Marcel Vaillant

¿Cómo suscribir un acuerdo comercial y no sucumbir en el intento? Primera nota: crónica de los fracasos

Uruguay requiere suscribir nuevos acuerdos comerciales para mejorar su acceso al mercado internacional en productos asociados a sus ventajas comparativas que concentran hoy más del 80% de sus exportaciones de bienes. Estos productos están típicamente muy protegidos y lograr venderlos en condiciones no preferenciales (con aranceles nación más favorecida) es siempre menos ventajoso del punto de vista de los precios. Además, puede convertirse en una traba total cuando los países rivales competidores directos acceden amparados por acuerdos. Esta afirmación la hemos venido reiterando en esta columna de Portal 180.

Actualizado: 06 de Marzo de 2017 | Por: Marcel Vaillant

Uruguay requiere suscribir nuevos acuerdos comerciales para mejorar su acceso al mercado internacional en productos asociados a sus ventajas comparativas que concentran hoy más del 80% de sus exportaciones de bienes. Estos productos están típicamente muy protegidos y lograr venderlos en condiciones no preferenciales (con aranceles nación más favorecida) es siempre menos ventajoso del punto de vista de los precios. Además, puede convertirse en una traba total cuando los países rivales competidores directos acceden amparados por acuerdos. Esta afirmación la hemos venido reiterando en esta columna de Portal 180.

Ahora bien el gobierno actual, tercera edición de los gobiernos del Frente Amplio, parecería que coincide con esta orientación. Una y otra vez manifestó que es esta la postura en materia de inserción internacional. Pero los hechos muestran que la situación que se repite y se repite es que se realizan anuncios, se impulsa una propuesta y la misma fracasa o en el peor de los casos se toma una decisión con la orientación mencionada y luego se revierte.

Voy a mencionar tres hechos que son los más resonados pero la lista, a lo largo de estos 12 años, es mucho más amplia. La secuencia de eventos es casi siempre la misma. Se identifica la necesidad del acuerdo, y primero que nada se hacen los anuncios políticos y se obtienen muchos titulares de prensa. Luego eventualmente se hacen algunos estudios, y al final se procesan consultas informales. Estas consultas se han procesado en dos frentes distintos el interno y el externo. El orden de las consultas ha cambiado en los distintos episodios pero el resultado siempre ha sido el mismo, el fracaso de la iniciativa. La consulta externa ha sido con los socios del MERCOSUR los que con distinto grado de amabilidad y ambigüedad siempre han dicho sustantivamente lo mismo, que no es posible. En el frente interno estos tres últimos gobiernos, caracterizados por las mayorías parlamentarias, procesaron las consultas dentro de la fuerza política o con las organizaciones sociales afines. Las iniciativas se muestran vigorosas en la etapa primera de los anuncios, pierden fuerza primero al interior del gobierno cuando se empiezan a analizar después que se anuncian, y ya llegan casi sin fuerza a la etapa de las consultas, en donde ya sea desde afuera o desde adentro las soplan y se caen.

El primero episodio se gesta a partir del año 2005 cuando Uruguay comenzó un proceso de acercamiento con Estados Unidos que continuó uno que el Gobierno del Doctor Jorge Batlle inició. En aquel proceso se anunció el interés de negociar un Tratado de Libre Comercio con este país. Pero la iniciativa fracasó. Un primer obstáculo básico fue que no se logró alinear a todo el gobierno en la misma dirección. En aquella ocasión el Presidente Tabaré Vázquez y su Canciller Reinaldo Gargano se contradijeron públicamente con la recordada anécdota de los trenes que iban y venían.

