Marcel Vaillant

La región y su laberinto

Los problemas del MERCOSUR no son gratuitos, por el contrario son de alto precio. Si no se resuelven, los países de la región seguirán cargando con ellos; como un lastre pesado que enlentece la dinámica económica y social. Estos problemas limitan el proceso de internacionalización de estas economías, requisito imprescindible para sostener el crecimiento que posibilite generar procesos dinámicos de inclusión social y económica en la región.

Actualizado: 08 de Noviembre de 2016 | Por: Marcel Vaillant

Las restricciones, asociadas a la limitada inserción internacional, actúan de forma diferente en cada uno de los países miembros del bloque. Influyen, entre otros factores, la heterogeneidad de las dimensiones económicas y desarrollos relativos existentes entre ellos. Sin embargo, todos los países requieren -en diferentes dosis- un mejor acceso al mercado internacional; más inversiones externas y un ritmo acelerado de progreso técnico que permita un crecimiento
sostenido de la productividad. Estos son los fundamentos últimos de la generación de riqueza.

Los serios problemas no solo están relacionados a los asuntos espectaculares que concentraron la atención de la prensa regional. La última rotación de la Presidencia Pro Tempore del bloque, tuvo las contingencias ya conocidas y comentadas en forma abundante.

Si está en problemas lo es por asuntos mucho más estructurales y menos espectaculares. Sin embargo, la rotación inconclusa que se ha producido en la presidencia ilustra que el estado de situación es tan confuso que no es posible responder hoy, con certeza, quién ostenta dicha Presidencia. Como es habitual, lo que se dice y lo que se hace son cosas diferentes. Si esta pregunta tan simple no consigue una respuesta clara, no puede esperarse que asuntos con
grados de complejidad mayor tengan respuestas unívocas y claras. Esta es la primera característica a anotar. Podríamos decir que el MERCOSUR es un acuerdo “increíble”. Esta incerteza estructural no es gratuita: sus efectos son todos negativos para el funcionamiento del acuerdo.

El segundo obstáculo refiere al modelo de integración. El funcionamiento del acuerdo no es comparable a ningún otro en términos de acuerdos comerciales preferenciales, ya sea pasado o presente. En los hechos funciona como una zona de libre comercio a nivel arancelario para una canasta casi universal de productos, pero excluye un sector de actividad muy relevante: el automotriz, que sigue rigiéndose por un sistema de tres acuerdos bilaterales. Los productos de libre comercio circulan regidos por normas de origen, debido a que las políticas comerciales de los países miembros son muy distintas entre sí. Y no son distintas en virtud de que el Arancel Externo Común (con más de veinte años de vida) está múltiplemente perforado por los aranceles nacionales aplicados, sino porque no se satisface la decena de requisitos adicionales necesarios para que su funcionamiento se pueda acercar al de una Unión Aduanera. La
negociación y suscripción de acuerdos comerciales con terceros países es uno de los pocos ingredientes de la política comercial común que buscó regularse de manera más estricta. Sin embargo, tampoco tuvo éxito, los acuerdos existentes han sido construidos sobre bases bilaterales, lo que le resta a la posibilidad de una política comercial común.

El acuerdo regional está en problemas dado que la estructura institucional que se creó es totalmente disfuncional para construir un proceso de integración auto reforzado, que aprenda de los errores y vaya corrigiéndose y perfeccionándose. La estructura intergubernamental únicamente basada en las cancillerías fracasó. Es necesario reconocer este fracaso para poder corregirlo. El mal desempeño y la falta de reconocimiento del mismo por parte de los sectores especializados de los gobiernos son evidentes. Hay una inercia e incapacidad para modificar el rumbo. La integración es una tecnología compleja que requiere precisión en su gestión: ésta ha estado ausente. La integración se llevó adelante como un proceso inercial de continuidad, pero sin un rumbo claro.

La ausencia de un proceso maduro de integración regional es un obstáculo para la inserción global. Una política más expansiva de inserción internacional, por parte de los países de la región, será más eficaz con un proceso de integración en perfeccionamiento y consolidación constantes que con un proceso paralizado. Para perfeccionarse debe cambiar, y el cambio requiere un liderazgo enérgico, imposible de gestar en el contexto del funcionamiento actual. Es necesaria una reflexión crítica al más alto nivel y estructurar la institucionalidad sobre nuevas bases.

