Cambió “segunda pelota” por “compactas las líneas” para pedirle a su equipo que no se desordene. Después fue el mismo de siempre. “Vamos Carlitos, vamos Darío…” y así siguió nombrando uno por uno a los titulares de Peñarol antes del partido. En el túnel ya había gritado, “es el partido más importante de todos eh”.
En la cancha también mostró que no cambió demasiado. Puso un equipo previsible y con un solo punta definido: Carlos Bueno. Alguno podrá preguntarse ¿y Fernando Correa? Petete juega más retrasado aunque en los papeles sea delantero. Así que Peñarol volvió a los tiempos en los que jugaba con un delantero y en el que los partidos eran ideales para los que sufren de insomnio.
Vestido de remera oficial del club, pantalón deportivo negro y zapatos… de fútbol, el técnico vivió el partido a su manera. Con la integración titular dejó claro que al arquero Pablo Cavallero le queda poco tiempo en Peñarol. Puso a Sebastián Sosa y mandó al argentino al banco.
Después mantuvo una integración muy similar a la que utilizó para jugar ante Independiente de Medellín pero con Gonzalo De Los Santos en el sector central. El volante demostró que en Uruguay juega sobrado. El otro cambio fue Correa en lugar del suspendido José Franco.
En los primeros minutos Peñarol se acercó con la pelota quieta. Un buen tiro libre de Richard Núñez que dio en el horizontal y otro de Antonio Pacheco que sacó el arquero, fueron las aproximaciones más claras en los primeros 15 minutos.
Hasta que llegó la jugada del penal. Carlos Bueno dominó por izquierda y cuando entraba al área Matías Corujo se tiró de atrás a barrer y lo derribó. La jugada fue muy fina porque Bueno recién pisaba el área pero la falta fue adentro. Luís Aguirregaray debió decidir en un instante y acertó. Dio penal y Antonio Pacheco lo cambió por el 1 a 0 a los 22 minutos.
Con un cronómetro en su mano, Ribas se movía sin parar por el lugar delimitado para los entrenadores. Desde allí pidió orden en el fondo, marca en el medio y aunque no fuera el línea, cobró tres fuera de juego que no fueron, como aquella mañana ante Juventud. “Te está cobrando todos los fuera de juego” le gritó el técnico de Wanderers, Salvador Capitano, al asistente Walter Rial y tenía razón.
Rial levantó tres veces mal la bandera imposibilitando que Wanderers se acercara al área. Fueron pelotas largas en las que los jugadores bohemios picaban habilitados pero el línea marcaba fuera de juego. Los hinchas de Wanderers explotaron y cantaron: “que cobre Ribas la puta que los parió”.
Sacando eso, el equipo de Capitano hizo poco y Peñarol sin jugar bien, ganó el primer tiempo. El aurinegro no generó una sola jugada colectiva interesante. No tuvo triangulaciones, paredes, ni desbordes por las puntas en toda la primera mitad. Wanderers tampoco.
La etapa final fue mucho peor. No se vio nada de fútbol. Pero nada. Peñarol siguió en la misma y Wanderers fue livianito aún en desventaja.
Si habrá sido malo que lo más interesante de los primeros 25 minutos, pasó a los 23 cuando Ribas mandó a la cancha a Braian Rodríguez en lugar de Correa. La hinchada silbó a ‘Petete’ que parece ser otro de los que cuando termine el Clausura le dan las gracias por todo.
A los 37 Larrañaga debió expulsar a Bueno que se tiró con los dos pies hacia delante frente a un rival pero no lo hizo. Arregló el tema con una amarilla. De ese tiro libre llegó la mejor de Wanderers que tuvo el empate pero el arquero Sosa tapó un tiro que era gol. Sosa se mostró seguro y no le pesó la responsabilidad. De lo poco rescatable en una tarde pobrísima.
Dos minutos después, Ribas demostró que su frase de cabecera sigue siendo ‘ganar no es lo más importante, es lo único’ y sacó a Bueno para poner a Omar Pérez.
Muchos pensarán que en este momento del club, lo único que importa es ganar. Pero el camino no es el que utilizó contra Wanderers. Con otro rival en frente las cosas hubieran sido distintas.
Peñarol terminó ante Wanderers con cuatro defensores, cinco mediocampistas, un delantero y con Ribas gritando “no te vayas” para frenar a algún jugador que quisiera pasar la mitad de la cancha.
Con tres delanteros, el bohemio buscó el empate pero ya era tarde. Si se hubiera animado antes por ahí se llevaba algo del Centenario. El aurinegro demoraba todo el tiempo que podía para reponer el juego lo que motivó el reclamo de Capitano.
A los 47 minutos con 50 segundos, el partido se jugó hasta los 48, Ribas puso a Maximiliano Arias por Richard Núñez, quien también se fue silbado.
Antes de abandonar la cancha, un poquito de pan y circo. El técnico aurinegro juntó a los jugadores que se abrazaron mientras el DT gritaba. Peñarol ganó con el estilo de Ribas.