Los nueve jugadores que están en la cancha de amarillo y negro se tiran a trancar con cualquier parte de su cuerpo y la hinchada ruge. Ellos, los de adentro, se entregan ante cada pelota y a ellos, los de afuera, les alcanza. El gen del hincha de Peñarol volvió a asomar una tarde soleada pero fría de domingo. Ver al equipo debatirse en condiciones adversas para mantener un resultado provoca una reacción que tiene la marca registrada y que ante River volvió a quedar de manifiesto. El grito de “esto es Peñarol” de un señor mayor en la tribuna resume todo.
Peñarol parece decidido a jugar un partido apocalíptico cada fin de semana. Frente a Fénix padeció la lesión de Antonio Pacheco, la actuación de Enrique Bologna y la derrota de atrás. Ahora ante River jugó más de medio partido con dos jugadores de menos porque Líber Prudente expulsó correctamente a Damián Macaluso e incorrectamente a Marcelo Zalayeta.
Con esa realidad, el 1 a 1 no fue mal negocio para Peñarol. Sobre todo porque el equipo demostró fortaleza anímica y terminó erguido a pesar de los contratiempos.
Pero esa misma hinchada que cantó a rabiar en el final, marcó su desagrado con el equipo en buena parte de la etapa inicial. Los reclamos y silbidos en varios momentos del primer tiempo hicieron hervir al Estadio. Y si bien la forma de plantarse ante los contratiempos deja en un segundo plano el mal funcionamiento que tuvo el carbonero en la primera parte, el equipo de Da Silva volvió a mostrar problemas para marcar y para crear mientras el juego fue analizable.
El termómetro de la tribuna también sirve para asegurar, sin margen para el error, que Leandro Gelpi tiene el respaldo del hincha que piensa que quizá sea momento de terminar de buscar afuera lo que el club tiene adentro. Aún con baches, en el gol de River tuvo responsabilidad, el golero mostró personalidad para suplantar a Fabián Carini el torneo pasado y a Enrique Bologna en este. El final, con la gente coreando su nombre y Gelpi saludando en la mitad de la cancha, pone en un aprieto a Da Silva.
La tarde empezó complicada para el carbonero. River salió desinhibido al campo en busca de la pelota. La consiguió y atacó. Iban apenas tres minutos cuando Peñarol marcó mal en el fondo y Cristian González conectó un tiro de esquina para el 1 a 0.
Los nervios se apoderaron de Peñarol, que comenzó a transmitir una imagen de equipo improvisado dentro del campo. No tenía capacidad de recuperación y las pocas veces que capturaba la pelota no sabía cómo ofender a su rival.
Cada vez que River atacaba generaba peligro. Para peor, a los 13 minutos Macaluso agarró de la camiseta durante 15 metros a Leandro Rodríguez que terminó cayendo en la media luna. Prudente expulsó correctamente al zaguero.
Da Silva reacomodó con Darío a la zaga y Aureliano Torres al lateral.
Sebastián Cristóforo puso un poco de pienso en medio del desconcierto general y generó un par de llegadas interesantes. Pero Peñarol no podía profundizar. Sus delanteros quedaban aislados del resto o lejos del área cuando retrocedían demasiado.
Sin embargo los jugadores de River no supieron leer el partido. Comenzaron a cometer infracciones en las inmediaciones de su arco que le dieron la chance a Peñarol de meter cuatro o cinco futbolistas dentro del área.
Tras una de esas faltas llegó el empate de Olivera a los 39 minutos.
Cuando Peñarol se sacaba el peso de la desventaja y la gente se olvidaba lo mal que había jugado el equipo, llegó la peor decisión de la tarde. Prudente vio algo que el resto de los mortales no observaron y expulsó a Zalayeta. Peñarol quedó con nueve para jugar más de medio partido.
El error alteró cualquier planificación que pudiera hacer Da Silva para intentar ganarlo. El equipo quedó con cuatro en el fondo, Marcel Novick como volante central, Cristóforo volcado sobre la derecha, Carlos Grossmüller en la izquierda y Juan Manuel Olivera como único delantero.
En este contexto, River fue el dueño de la pelota pero no supo cómo lastimar. Peñarol esperó con siete jugadores detrás de la línea de la pelota y con Olivera adelante.
Los pocos tiros que fueron al arco los detuvo Gelpi, Darío y Carlos Valdez se impusieron en el fondo y Olivera justificó su sueldo. El delantero corrió y marcó a todos, cuidó la pelota cuando la tuvo y demostró que la camiseta le calza bien.
River no supo ganar un partido en el que tuvo todo. Las circunstancias del juego lo obligaron a ir por la victoria y no respondió bien. Peñarol se llevó un punto que antes del partido no le servía pero que al final le vino bárbaro. Ahora Da Silva tendrá 15 días para trabajar y la gente para recuperarse. Es que con este nivel de adrenalina un partido por semana es mucho.