Las tres películas que se transmitieron hasta ahora son El Baño del Papa, Mundialito y La Sociedad de la Nieve. Mundialito tuvo un muy bajo nivel de audiencia, pero El Baño del Papa y La Sociedad de la Nieve superaron los niveles de todos los programas del resto de los canales a esa hora, incluso el promedio de Show Match.
El Baño del Papa (2007), dirigida por César Charlone y Enrique Fernández, cuenta la vida y excitación de los habitantes de Melo ante la ida del Papa Juan Pablo II en 1988. El miércoles 5 de octubre Teledoce abrió su ciclo de cine nacional con esta película, y alcanzó los 10.4 puntos de rating, es decir, unos 120 mil televidentes, superando el promedio de Show Match (10.3), según las mediciones de Ibope.
Mundialito, de Sebastián Bendarik, es un documental sobre el campeonato de campeones del mundo en fútbol que organizaron en 1980 los militares durante la dictadura militar uruguaya. Mundialito no tuvo altos niveles de audiencia (6,1) y no alcanzó a estar entre los cinco contenidos más vistos.
El miércoles 19 de octubre se transmitió La Sociedad de la Nieve, la historia de los 16 sobrevivientes del accidente en Los Andes que permanecieron 72 días entre las montañas. Dirigida por Gonzalo Arijón, se estrenó en 2007 y el miércoles pasado alcanzó los 9,4 puntos de rating, superando también a Show Match.
El próximo miércoles 2 de noviembre, Whisky estará en la pantalla a las 22. La segunda película de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (luego de 25 Watts) se trata de la historia de Jacobo, un fabricante de medias que a los 60 años no tiene familia y su empresa está al borde de la banca rota. Su hermano, Herman, vive desde hace 20 años en Brasil, tiene dinero y dos hijas. Cuando se está por cumplir un año de la muerte de su madre, Herman avisa que vendrá a Uruguay –porque no había viajado para el velorio– y Jacobo le pide a Marta, su secretaria de 48 años con quien prácticamente no habla, que se haga pasar por su esposa. Las broncas guardadas, frustraciones de años y tedio crónico de todos los personajes se desenvuelven y evolucionan en un escenario uruguayo gris, de paredes con empapelado y karaokes vacíos en hoteles de Piriápolis.