Ya desde el sábado a la mañana, en la terminal de Tres Cruces no había tantos jóvenes cargando carpas como en años anteriores. Sólo cuando uno pasaba a los andenes empezaba a encontrar rostros que evidenciaban sueño, escondidos tras lentes negros, con un cigarrillo en la boca y la mochila al hombro.
La ruta tampoco encontró tanta gente como en ocasiones previas. Eran muy pocos quienes se atrevieron a hacer dedo para llegar al kilómetro 180 de la ruta 5.
De todas formas, nada desanimaba a los presentes en el mediodía. Sí, había poca gente. Comer era un trámite rápido y la fila para el baño de mujeres, mínima y soportable. Pero eso no importaba.
El agobiante calor desnudó los torsos de los muchachos. Ellas, las más intrépidas, incluso lucieron bikinis a fines de marzo. Es más, varios de los artistas subieron al escenario “en cueros”, como Gabriel Fuchs, el guitarrista de Némesis, banda ganadora del concurso “Rock del centro” (premio que les abrió la puerta al Pilsen Rock), o también, Ossie Garbuyo, vocalista de Bufón.
Pero antes, para observar a estos y otros artistas, había que entrar. Parece evidente, pero no era tan simple.
Si bien dependía de la puerta que uno eligiese y de la cantidad de gente que había en la fila, los controles policiales fueron bastante estrictos. Decenas de encendedores terminaron junto a otros objetos que pudieran convertirse en proyectiles, bajo control policial.
Esto no significa que se hayan cumplido las reglas. Cámaras de fotos, termos y mates, y sobretodo, mucha pirotecnia se pudo ver dentro del Parque de la Hispanidad, a pesar de su expresa prohibición. Si bien no se podía ingresar comida ni bebida al predio, era muy común ver gente tomando vino, grapa o hasta whisky.
Cuando empezó a sonar Chala Madre, nacida en 2003 con “muchas influencias juntas”, como ellos mismos dicen, el público se acercó masivamente al escenario (que en esta sexta edición fue uno solo con una importante pasarela). En uno de sus tantas canciones que mezclan audazmente el rock con el reggae, fue encendida la primer bengala de la noche. La primera de muchas que se verían en los dos días del Pilsen Rock.
El momento pop del fin de semana estuvo en manos de Cursi, que se atrevió a cantar el principio de “Las décimas” ante la mirada atenta de miles de fanáticos de La Trampa, que se presentaría esa misma noche. Esos versos, y otros como “Atrévete-te-te” de Calle 13, desembocaron en un clásico de Cursi: “La pachanga falsa”.
Kairo Herrera, encargado una vez más de presentar a las bandas y motivar al público a que grite y salte, irrumpió en la presentación de Cursi para entonar algunas estrofas de “Cada noche mía”; lo que despertó en algunos espectadores un cierto enojo que canalizaron insultando al presentador.
La banda local sorprendió al expresarse políticamente en contra del intendente anfitrión. “No sea bobo chiquilín, no lo vote a Vidalín; es lo mismo que Lacalle, Sanguinetti o Gasparín”, cantó Graffolitas.
Otra de las bengalas de la noche se llevó todas las miradas cuando cayó arriba del escenario, mientras Graffolitas daba su show. La sacó rápidamente uno de los plomos y el espectáculo continuó con normalidad.
Sin lugar a dudas, los invitados de esta banda local fueron de los más prestigiosos de todo el fin de semana. El dúo Larbanois & Carrero cerró el recital, cantando “Ocho letras”, con lo que el público, joven y no tanto, alzó los brazos para aplaudir y agradecer por tan emotiva presencia en el Pilsen Rock.
Era el turno de la primer banda masiva, Buitres, que regaló a los miles de presentes momentos clásicos, como canciones de Los Estómagos, que estremecieron a los más grandes. Gabriel Peluffo, legendario vocalista de la banda, se resbaló al empezar el toque. Rápidamente se puso de pie y siguió como si nada. Muchos, por hacer pogo, no supieron del tropezón hasta que el propio Peluffo dijo riéndose: “nunca vi un 'fau' tan grande y que el juez no cobrara nada”.
Se venía otra de las bandas que más pogo merecen, pero La Trampa optó por un espectáculo sin tanta movida, más enfocado a su último disco “El mísero espiral de encanto”. Por ejemplo, el mítico tema “Mar de fondo”, careció de pogo, ya que solamente fue cantado por Alejandro Spuntone, y tocado en la guitarra por Garo Arakelian, en una versión tranquila pero óptima, a pesar de los evidentes problemas de sonido que sufrió la banda.
Laura Romero, guitarrista de Vendetta, volvió a acompañar a La Trampa en Durazno, así como lo hizo en la presentación del disco, en el Teatro de Verano.
Garo aseguró que el Pilsen Rock “dio comienzo a la descentralización cultural en Uruguay” y dijo que sería muy bueno que se siguiera haciendo, con lo que acentuó las versiones de un probable cambio de locación para los próximos años.
Por último, pero no menos importante, estuvo El Cuarteto de Nos. Esos que “hace 25 años no han encontrado nada mejor que hacer”, debutaron en Durazno con buena música, humor y guiñadas a sus fanáticos. En esta ocasión, y “durante la etapa Bipolar”, dijo el vocalista Roberto Musso, junto al VJ Brian Mackern.