El segundo episodio tiene que ver con la participación de Uruguay del proceso de negociación del acuerdo plurilateral sobre liberalización de servicios (TISA). En aquella oportunidad sobre finales del gobierno de José Mujica se comenzó a participar de este proceso de negociación. Esta postura de negociar en estos sectores es consistente con la especialización comercial del país basada en la exportación de servicios en una amplia gama de sectores (turísticos, transporte internacional y logísticos, junto con los servicios globales a las empresas). No obstante ello en un proceso internacional que recién se iniciaba, antes de asumir ningún compromiso de liberalización, en el año 2015 Uruguay se retiró de la mesa de negociación. El hecho ilustró un des alineamiento entre el gobierno y la fuerza política que lo conforma. Además, reveló que dentro de las agencias de gobierno existen prioridades diferentes. Mientras la Cancillería se resistió a retirarse del TISA, el Ministerio de Economía no le dio prioridad y prefirió concentrar sus esfuerzos en la Ley de Presupuesto, y no tuvo repararos en participar del intercambio político, al interior del Frente Amplio, que en los hechos se dio: TISA por Ley de Presupuesto.

El tercer episodio se está gestando en este último año a partir de la visita del actual Presidente Vázquez y varios de sus principales ministros a China en octubre del año 2016. Desde ese momento hasta ahora se han sucedido una serie de declaraciones y pronunciamientos dentro del gobierno anunciando un Acuerdo de Libre Comercio entre Uruguay y China (ALCUC). Todos los Ministros involucrados viajaron con el Presidente a China. Allí compartieron las entrevistas, escucharon en vivo sus declaraciones, sin embargo no parecen todos estar alineados de la misma forma en relación a la posibilidad y/o la conveniencia de suscribir tal acuerdo. Además, se ha producido una curiosa transposición de roles entre las agencias de gobierno. Mientras que desde la Cancillería es donde más claro se formula el argumento económico a favor de suscribir nuevos acuerdos y en particular con China (los motivos son los mencionados en el primer párrafo de esta nota), sin embargo se descuida el frente diplomático en la región, llegando a situaciones de mala praxis en la relación con Brasil. En cambio, desde el Ministerio de Economía se realizan las observaciones de carácter político y diplomático referidas a como procesar una autorización para Uruguay en el contexto de las restricciones que el país se autoimpuso en relación a negociar en común con terceros mercados desde el MERCOSUR. Esta frialdad del MEF en relación al ALCUC debilita un tándem de las dos agencias del gobierno actual que más han abogado en materia de inserción internacional en la dirección antes señalada. Por su parte, desde el Ministerio de Industrias se han escuchado duros reparos en relación a este acuerdo. Fue desde esta agencia que se filtró a la prensa un número tan impactante como inverosímil de la pérdida de 35000 puestos de trabajo asociado al ajuste productivo si tal acuerdo se firmara. En el MGAP la posición está más alineada con la suscripción de acuerdos con estos grandes mercados protegidos. Es justamente desde esta agencia de gobierno en donde desde la política pública se ha venido avanzando en materia de remoción de otros obstáculos no arancelarios al acceso, y que encuentra en los aranceles y las restricciones cuantitativas una traba insalvable a superar, de no mediar un acuerdo comercial preferencial.

Esta es la situación hoy, falta solo el soplido final para que esta iniciativa también se caiga. Quién lo desee, sea desde afuera o dentro del país, ya lo puede hacer. Mientras tanto siempre es posible volver a centrarse en la negociación Unión Europea- MERCOSUR, que siempre está abierta (no exagero ocurrió en los tres casos que menciono) y disponible para anunciar que a fin de año en ocasión de una reunión internacional ya programada se va a finalmente firmar este acuerdo comercial. La rutina termina con que se sigue negociando este acuerdo, y acumula puntos para no ser desplazado del podio de la negociación comercial más larga del mundo.

Los hechos revelan una falla de gobierno persistente al no lograr alcanzar las metas que se anuncian en la dirección de un perfeccionamiento de nuestra inserción internacional. Este error no es gratis y está construyendo un obstáculo a la capacidad crecimiento del país. Es necesario aprender de los errores. Si la convicción compartida respecto de la orientación mencionada en materia de inserción internacional se quiere cristalizar es necesario cambiar el método de trabajo. A este asunto me voy a referir en una segunda nota.

 

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