar con la historia sino que queremos involucrarnos un poquito más y ser más parte de las canciones, con el lunfardo y los personajes.

Vos sos pintor también...

Soy aficionado al óleo, me gusta y hace poco que me empecé, cuando tiempo lo hago.

Me llamó la atención al ver fotos tuyas pintando porque ustedes hablan de armar una plataforma, de vincular lo escénico con la música, lo visual. Vos mismo como artista tenés múltiples expresiones: músico en la Sinfónica y en la Filarmónica, pintor, me decías que escribís... Hay mucha fusión en todo.

Es cierto. Además hay algo bastante importante en este momento de mi vida que es que también estoy ejerciendo la profesión de luthier en Montevideo. Tengo un taller de luthería en el que no tengo mucho tiempo de construir pero estoy reparando a full violines, violoncelos, contrabajos. Ahí juego con las sonoridades, me gusta involucrarme con la gente y ser parte de sus sonoridades también.

Eso me imagino que te nutre mucho para Puchero, donde hay mucho sampleo, sonidos traídos de otro contexto que integran a los temas.

Seguro porque nos da la posibilidad de salir de lo que es la composición clásica armónica. Por momentos no importa si es un acorde de novena o de décima o qué es lo que pasa en sus voces sino cuál es el resultado sonoro. Rodrigo ha trabajado mucho con teatro y producción sonora para espectáculos. Eso nos da una riqueza en la búsqueda de sonoridades. A veces jugamos con cualquier cosa. Agarramos cualquier elemento para hacer percusiones. No nos limitamos a lo clásico.

También jugamos con samples, la tecnología toma un lugar importante en Puchero porque esto es también un proyecto de estudio. Usamos la tecnología para poder jugar y darnos ideas de cómo llevar adelante lo que se nos ocurre.

El sonido de la propuesta de ustedes es muy urbano pero en algunos puntos me remitió también a lo rural. Incluso en los recitados, que si bien son de temática tanguera, tienen un rescate del recitado más campero. ¿Es así? ¿También apelaron a ese tipo de estética?

Sí, creo que forma parte de lo que es Puchero.

¿Es como que no hay límites en la fusión o sí los hay?

Los límites de campo y ciudad son difusos. El diálogo es más con el tiempo que con las distancias. Es imposible hacer algo urbano si no nos podemos apoyar en lo que es la música campestre, lo que es el folclore, las líneas melódicas que tenemos, que también suenan a veces a murga.

El diálogo va con la historia. Tratar de jugar y traer elementos de nuestras raíces. Queremos acercar eso a la gente.

Buscar la identificación, también. Hablás de rescatar esas tradiciones musicales del Río de la Plata y lo traen a un fenómeno más nuevo pero muy instalado como es el hip hop en Montevideo. Todo con un tratamiento muy erudito.

Es realmente una gran fusión pero con un gran respeto a todos los estilos y a todos los exponentes de los estilos. Nosotros admiramos la escena del hip hop, nos gustan mucho los cantautores del Uruguay pero no necesariamente vamos a ser tan explícitos con eso. Queremos también llevarlo por un lado underground, viajar por una línea paralela no siendo tan encasillados en determinada cosa. Por eso la idea del hip hop. Además de que son exponentes muy importantes, nos apreció que estamos abriendo un nicho porque es bueno que se sepa que ellos están, que son buenos, y presentarnos nada menos que con una cocina casera, en un Puchero. Una fusión que nos une.