Gabriela Iribarren reestrena su unipersonal “más difícil”

Antes de reestrenar “De algún tiempo a esta parte”, Gabriela Iribarren habló con 180 de la obra, de sus proyectos, de sus críticas a la Comedia Nacional y de por qué hacer teatro hoy es más difícil que hace 30 años, cuando comenzó. Además, dijo que le gustaría volver a hacer a Nanny.

Actualizado: 08 de Marzo de 2017 | Por: Mauricio Erramuspe

Gabriela Iribarren reestrena su unipersonal “más difícil”

Gabriela Iribarren en De algún tiempo a esta parte (Difusión/Alianza/María Fernández Russomagno)

De repente, pasar a ser el otro. El que sufre, el discriminado, el que perdió todo, el que tiene que servir. El “inferior” que está solo. ¿Cómo sobrevivir a esa debacle? ¿Cómo mantener la dignidad? ¿Dónde buscar sosiego cuando se perdieron todos los amparos?

Ese es el planteo de la obra “De algún tiempo a esta parte”, de Max Aub, que se reestrena este jueves por cuatro funciones en la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre. Se trata de un unipersonal muy exigente en el que brilla la actriz Gabriela Iribarren.

Un texto intenso, descriptivo al extremo, que pone al espectador frente a una reflexión originada en 1938, con la anexión de Austria a la Alemania nazi, pero con disparadores que llegan con mucha facilidad a nuestros días.

“Lo rico que tiene la obra es la reflexión de cómo de un día para el otro cualquiera de nosotros puede pasar a ser el otro”, le dijo Iribarren a 180, días antes de este reestreno. La obra tuvo una temporada en el Teatro Alianza en 2016 y ahora se prepara para una gira europea que incluso puede llevarla a Viena, donde transcurre el texto de Aub, además de Oslo, Vigo, Barcelona y otras ciudades que aún no se han confirmado.

Esta reposición se da en medio de muchos proyectos de la actriz. “Obras de repertorio”, les llama ella. Es que la realidad actual de la producción teatral, con temporadas más cortas y la necesidad de presentarse en distintas ciudades, obliga a tener varios proyectos entre manos. Está fascinada por una obra sobre Simone de Beauvoir que hará junto a María Dodera en julio en el Teatro Solís. Además, en agosto, será el duende de la ópera María de Buenos Aires en el Auditorio del Sodre. Antes, la gira y varios proyectos, en medio de su rol como directora y docente en el Instituto de Actuación de Montevideo.

Iribarren sostiene que hacer teatro es más difícil hoy que hace 30 años cuando comenzó. Antes en un fracaso se cobraba y hoy a veces se paga por trabajar, dice.

Esto la mantiene inquieta y reflexiva sobre un medio que ve desvalorizado. Por eso reivindica la diversidad que permite el teatro independiente y cuestiona la inamovilidad de instituciones culturales como la Comedia Nacional.

 

¿Cómo te llegó esta obra? ¿Por qué decidiste hacerla?

Me llegó de la mano de una gran amiga que es Ana Rosa y de la directora Mariana Wainstein. Ellas lo habían estado trabajando y Ana Rosa no lo iba a poder hacer. Le propuso a Mariana que fuera yo y le encantó. Esas cosas que cuadran, de un día para el otro. Cuando leí la obra me interesó muchísimo. Es un autor que hoy es de culto en España, es de origen franco alemán, nacionalizado español, y escribe esto en 1938, contemporáneo a lo que ocurre en escena. Él conoce muy bien el tema porque era socialista. Lo que él hace en esta obra es conjugar la anexión de Austria a la Alemania nazi y la Guerra Civil Española.

Pese a que el autor está en medio del conflicto logra una distancia reflexiva.

Lo más fuerte que tiene el texto para uno, más allá del espectador, es pensar que esa persona estaba viviendo el aquí y ahora de las circunstancias y tuvo la inteligencia de ver la realidad con una distancia que permite proyectar lo que luego va a ser el horror. Estamos hablando del 38, pensemos que la guerra terminó en 1945. Esto recién estaba empezando.

