Joel Rosenberg

Mil gracias Bocca, mil disculpas Bocca

La renuncia de Julio Bocca debería ser recordada como un hito de la burocracia y un mojón esencial de la inoperancia de la conducción política.

Actualizado: 13 de Setiembre de 2017 | Por: Joel Rosenberg

Bocca revolucionó la danza en Uruguay y logró una hazaña: el ballet llevó a más de medio millón de personas al Sodre en siete años.

Además, Bocca logró el reconocimiento internacional para la compañía y nos devolvió a la enorme María Noel Riccetto. Pero, sobre todo, Bocca logró que los uruguayos hablen de ballet y se emocionen con los premios de su primera bailarina. Bocca desmitificó la idea elitista del ballet y nos mostró que ellos -los bailarines- son laburantes que aman lo que hacen y se matan por hacerlo bien.

Quizá nunca llegamos a entender qué clase de figura cayó en el país de casualidad. El destino lo trajo al Uruguay, lo único que había que hacer era acompañarlo con una gran gestión.

Pero acá la idea fue otra, desde el comienzo lo hicieron pagar derecho de piso: aguantó al sindicalismo, lidió con la burocracia y se ahogó en la inoperancia.

Su historial, su talento, su esfuerzo y su éxito no fueron razones suficientes para allanarle el camino.

Bocca luchó, pero al final se quebró. Lo quebraron a pura mediocridad y trancazo.

La salida de Bocca debería generar renuncias. Pero esto es Uruguay y acá ni siquiera se piden explicaciones ante tal situación: las autoridades del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) y del Sodre perdieron a su máxima estrella y no dieron una sola excusa.

Les invito a leer el CV del presidente del Sodre, de Doreen Ibarra. Verán que no hay un solo dato que explique por qué corno está ahí. Bueno, uno: integró el Parlamento Cultural del Mercosur. Ibarra es un cargo de confianza política, da lo mismo que esté. Pero él se queda y Bocca se va.

También se queda María Julia Muñoz, faltaba más. La ministra no se inmuta por nada. Su gestión es un cúmulo de fracasos en Educación, la nada. En el área de Cultura, por ahora, lo más destacado es que eligió a su amiga Glenda Rondán para poder acompañarla y tomar juntas el té.

Es obvio que no todo fue trancazos. Hubo en estos años autoridades que respaldaron al argentino. La presidencia de Fernando Butazonni, la gerencia del auditorio de Gerardo Griecco son dos ejemplos. El auditorio brilló en muchos momentos estos años. Pero, tarde o temprano, los que cinchaban se fueron agotando, asfixiando en la telaraña estatal.

Bocca resistió hasta que pudo, a fuerza de ilusión, con la candidez de quien piensa en el mediano y largo plazo ante cabecitas que no ven más allá de las entradas gratis para sus familias.

Julio estuvo en No toquen nada en febrero. Insistió en que apuntaba a futuras generaciones, quería una escuela especial para bailarines.

Solo recibió silencio desde el MEC.

Pero Bocca no se va porque no le arman una escuela de Primaria para bailarines, el maestro se va porque las actuales autoridades del MEC y del Sodre no supieron siquiera escucharlo, hacer al menos como que atendían sus ideas.

Se va harto de tener que lidiar con el día a día, de tapar agujeros menores.

Julio siempre hace comparaciones con el fútbol para que nuestras cabecitas -que no llegan a otras metáforas- puedan entender algo de lo que hablaba sobre danza.

Voy a usar su recurso. Imaginen que traemos a Messi después de retirarse del Barca a entrenar los juveniles de la Selección. Cuando llega lo ponemos a administrar la burocracia, a conseguir camisetas de talles especiales, a buscar inversores, a llamar al canchero porque el pasto está alto, a tapar agujeros mínimos en el día a día.

Imaginen que Messi no puede practicar con los juveniles porque el gremio no le da las camisetas a los jugadores. Así vive Bocca el día a día.

Es hora de agradecer y disculparse con Bocca. No hablo en nombre de nadie, sería incapaz. Pero quizá algunos compartan la sensación, por eso comparto las gracias y disculpas.

Gracias Julio:

- Por llenarnos de cultura y llenar de gente el auditorio

- Por demostrarnos el camino de la excelencia profesional, ese que nunca descansa en la reposera

- Por devolvernos a la genial María Noel a casa, por convencerla de venir cuando aún tenía mucho para dar

- Por enseñarnos que la perfección se alcanza con trabajo y se mantiene con más sacrificio

- Por la humildad de explicarnos una y otra vez a todos, de remangarte para salir a vender el ballet, a pedir notas y ayudas.

Mil gracias por todo Bocca

Y mil disculpas también:

- Por la burocracia

- Por la ineficiencia

- Por no entender tu grado de exigencia

- Por hacerte lidiar con Joselo López

- Por hacerte hablar con María Julia Muñoz

Es claro que los ciclos tienen fin, que Bocca no iba a estar por siempre. También es evidente que María Noel Riccetto puede asumir ese rol de directora y hacerlo bien, le sobra talento y voluntad.

Pero las autoridades forzaron a pura impericia una situación que debió ser natural. Ojalá el presidente Tabaré Vázquez, que nada dijo aún, reaccione para que María Noel no tenga que lidiar con la misma anomia, para que los burócratas no logren apagar la llama.

Bocca se va en enero y dejará bien alto la danza y la cultura.

Al mismo tiempo las autoridades del MEC y el Auditorio volvieron a dejar bien en alto esa maravillosa capacidad de arruinar con el gris de la negligencia estatal cualquier brillo de talento y éxito.



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