Basta con asistir a un partido de la Premier para percatarse del sustancial peso que tiene toda la parafernalia que los clubes ingleses han orquestado de manera brillante en torno a la pelota y sus 22 protagonistas.
A imagen y semejanza de la NBA, el ‘envoltorio’ otorga un valor añadido al juego en sí que lo acaba elevando a la categoría de espectáculo de masas con mayúsculas. La mayor o menor calidad del duelo en cuestión no condiciona en absoluto el concepto festivo que los ingleses han dado a su competición.
Un universo interminable de actividades tientan a los aficionados en cuanto atraviesan los tornos de acceso al estadio de su equipo o del rival de turno. La creatividad de los departamentos de marketing y ‘hospitality’ de los clubes ingleses cubre además todas las edades, asegurando el entretenimiento de mayores y pequeños durante sus horas de visita al estadio.
En White Hart Lane, feudo del Tottenham, los niños disponen de una sala de vídeo juegos de última generación, cortesía de uno de sus patrocinadores, para emular a sus ídolos de carne y hueso mientras estos calientan sobre el césped o a la conclusión del choque.
Entre tanto, sus padres pueden acercarse al local que tiene la casa de apuestas Ladbrokes en las afueras del estadio para jugarse unas libras a quién anotará el primer gol de los Spurs. Si da en el clavo, se marchará a casa con superávit, ya que los premios pueden cobrarse allí mismo a la conclusión del encuentro.
Si el partido es a última hora de la tarde o de noche, el club oferta una cena en un palco privado en compañía de Ledley King, uno de los mejores zagueros de su historia. Obligado a colgar las botas de forma prematura el año pasado por culpa de una lesión crónica en sus rodillas, en la actualidad ejerce como embajador del Tottenham, donde militó toda su carrera. La lista de espera para disfrutar de esta actividad junto a uno de sus máximos ídolos ya va por 2017.
El cuarto de hora de tregua que ofrecen los descansos permite a los organizadores de eventos montar diferentes juegos sobre el césped, con el balón como actor principal. A todo esto, las tiendas con productos de merchandising y los puestos de venta de bebida y comida rápida, hábilmente distribuidas por todo el perímetro del recinto, facturan a un ritmo frenético y contribuyen a combatir los ‘minutos de la basura’, que siempre los hay.
Si hay algo que el fútbol inglés siempre tiene presente es su pasado. Los clubes fomentan el respeto a la tradición y a sus grandes próceres. No quieren que sus hinchas olviden de dónde vienen ni por quién han llegado a ser lo que son en la actualidad y se lo recuerdan a la más mínima oportunidad, con estatuas como la de Matt Busby a las puertas de Old Trafford, la de Bill Shankly en Anfield (con el lema ‘Nos hizo feliz’) o los cañones dando la bienvenida al Emirates Stadium del Arsenal.
Los homenajes tienen también forma activa con la presencia de esos ídolos inolvidables en mitad de los partidos para que reciban el reconocimiento y el tributo de los hinchas. Así, el Tottenham aprovechó la reciente visita del Tromso noruego a White Hart Lane en la Europa League para homenajear sobre el césped a Erik Thorstvedt, quien fuera portero del conjunto londinense durante ocho temporadas.
El Chelsea hizo lo propio durante el receso del duelo vecinal ante el Fulham con Bobby Tambling, máximo artillero en la historia de los Blues con 202 goles hasta la reciente irrupción de Frank Lampard, el nuevo rey del gol por Fulham Road.
La emotiva vuelta al ruedo del anciano goleador hizo estremecer los cimientos de Stamford Bridge.
La estabilidad de los horarios, definidos con tiempo de antelación, también aporta su granito de arena a la hora de llenar los estadios hasta la bandera. La Premier ha sido capaz de satisfacer las exigencias de las televisiones sin menoscabar los intereses de los hinchas.
Pero esa racional adaptación a los tiempos que corren y sus necesidades no ha mermado un ápice el sabor familiar que siempre rodeó al fútbol más añejo del planeta. La tradición obliga a cada seguidor a invertir 3 libras nada más plantar bandera en los arrabales del estadio en el programa del partido, una revista informativa de gran calidad con casi un siglo de historia. No son pocos los hinchas que encuadernan al final de cada ejercicio estas auténticas bíblias del balompié sajón.
Para saciar la sed de ídolos con la que casi siempre suelen acabar los partidos los más pequeños y otros que no lo son tanto, los clubes suelen habilitar un pequeño pasillo próximo al lugar por donde los futbolistas abandonan el estadio para que éstos firmen autógrafos y se hagan fotos con sus incondicionales.
El pub es el inevitable córner donde los ‘supporters’ echan el cierre a la fiesta con el ‘tercer tiempo’. Las ‘pintas’ corren por la barra con fruición en salas decoradas con camisetas históricas y trofeos varios. El primer análisis de lo que acaba de suceder sobre el césped justifica esa quedada final en un lugar donde, como reza la leyenda del mítico ‘Cheers’, “everybody knows your name” (todos saben tu nombre).
*Nota publicada por el periodista David Ruiz en el blog Grada360.