Antonio González Arnao es un arquitecto enamorado de la fotografía. Y desde el año 2000 dicta talleres en el Foto Club para darle herramientas a los fotógrafos amateurs sobre cómo abordar un edificio. “La arquitectura tiene sus especificidades y ayuda que uno las ponga sobre la mesa para que el fotógrafo entienda mejor las cosas, que pueda verlas de otra manera”, le dijo a 180.
Este año, el taller trabajó sobre el Liceo Miranda, ubicado en Carlos Bacigalupe 2244 (Aguada). Se trata de una obra de los arquitectos E. Acosta, H. Brum, C. Careri y A. Stratta que representa un ejemplo de la Arquitectura Moderna, que comenzó en el mundo en los años 20 del Siglo XX y encontró su apogeo en la década de los 50.
González Arnao es un defensor y estudioso de ese período que para él no tiene la suficiente valoración desde la academia y la sociedad. En diálogo con 180 explicó que “la Arquitectura Moderna parte de lo que se llama ‘el programa’. Es una lista de requerimientos y de necesidades previas, como nunca antes hubo. En el caso de un liceo como el Miranda, un equipo de docentes se puso a pensar cómo tenía que ser el liceo, qué espacio debía tener. Eso es pensar en la pedagogía, es pensar en cómo va a ser la enseñanza y qué espacios tiene que haber para que la enseñanza se dé bien”. Luego los arquitectos diseñaron a partir de esas necesidades.

Foto: Marcelo Bertolini
La obra es de 1959 y se realizó con un pensamiento de vanguardia que, según el arquitecto, hoy desapareció. “Ahí lo que pasó es que hubo un pensamiento de vanguardia de cómo tiene que ser la enseñanza media. Nunca más apareció desde Secundaria esa anticipación”, sostuvo.Por esas razones lo eligieron para el trabajo en taller de los fotógrafos Luciano Benites, Marcelo Bertolini, Danilo Brechner, Gerardo Carella, Gino Di Stasio, Giorgina Irigoyen, Sebastián Rodríguez Roche y Miguel Torres. El resultado está expuesto en el hall de la Facultad de Arquitectura hasta el 22 de diciembre y permite ver los hallazgos de diseño del edificio y las dificultades de mantenimiento que presenta.
“El patrimonio de la arquitectura moderna está fuera de protección de cualquier tipo porque no es valorado”, lamentó González Arnao. “A quienes impulsaron la protección del patrimonio en los finales de los años 70 no les interesaba la arquitectura moderna, no la valoran. Entonces quedó afuera del reconocimiento patrimonial. El patrimonio parece que se quedara mucho antes de la arquitectura moderna, desgraciadamente no se valora la alta calidad que tiene”, agregó.
Él cuenta dos casos de obras modernas que se perdieron o están por perderse por la falta de cuidado en su conservación. Una fue la Solana del Mar, en Punta Ballena, obra de Antonio Bonet. Aunque se trata de un edificio que fue referencia en libros nacionales e internacionales, una reforma le hizo perder buena parte de sus valores.
Otro edificio que va en ese camino es el Sanatorio del Casmu 2, dijo González Arnao. “Es una obra increíble, preciosa y está siendo destrozada, le metieron un banco en la planta baja… Ya no estoy hablando de mantenimiento, esto es barbarie, es una incultura increíble”, afirmó.

Foto: Gerardo Carella
En el Miranda la situación de conservación es un poco mejor. Al ser un liceo, no se le practicaron grandes reformas en su estructura y se mantiene el diseño original. “Los que hicieron el programa del Miranda en algún lado pusieron: ‘hagamos crecimiento en botánica’. Y estos arquitectos lo resolvieron con una maravilla, como un paseo por unas terrazas escalonadas donde aparecen los canteritos para hacer crecimientos botánicos durante el año”, contó.Esa es otra de las características de este período. Cada cosa cumple un objetivo pero además sirve para otro, por ejemplo el sentido estético. “Ellos tenían que poner una protección solar porque el aula daba al Norte y aparecen los aleros de hormigón. Hicieron una pieza escultórica de una belleza plástica espectacular. Es increíble”, describió. Se resuelve un problema práctico con una solución que aporta a nivel plástico.
Los fotógrafos trabajaron mucho sobre ese y otros detalles y contrastes del edificio. Luego de la exhibición en la Facultad, la idea es poder llevar las fotos al propio liceo. Eso hasta ahora no se ha podido concretar porque no se puede garantizar la seguridad de los marcos donde se monta la muestra. González Arnao busca, hasta ahora sin éxito, financiar la impresión de las imágenes en paneles de plástico y así poder mostrar el trabajo en el patio del liceo. Esto contribuiría a que sus usuarios valoraran la “joya” donde estudian todos los días.