En general no te decimos “doctor”, en un país que nos gusta decirle “doctor” a todos, por más que sean legisladores, periodistas deportivos, que no tiene nada que ver con lo que hacen.
Lo que pasa, es que a los medios no vengo con la función de doctor, vengo porque soy el cantante de los Buitres. Vengo con el rol de cantante. Yo me siento más cómodo que no me digan doctor en los medios.
¿Y qué ponés en el pasaporte?
La última vez que lo fui a renovar puse médico pediatra.
¿Por qué?
No sé, me inhibe un poco. Me parece como demasiado. Ya te digo, me parece que llegué a la música más como aficionado, como cualquier persona que canta en este país, que hay muchísimos que cantan, hombres y mujeres. Como cualquier persona que por ejemplo un día le dicen “che, vos cantás bastante bien, ¿no querés salir en Carnaval?”. Esto es más o menos lo mismo que me pasó a mí con el rock.
Peluffo es pediatra, diplomado en infectología pediátrica. Es profesor adjunto de la Facultad de Medicina y miembro del Comité de Infectología de la Sociedad Uruguaya de Pediatría.
¿Cómo manejás la angustia de los padres?
Yo siempre les trato de transmitir a los más jóvenes que uno siempre tiene que abarcar mucho más desde todo punto de vista. Tiene que contenerse en muchos aspectos. No puede establecer una relación de igual a igual. Primero, es mentira que la relación médico-paciente es igualitaria. Es recíproca, pero es diferente. Y uno siempre tiene que tratar de contener en todos los aspectos que le sea posible.
Leí por que decís que “la parte que más me gusta es la clínica porque tenés que aplicar la intuición”.
Sí, capaz que la definición exacta no sea la intuición, pero existe el olfato en la clínica. Esto no es una ciencia exacta, es materia opinable, es muy lindo discutir con los colegas, tanto con los que saben más como con los que recién están empezando, ponernos a discutir sobre un paciente, de cómo resolverlo, tratar de llegar a determinadas claves, y en determinado momento una de esas claves surge y aparece. Yo creo que eso es muy bueno y a veces hay cierto olfato, y está estudiado eso, que en los clínicos se entrena el olfato, y vos después de muchas situaciones similares y con la experiencia, vas adquiriendo un conocimiento sólido. Nunca vas a dar una sentencia. Lo que no tenés que cometer el error en clínica es jugarte 100% a algo y eliminar lo demás, sino tratar de valorar el peso específico de cada una de las variantes que están en juego.
¿Vivís o viviste de la música?
No, no.
Por el año 2002 dijiste algo así como “se podría vivir de los Buitres si hiciéramos cosas que no estamos dispuestos a hacer”. ¿Qué es lo que podrían hacer y que no están dispuestos?
Suena muy duro. No se refería a nada ilegal o impuro desde el punto de vista artístico. Cuando una banda es muy popular, vos tenés ofrecimientos de participar de muchas formas, digamos, en eventos. El extremo sería la publicidad y la publicidad individual.
Vos nunca hiciste publicidad individual.
No.
Pero te habrán ofrecido muchas veces, imagino.
Sí, increíblemente, de los últimos cinco años hasta ahora, más que antes. Pero siempre me ofrecieron, toda la vida. Pero a parte de eso, como banda, podríamos haber tocado en eventos, cumpleaños, fiestas, con lo cual hemos defraudado a un montón de fans que se han sentido muy ofendidos porque no hemos tocado en sus fiestas particulares. Siempre agradecemos mucho cuando nos invitan para cualquier tipo de cosa, agradecemos sinceramente, y aparte no hay que negar que se nos ofrece dinero, y buen dinero, y eso para la gente es muy valioso de todo punto de vista, no solamente el dinero que paga, sino el significado que tiene para ellos que tú estés presente. Fue una opción que tomamos, que decidimos no hacer. La trayectoria de la banda en materia de sus conductas artísticas a la hora de tocar, es más o menos lo mismo que muy puramente planeamos en la época de Estómagos, que era depender solamente de nosotros mismos y tener cierta actividad independiente. Nos hemos manejado con determinados límites, hemos sido bastante estrictos en eso.
