Caetano Veloso: “Montevideo es el costado dulce del Plata”

Tocar en Uruguay, el samba a sus cien años de vida, el momento “sombrío” de Brasil, la razón de su “reserva de optimismo”, la relación con Gil. En la semana en que se presenta en Montevideo, esta vez al lado de la sambista carioca Teresa Cristina, Caetano Veloso conversó sobre estos y otros temas con No Toquen Nada y 180.

Actualizado: 05 de Marzo de 2017 | Por: Denise Mota

Caetano Veloso: “Montevideo es el costado dulce del Plata”

Caetano Veloso (Difusión)

El samba cumplió cien años y, a lo largo de este siglo de historia, se volvió el ritmo por excelencia de Brasil. En tu opinión, ¿cuáles son las contribuciones del samba para otros géneros de la música brasileña y para la propia comprensión del brasileño sobre su historia y cultura?

El samba fue poco a poco ocupando el lugar de ritmo brasileño por excelencia e incluso el género que representa Brasil. Esto tuvo que ver con los planes de Getúlio Vargas, nuestro dictador (después presidente) populista. Pero los elementos estéticos e históricos del samba sostienen esa ambición. El mito dice que él nació en Bahía (como todo en Brasil: los portugueses desembarcaron en Bahía, Salvador fue la primera capital, allí están las más grandes reliquias arquitectónicas del período colonial y los más importantes centros religiosos de origen africano). Es un hecho que, en Río, que devino capital del Imperio y la República, el samba tuvo desarrollos que configuraron su naturaleza hoy reconocible. Teniendo las más potentes emisoras de radio del país y las revistas de circulación nacional, Río difundió intensamente su cultura a través de las décadas. Hay manifestaciones musicales nordestinas, del norte, centro occidentales y del sur de gran fuerza. Pero el samba ganó el lugar central. Él nos da fuerza e identidad. Mitos son así.

La gira con Teresa Cristina empezó el año pasado y ya pasó por EEUU, Europa y Ásia. El repertorio une Cartola y canciones tuyas que ya no cantabas hace tiempos. ¿Esto fue cambiando a lo largo de los viajes? ¿Qué se va a escuchar en Montevideo?

El repertorio de Teresa no cambió. El mío a veces cambia un poco: canto sólo con mi guitarra y puedo decidir un día cantar algo que no solía cantar antes. Pero la base general sigue la misma.

Estuviste diversas veces en Montevideo. ¿Qué le diría a Teresa Cristina si ella te preguntara (tal vez haya preguntado) cómo es Uruguay?

Teresa y yo charlamos sobre todas las cosas. Yo ya le dije a ella que Montevideo es el costado dulce del mundo del Plata.

 

¿Cuáles son tus compositores e intérpretes de samba favoritos y por qué?

Wilson Baptista, Noel Rosa, Dorival Caymmi, Geraldo Pereira, Assis Valente, Tom Jobim, Carlos Lyra, Chico Buarque, Paulinho da Viola, Jorge Ben, Gilberto Gil, Djavan, João Bosco & Aldir Blanc, Arlindo Cruz, Ary Barroso, Nelson Cavaquinho, Cartola, Ivone Lara, Bororó.

Esto sólo para decir los nombres que primero se me ocurrieron. La propia cantidad de ello explica lo difícil que sería intentar decir el porqué. Sobre los intérpretes: João Gilberto, Roberto Silva, Elza Soares, Ciro Monteiro, Aracy de Almeida, Carmen Miranda, Elis Regina, Ângela Maria, Zeca Pagodinho, Xande de Pilares, Teresa Cristina. Y más.

Brasil es un país que solía transmitir al mundo un imaginario de alegría, belleza, armonía racial (aunque sepamos no ser bien así). Pero este imaginario viene cambiando por lo de la turbulencia institucional, corrupción etc. ¿Cuál es la importancia de la cultura brasileña para difundir un legado de valores positivos? ¿Pensás en esto, en que, además de llevar tu música por el mundo, también llevás un Brasil considerado de excelencia?

Brasil se consideraba un país triste. Cuando yo era niño, era sentido común la noción de que éramos un país triste. La idea, que surgió en el bello y famoso libro de Paulo Prado (“Retrato do Brasil”), de que el país se formó a partir de “tres razas tristes”, era difundida y nunca contestada. Las letras de las canciones eran casi, invariablemente, sobre amores fracasados (en esto éramos iguales a nuestros vecinos latinoamericanos y diferentes de la gente de EEUU).

Creo que las cosas empezaron a cambiar en el periodo de la bossa nova. Letras de Vinicius de Moraes y hasta de Dolores Duran presentaban situaciones de amor victorioso o feliz. Los informativos que pasaban en el cine empezaron a poner samba en la banda sonora de los reportajes sobre partidos de fútbol (esta mezcla de fútbol y samba fue algo que, visto primero en los cines, me dio la impresión de que Brasil sería capaz de crecer, enriquecer y brillar). Hoy vivimos, una vez más, la sensación de que no somos capaces de producir nada de positivo.

Tengo una reserva de optimismo loco que me hace seguir viendo que, si llegamos a hacer cosas que creíamos imposibles para nosotros, perdimos el derecho de decir que ciertas cosas son imposibles. Después que descubrimos que todo es posible, no podremos volver atrás. Sé que estamos en un momento en el que todo es sombrío. Pero veo Teresa en el escenario, escucho la guitarra de Carlinhos Sete Cordas y recobro la esperanza.

Vos dijiste que, sin Gil, no estarías haciendo música. Sabemos de la relación profunda, histórica e intensa entre los dos, de tu pasión por su dominio de la guitarra. ¿Pero por qué tu permanencia en la música también está vinculada a la relación con Gil?

Viendo a Gil tocar en la tele de Bahía, me sorprendí con la posibilidad de que alguien tan cercano (Salvador era una ciudad chica en 1963) pudiera tocar guitarra con tanta riqueza e inventividad. Cuando lo conocí personalmente, pronto nos volvimos amigos y yo aprendí todo lo que sé sobre acordes mirando las manos de Gil sobre las cuerdas y los trastes. Después, cuando yo --sabiendo que mi talento musical es limitado y muy inferior al de colegas como él, Milton, Djavan o João Bosco-- quise dejar de hacer música profesionalmente, Gil me dijo que no, que si yo dejara él también dejaría. Y él era la música para mí.