Antes de subirse al escenario, las cuatro pantallas gigantes mostraron un video con adelantos de sus nuevos temas y declaraciones de los artistas. Una vez terminado, cuando todo el Parque de la Hispanidad estaba esperando el comienzo del show, al mejor estilo de la banda, las pantallas mostraron una cuenta regresiva, con lo que se acentuó la expectativa. Al llegar a cero, empezó a sonar “Yendo a la casa de Damián”.
Fernando Santullo, cantante de Peyote Asesino, protagonista del momento máximo del evento 24 horas más tarde; subió como invitado del Cuarteto a rapear uno de los temas del próximo disco “Bipolar”, que estará en la calle a fines de abril, según dijo Roberto Musso.
En otro de sus momentos de humor interno, anunciaron como invitado a un guitarrista llamado Ernesto Rodríguez. En realidad, se trataba de Alvin, el batero, que llegó con una guitarra y se sentó junto a sus compañeros en hilera, para poder cantar dos grandes clásicos del grupo: “Bo, cartero” y “Sólo un rumor”, ambos del disco “Otra Navidad en las Trincheras” de 1994.
La primera noche de rock terminaba pero aún quedaba más. La ansiedad del público por la presencia de Peyote Asesino se evidenciaba en camisetas, radios a todo volumen y cánticos típicos de hinchadas de fútbol.
El domingo dio la bienvenida a unos cuantos miles de rockeros más, y permitió visitar el centro a quienes ya estaban en Durazno. Allí mismo, en la Plaza Independencia, se pudo ver al intendente Carmelo Vidalín, entre la muchachada. La mayoría se le acercó para quejarse acerca de la prohibición de ingresar con alcohol al Parque de la Hispanidad. Vidalín, siempre sonriente, dijo que la culpa no era suya, “sino que viene de arriba, y no precisamente me refiero a Dios...”.
La noche dio paso a un rock más pesado que el vivido el sábado. La presencia de la banda de heavy metal Rey Toro cerca de las ocho de la noche, abrió el primer pogo del domingo. Su cantante, “el Chupete” Fabián Furtado, les habló a quienes “nos tachan de comerciales”. Primero preguntó cuánta gente había en Durazno, y de inmediato reprochó a los miles que lo estaban escuchando que solamente van vendidas mil copias de su último disco. “¿Qué tiene de comercial eso?”, se preguntó. “¡Hay que tenerlo igual!”, ordenó con un fuerte grito.
Hereford llevó adelante su espectáculo a base de covers: "Rock and Roll" de Led Zeppelin o "Run like hell" de Pink Floyd, acompañado en la pantalla gigante por la escena de los martillos, de la película “The wall”.
Invitaron al escenario al Chupete de Rey Toro y a Guillermo Peluffo y Hugo Díaz de Trotsky Vengarán a cantar el tema “Hay que matarlos hoy”. “Qué irónico”, comentó una chica con una camiseta de Ramones, “Hay que matarlos hoy, nunca mejor dicho”. Es que, entre los seguidores de Trotsky, ya es costumbre insultar a los integrantes de la banda.
Justamente los más agredidos del rock nacional subieron al escenario del Pilsen rock, no sólo para escuchar insultos, sino también para recibir alguna que otra piedra volando entre los músicos. “Yo sé quién está tirando las piedritas”, dijo Guillermo Peluffo. “No tirés más, ¿o querés policía?”, gritó. Acto seguido, una botella voló directamente al escenario.
Minutos más tarde, el mismo Peluffo se quejó de que estaba prohibido tomar alcohol en el lugar. Fue aplaudido por el público cuando comparó la situación con las peleas en el Palacio Legislativo.
Está acá
El Peyote Asesino mostró toda su fuerza, guardada desde hace 10 años.
El comienzo fue nostálgico: la banda tocó un fragmento de “The Chain”, que acompañado a la señal de ajuste en las pantallas gigantes, recordaba al inicio de un antiguo video de la distribuidora Halven. La idea de antigüedad ya estaba transmitida, durante la hora y pico siguiente, mostrarían que su música sigue siendo tan digna y tan actual como hace 10 años.
“Todos muertos” fue el tema elegido para el arranque. Las imágenes de la pantalla era avasallantes cuando mostraban a miles de personas saltando y cantando al unísono.
El invitado de lujo fue Luciano Supervielle, y más tarde contaron con la presencia de Martín Ferres, encargado del bandoneón de BajoFondo.
Rememoraron covers clásicos de la banda, como ser “Back in black” (al presentarlo, Santullo dijo que iban a tocar “Volvé, negro, volvé").
Los esperadísimos “Mal de la cabeza”, seguido de “El Peyote Asesino”, dieron paso a un cierre ficticio a la una de la madrugada. Sin la intervención de Kairo Herrera, y ante un público nervioso y con ganas de más, el Peyote volvió a escena para cantar “Cable pelado”.
Cerraron su presentación en el Pilsen Rock, ante unas 70.000 personas, y luego de una década de alejamiento de sus fanáticos, con “Gavilán o paloma / El ojo blindado”. El tema es fruto de su primer disco; la primer parte pertenece a un cover del tema de José Luis Perales y la segunda, a la banda argentina Sumo.
“La lluvia cae sobre Montevideo” de Traidores fue uno de los puntos más altos del show, aunque se trató un cover inédito para Peyote. Santullo contó que "por canciones como ésta, muchos de los que estamos acá empezamos a hacer música".