“Catástrofa” en Progreso

Los empleados de Progreso ocuparon el Paladino por las deudas que la directiva tiene con ellos. Denuncian que el presidente, Gabriel Franco, los hace “arrastrar” por 1.000 pesos y que le cobró al canchero, al que le debe seis meses, los remedios que le pagó cuando tuvo un preinfarto. Además el comedor del club tiene cortado el agua y la encargada descongela la heladera para lavar los pisos. A última hora del miércoles levantaron la medida pero siguen en preconflicto.

Actualizado: 02 de diciembre de 2010 —  Por: Diego Muñoz

“Catástrofa” en Progreso

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En el Abraham Paladino alguna vez hubo festejos. El más notorio fue en el 89 cuando jugadores e hinchas fueron en caravana desde el Palermo para celebrar el título del Uruguayo.

En el Abraham Paladino alguna vez hubo visitas ilustres. Fue en el 92 cuando Ljupko Petrović dirigía a Peñarol y tuvo que ir a jugar allí. Su “catástrofa” tras el partido quedó en el recuerdo de todos.

En el Abraham Paladino alguna vez hubo goleadas. Fue en el 99 cuando Progreso le ganó 4 a 0 a Nacional por el Apertura de esa temporada.

En el Abraham Paladino hoy hay desolación. El cartel negro con letras blancas que dice ‘Ocupado’ cuelga de la puerta principal. Adentro, cuatro trabajadores pasan las horas porque el club les debe entre cuatro y seis meses de sueldo. El sol cae con fuerza sobre el campo de juego de pasto alto y sin marcar. Las tribunas están despintadas y los tejidos que separan el terreno están rotos y herrumbrados.

Debajo de un árbol toman mate la encargada del comedor infantil del club, Adriana Castro, el canchero, Alfredo Varela, el utilero y kinesiólogo, Rafael Javier, y Miguel Da Luz, quien fue echado hace unos meses por reclamar su sueldo. Junto a ellos hay dos niños que juegan en el predio y un perro que descansa bajo una silla.

Los empleados decidieron ocupar el viernes a primera hora. “Ya no aguantábamos más”, dice Castro quien cuenta que la deuda total es de 130.000 pesos y que están “hartos” del presidente Franco. “Nos hace arrastrar por 1.000 pesos”, acota Javier.

“El viernes vino Franco a decirnos que estaba sorprendido con la medida. Le dijimos que nos pague la deuda y respondió que ni él ni el club tenían plata y que se hiciera cargo la directiva que venga. A la hora me llama aparte para ofrecerme un mes de sueldo. Le dije ‘¿no era que no había plata?’ Nos reunimos con los compañeros y como vimos que iba a ser imposible cobrar toda la deuda decidimos recibir el 50%. Ese lo rechazó porque dijo que era plata que salía de su bolsillo, se fue y al rato me envió un mensaje ofreciendo un mes y medio para cada uno”, recuerda Javier. Finalmente recibieron 9.000 pesos por cabeza y desocuparon aunque permanecen en preconflicto.

La ocupación impidió que se bañaran los juveniles, que entrenara Durazno y que jugara Huracán. Javier admite que “lamentablemente hay gente que no tiene nada que ver, como los juveniles, que quedaron en el medio” pero aclara que “no teníamos otra”.

Los trabajadores denuncian que Franco tiene una forma de negociar “fascista y miliquera” y que los quiso dividir. “A mi me llamó aparte para decirme que al canchero Durazno le dio plata y que la agarró. Cuando le pregunté Varela me dijo que le dieron 200 pesos porque le cargaba todos los bultos y les guardaba las cosas en la cancha para que no tuvieran que llevarlo y traerlo todo el tiempo”, indica el utilero que también es kinesiólogo y lleva la planilla.

Varela está indignado. Es el canchero hace cinco años y señala que trabaja 15 horas por día. “Llueve o truene salgo a trabajar y no se valorizan los 4.500 pesos que gano por mes. Porque gano 4.500 pesos. Yo vivo acá y de noche duermo con un ojo abierto y otro cerrado para cuidar porque si pasa algo me van a echar la culpa a mi no a él”. Varela sufrió tres preinfartos en el año y muestra los medicamentos que aún debe tomar. “Franco me cobró los remedios que me pagó porque dice que no tenía por qué pagarlos cuando me debía seis meses de sueldo”, manifiesta.

Castro es encargada pero también cocinera y limpiadora del comedor de Progreso que cada día le da almuerzo y merienda a unos 40 niños. “Hace dos meses que cortaron el agua y comida tengo por donaciones. Los platos se los lleva una madre a lavar a la casa y yo le doy el jabón. Ponemos voluntad para que el comedor no se cierre. Yo descongelo la heladera una vez a la semana para que el agua esa me sirva para lavar el piso”, denuncia.

En el estadio tampoco hay materiales para la mantención y los trabajadores comentan que ellos los compran de sus bolsillos cuando tienen dinero. “El agua jane y el jabón para los baños, la ropa para juveniles, el gas para que se puedan bañar los jugadores lo pagamos entre los compañeros”, cuenta Varela.

Los cuatro señalan que las deudas los desbordan y que Franco les miente. “Nos está manoseando, humillando”, dice Castro y recuerda: “Una vez le dije ‘mis hijos el fin de semana no comen porque no tengo qué darles’ me respondió ‘¿dónde estás?’ ‘en el comedor’ le dije. Me contestó en 15 paso por ahí. ¿Vos fuiste? Él tampoco”.

Da Luz fue echado por la actual administración. Según manifiesta, la medida se tomó porque él reclamaba sus salarios impagos. “Cuando me encontró acá me dijo ‘qué hacés’ y le dije ‘quiero que pagues’. Me dijo ‘¿por qué no fuiste al ministerio?’ Le contesté ‘porque si voy al ministerio no pagás vos sino el club. Si pagaras vos te arranco la cabeza’. Es como la hormiga no tiene corazón”, concluye.

Así está Progreso hoy. Con el club sin competir porque no se cancelaron las deudas con la AUF y con sus empleados reclamando seis meses de sueldos impagos. Con ese panorama, los buenos tiempos son solo recuerdos cada vez más lejanos.