Lo primero será sincerar el acuerdo de integración a fin de separar las normas aplicadas e internalizadas de las que están en el limbo de la indefinición. Ese sinceramiento servirá para redefinir el modelo de integración en términos del acuerdo comercial. Asimismo llevará a redefinir todos aquellos puntos relativos a la integración específicos y particulares de los países que comparten una misma geografía y cultura. Para ilustrar esta lista de asuntos, la región no
sólo requiere hacer más fluido el intercambio de bienes y servicios, sino también los sistemas integrados de control de fronteras, administración conjunta de recursos naturales compartidos, desarrollo de infraestructura de conectividad, así como una larga lista de bienes públicos regionales. Este es un camino que exige un compromiso mutuo y recuperar la
credibilidad en el acuerdo. Esta estrategia generará hechos concretos que beneficiarán a las ciudadanías y permitirán alcanzar resultados en plazos razonables.

En términos comerciales el acuerdo debería orientarse a consolidar la construcción de una zona de libre comercio profunda y eficaz, que abarque todos los sectores e instrumentos, que además incluya ingredientes de integración de mercados a través de la liberación en servicios.

Comprenderá también el desarrollo de las disciplinas complementarias (inversión, compras gubernamentales, propiedad intelectual, competencia, etc). En cuanto a relaciones con terceros países se requerirá también ir hacia una armonización de las políticas comerciales, pero con flexibilidad en las negociaciones con dichos países. La amplísima mayoría de los acuerdos plurilaterales regionales en el mundo siguen este modelo (ASEAN, EFTA, CA, MCCA,
entre otros) y muchos de ellos registran niveles de comercio intrarregionales muy superiores al MERCOSUR.

Este punto es central, si se pretende mantener una negociación conjunta, será poco verosímil conseguir nuevos buenos acuerdos. De esta forma el proceso se condena a una trayectoria inercial que reproduce un status quo de muy bajo desempeño. La historia de los últimos veinte años así lo confirma. Por otra parte, este cambio daría un nuevo aliento a la credibilidad en el bloque, aumentando la posibilidad de nuevos miembros plenos que con el estatuto actual no podrían ingresar. Es el caso de Chile, que sin dudas es el país sudamericano que está más integrado a los cuatro países fundadores en virtud de todas las disciplinas comerciales que acordó y aplica.

En términos institucionales es necesario una revisión profunda de la estructura de gobierno y su funcionamiento para alinearla con los intereses globales definidos. No todo está mal, hay que evaluar ámbito a ámbito, y generar un proceso de reingeniería institucional que debe estar fuertemente ligado por nuevos compromisos. Éstos deberán suscribir un nuevo manifiesto de la integración que en una enumeración corta establezca las prioridades de la época para lograr poner al bloque en una trayectoria de desarrollo y perfeccionamiento.

El MERCOSUR nació por la convicción de un conjunto de gobiernos que fueron capaces de interpretar un momento y una época. Hoy la situación es análoga. Necesitamos la integración y para que la misma avance y se proyecte, debe estar adaptada a la contemporaneidad. Las estructuras actuales del MERCOSUR reproducen el status quo y llevan más de una década y media de fracaso en fracaso, sin rendir cuentas a las ciudadanías de lo que se hace. Mientras las estructuras de la integración engordan, el desempeño del acuerdo de integración enflaquece. La acción actual del Parlamento MERCOSUR es un claro ejemplo de dirección equivocada. Esta inercia debe cambiar, el nuevo rumbo debe generar hitos significativos que permitan señalar una nueva orientación y un nuevo gobierno para el acuerdo.

Vaillant es Doctor en Economía (2000, Antwerpen, University), Maestría en Economía (Pompeu Fabra, 1997 y CIDE, Mexico, 1985), Ingeniero Agrónomo (UdelaR, 1981). Desde el año 2000 es Profesor Titular Comercio Internacional del Departamento de Economía, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República.

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