Más allá del horror nazi, la temática de la obra tiene su correlato en la actualidad. Tanto en Europa como en partes de un discurso como el de Donald Trump.

Cualquier genocidio es horrendo, también se puede pensar en la dictadura uruguaya. Lo que más impacta del Nazismo es la inteligencia que utilizaron, fue la perversión llevada a su máxima expresión. Pero cuando empezamos a trabajar el texto yo sentía que estaba hablando de algo absolutamente actual.

Es un texto muy complicado. Además de ser un unipersonal, estás hablando todo el tiempo y las descripciones e imágenes que transmite son muy detalladas. ¿Cómo es enfrentarte a una obra de esa complejidad?

De los monólogos que he hecho es realmente el más difícil por el elemento narrativo y las cosas que vos señalás que son así. Pero eso se fue creando como un tejido, la metáfora escénica con el piano que es un interlocutor muy importante, lo que ella va contando, lo que ella va sintiendo. Todo está muy construido, el trabajo es la red, es lo que garantiza poder llegar a mantener el nivel en todas las funciones, un estándar de trabajo. El tejido lo hicimos con la directora, mano a mano, más allá de que soy yo la que materializo la cosa. Ese tejido es mi sostén, es lo que ayuda a que todo eso sea orgánico, natural, y que el tránsito por allí sea para mí muy disfrutable a pesar de ser tan exigente.

Ese piano del que hablabas es muy importante en escena. Vos realizás un trabajo corporal muy intenso y además hacés música, por momentos tocás las cuerdas directamente o golpeás con ritmo las columnas de la escenografía. Es un recurso que está muy bien logrado. ¿Cómo se trabajó ese tema?

Con Mariana Wainstein y el equipo. En ese sentido, estamos con Fernando Condon que es un maestro y que participó de todo el proceso e hizo un trabajo magnífico, no solo por cómo versionó la música sino por cómo me fue dando pautas para poder manejar el instrumento. Me encanta la música pero no soy música.

Tenés 30 años de carrera y gozás de mucho prestigio en el teatro nacional. ¿Cómo hacés para elegir los proyectos en los que vas a estar? ¿Descartás muchas propuestas?

En general evalúo de acuerdo a varias cosas. A veces al elenco, a veces a la dirección, al texto, y a veces al propio personaje. Se pasa por muchas etapas en tanto tiempo y uno tiene como la necesidad de hacer. La necesidad interna. Yo le entrego a esto una parte de mi vida muy importante, una gran pasión y vocación. Hoy por hoy lo que me pasa es que a veces tengo que conjugarlo con lo que a mí me gustaría decir. Hay cosas que ya he transitado y entonces no revisten interés para mí. Hay otra cosa que es más riesgosa pero capta mi interés porque me gusta hablar de eso, es un estilo que no he hecho o me gusta trabajarlo. Es muy personal y subjetivo.

Hay una búsqueda de versatilidad también. Tu carrera ha sido muy variada, de lo clásico a lo contemporáneo, del humor al drama, de todo.

Sí, enfoqué así mi carrera y es la actriz que quiero ser. No es casualidad sino que es un propósito en la profesión.

Y siempre desde el teatro independiente, nunca en la Comedia Nacional, por ejemplo.

Siempre.

¿Es una elección o es que no te han invitado?

En mi caso son las dos cosas (risas). Es una elección. Yo me siento muy orgullosa del teatro independiente del Uruguay, es un fenómeno en el mundo, la tradición teatral que tenemos, la calidad de actores y actrices, la producción. Realmente es muy destacable. Me identifico mucho. Fijate que he trabajado con 600 compañeros a lo largo de todos estos años, imaginate lo que es el intercambio con tantos artistas de formaciones tan diversas, de generaciones tan distintas. Además lo que me gusta de ser independiente es la libertad que tengo y la movilidad.