¿Siempre de acuerdo el grupo?
Más o menos. Y sí, si en determinado momento no te alcanza el dinero, alguno de los integrantes tiene que decir “bueno, está todo bien, pero mirá que a mí no me alcanza el dinero para llegar a fin de mes”. Hemos cedido una vez los derechos de un tema para una publicidad, y fue en un momento que realmente económicamente estábamos en una situación crítica y tuvimos la flexibilidad para hacerlo.
Con tu hermano, ese perfil diferenciado, ¿fue de chicos? ¿O en algún momento pensaron en juntarse?
No, lo que pasa que yo le llevo a Guillermo casi cinco años. Guillermo tenía 12 años y yo lo llevaba a los shows de Estómagos, en plena dictadura. Y salíamos corriendo del Templo del Gato, ahí en Mercedes y Rondeau. Por ejemplo, participó en uno de los videos más emblemáticos de Estómagos: “Avril”, del cuarto disco. Nos hacía las luces, las escenografías, hacía pintadas de estómagos en la calle. Y el tipo tenía 14 o 15 años.
Lo que comparten es el Póquer.
¡Eso es privado!
No, fue contado al aire en Océano FM alguna vez.
Ah, sí, hemos sido mencionados los integrantes. Es una logia.
A mí la versión que me daban es que ahí sale lo peor de los Peluffo. Todos se enojan mucho. Padre e hijos.
(Risas)
Es más lúdico que timba...
Sí, yo creo que es juntarse con un grupo de amigos con los cuales tenés mucha afinidad. A mí me parece bárbaro, porque en realidad tengo muy poco contacto social, y eso es uno de los contactos sociales que me aparecieron de la nada, que son lo más hermoso que me ha pasado.
No es muy social, está bastante cerrado.
Bueno, para mí está bárbaro.
(Risas)
De diez eventos que te invitan, ¿a cuántos vas?
No, voy pocos, pero en general por responsabilidades familiares, porque estoy con mis hijos.
¿Qué significan tus hijos y cómo cambiaron tu relación de pediatra?
Me parece fundamental. Creo que no podría haber sido pediatra si no tuviera hijos. Hay muchas cosas que cambiaron mi forma de ser, mi personalidad. El Pereira era una que mencionamos hoy y la otra es haber tenido hijos. Y tienen que ver mucho también en cómo soy como persona. Creo que también me cambiaron la vida en cierta forma.
¿Qué relación tenés? ¿De amigo, de autoridad?
No, creo que hay que tener una relación de amor con los hijos pero no de amigos. Son muy chicos todavía. Tengo una niña que va a cumplir 10 años, y el varón va a cumplir ocho. Tengo una relación muy intensa con ellos. Y es más, creo que les dedico un montón de tiempo y está bien.
Tuviste algunos problemas de salud en estos últimos años, ¿no?
Sí.
¿Pero sentiste que estaba complicado en algún momento?
Me parecía injusto. Era algo cardíaco, una arritmia.
¿Qué sentiste?
Que era injusto. Que no me parecía bueno que me estuviera pasando eso. Sentí que de repente se me iba a limitar la vida, o algo por el estilo. Empezar a tener precauciones, tomar medicación, no esto, no lo otro. Fui paciente. Sufrí ser paciente. Ahí también aprendí muchas cosas.
¿Cambió la relación con tus hijos y con el arte eso?
Sí, yo creo que sí. Cambió muchísimo.
¿Le sacaste el lado positivo?
Sí, pero costó, no es de un momento para otro. Yo creo que cuesta mucho entender cuál tiene que ser tu rol como padre, cuál tiene que ser realmente tu función. Es un problema. Las cosas en teoría son un problema, en la práctica son otra. Uno se va volviendo mucho más pragmático, pero al mismo tiempo uno no puede estar teorizando demasiado en cómo tiene que ser la vida. Uno la vida que tiene que vivirla. Tiene que dormir, tiene que descansar, tiene que estar bien, tratar de pasar bien todos los días, no renunciar a ser feliz, amar, jugársela, no pensar “si esta pieza se mueve para acá, se desmorona todo”.