Cómo dar clases de literatura con superpoblación y cortes de luz

Fabián Severo, docente de literatura del Liceo Nº 1 de Atlántida, contó en No toquen nada cuáles son las condiciones edilicias y organizacionales que deben soportar alumnos y profesores en dicho centro educativo.

Actualizado: 29 de Marzo de 2017 | Por: Redacción 180

Cómo dar clases de literatura con superpoblación y cortes de luz

Foto: Blog Liceo Nº 1

La superpoblación de los grupos es uno de los principales problemas que deben afrontar en el Liceo Nº 1 de Atlántida. Severo explicó en No toquen nada que el centro “es viejo” y mientras Secundaria toma a 30 alumnos como media de los grupos, en sus salones caben 18 o 24 estudiantes.

Así se da que algunos grupos tienen 38 alumnos y los grupos de cuarto tienen 33, pero recordó que cuando llegó a este liceo tenía un grupo de quinto científico con 45 alumnos.

“La educación es una práctica social y está íntimamente relacionada con las condiciones en las que las realicemos. Yo trabajo con la palabra, con leer, escribir, escuchar, con el diálogo como agente integrador de ese grupo. ¿Cómo hago para instalar el diálogo si tengo en 30 metros cuadrados a 33 chiquilines por 45 minutos?”, dijo Severo.

La situación cambió gracias a una solicitud de los profesores para que se crearan nuevos grupos y un nuevo cuarto en la mañana y se fusionaran un quinto biológico y uno científico. Sin embargo, en el turno nocturno sigue habiendo un grupo con 60 estudiantes.

“Cuando uno denuncia esto o cuando se discute, te dicen ‘mirá que dejan, para abril o mayo quedan 30 y terminamos el año con 20, entonces no vamos a crear uno nuevo’. Debería ser al revés, que nosotros creemos las condiciones para que ellos quieran estar”, comentó.

Un ataque al compromiso

Para Severo, el estado edilicio boicotea su actividad, ya que se ven problemas de goteras, de contaminación acústica, con el techo y la electricidad. “En una clase de 45 minutos me puede saltar cinco veces la llave” de la luz, dijo el profesor y contó sobre lo mucho que ello dificulta a crear un clima adecuado en el salón.

Según el docente, esos aspectos “condicionan el grado de compromiso, el sentido de pertenencia y el grado de interés que alguien pueda tener con esta actividad”.

Añadió que en 2015 se cambió la mitad del techo del centro educativo porque estaba hecho de fibrocemento, material que está prohibido en muchos países, y que la parte nueva hoy en día “se está desarmando porque se lo están comiendo las hormigas”.

A su vez, los alumnos del bachillerato artístico no tienen salón para ellos, por lo que tienen sus clases en un patio interno, al que llaman “la piscina”. Desde Secundaria se había enviado un contenedor para que estos alumnos usaran como salón pero la necesidad hizo que se lo usara para otras clases.