Tampoco me ha llegado una invitación de la Comedia Nacional para nada y si me llegara tampoco me interesaría en esta Comedia Nacional. No por las personas, tengo grandes y queridos compañeros y colegas, sino porque es una estructura que a mí no me parece buena. Yo pienso una Comedia Nacional mucho más abierta, donde realmente se trabaje para el público y se contenga todo el insumo de la vida teatral, cultural. Para mí debería ser eso. Si algún día lo es, voy a estar.

¿Qué debería cambiar?

Creo que este país es un país de instituciones muy pesadas. El modelo a mantener es ese, esa tradición del elenco estable, que la gente que entra ahí está para toda su vida, o hacer estructuras, instituciones públicas más abiertas, participativas, que realmente sean un fermento del arte y poner toda esa infraestructura al servicio de toda la comunidad artística para que el público reciba todo lo que podemos aportar.

Es una decisión política en primer lugar, está arraigada en una idiosincrasia que no solo se da en esa sino en otras instituciones que son muy cerradas, muy pesadas y un poco arcaicas desde mi punto de vista.

Vos militás en el Frente Amplio que gobierna Montevideo y el país desde hace varios años. ¿No se da ese debate?

Está presente pero no es la opción que se ha tomado. Es un tema que se discute desde hace muchísimos años en el medio teatral y también se discutió a nivel político. Allí se vierten todas las opiniones, por supuesto que siempre ha estado la mía, pero la opción que se ha tomado es otra que yo no comparto.

Vos has dicho que cada vez es más difícil vivir del teatro y que de hecho tu principal ingreso es el Instituto de Actuación de Montevideo que tenés junto a María Mendive y Marisa Bentancur.

Puedo afirmarlo con veracidad porque en 30 años hemos ido empeorando. Cuando yo empecé a hacer teatro en un fracaso cobrabas. Ahora, a veces los artistas pagan para trabajar. Eso es parte de todo un sistema que tiene que ver con la desvalorización. En ese sentido todas las iniciativas como el Socio Espectacular y el resto de las tarjetas con las que por muy poco dinero podés acceder, son muy buenas para la gente. Me encantaría trabajar gratis, pero eso está sustentado en el trabajo de los artistas. Es como regalar pan sin pagarle a los panaderos. Se desvirtúa y se desvaloriza. La gente de pronto paga para otras cosas pero no para el teatro. Se entra en un círculo del que es muy difícil salir. Distinto sería si el teatro estuviera subvencionado. Entonces sí, abrimos las puertas de los teatros para todo el mundo y eso sería la gloria. Así debería ser.

¿Qué te dejó Nanny, el personaje que hiciste en la campaña electoral para apoyar al Frente Amplio?

El personaje en sí mismo es todo satisfacción. Es un personaje que me encantaría seguir haciendo, no en el contexto de una campaña política. Es un personaje muy querido por mucha gente. Cuando cualquier artista hace un aporte de este tipo a una campaña electoral nunca es por conveniencia. Uno lo hace para apoyar una causa que uno considera que es noble. Hay una parte de la sociedad que se ofendió mucho. Nanny fue muy inoportuna, tuvo una repercusión insospechada en un momento bisagra, cargó con mucha cosa. Pero a mí me gusta estar con el arte popular. Estoy muy orgullosa de mi Nanny.

¿La harías de nuevo?

Si hay algún productor que quiera, yo lo hago. Creo que es un personaje que habría que plantearlo en algo más amplio, donde podamos ver el punto de vista de ella sobre muchas cosas, no solamente orientado a un tema político. Es un personaje rico y que puede aportar mucho. 

 

De algún tiempo a esta parte

De Max Aub

Dirección: Maríana Wainstein

Del 9 al 12 de marzo, a las 21 horas

Sala Hugo Balzo

Entradas: 300 pesos.