Y Piñera parece aspirar a repetir la ceremonia con los mismos protagonistas en cuatro años más.
En Chile la ley impide la reelección inmediata, razón por la cual el mandatario apuesta por 2018, avalado por una gestión "realizadora" y por su liderazgo al frente de una derecha renovada.
Piñera, un multimillonario empresario que en 2010 acabó con dos décadas de gobiernos de izquierda en Chile, dejará el gobierno con un aprobación en alza, que llegó al 50%, y su convicción de entregar un país "a las puertas del desarrollo".
En el aspecto político marcó un hito al conminar a la derecha chilena a romper sus vínculos con la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
Fue durante la conmemoración de los 40 años del golpe de Estado que derrocó al socialista Salvador Allende, en septiembre pasado, que Piñera trazó una línea divisoria con la derecha más conservadora, después de calificar de "cómplices pasivos" a quienes guardaron silencio frente a las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura.
También ordenó el cierre de una cárcel especial donde cumplían condena con ciertos privilegios 10 de los más cruentos represores, un paso que ninguno de sus antecesores de centroizquierda se atrevió a dar.
"El legado de este gobierno es un legado que amplía los horizontes de la derecha chilena", afirmó el mandatario, este lunes, en un último encuentro con corresponsales extranjeros, donde además afirmó que quiere seguir en la "política con mayúscula".
Con ambos gestos Piñera logró ubicarse como líder de la renovación de la derecha, y de paso, repuntar en las encuestas.
Pero su falta de carisma y la poca empatía que logró con la ciudadanía, que no dejó de percibirlo como un empresario incapaz de identificarse con los más pobres, le juegan en contra.
"Piñera quiere volver en (las elecciones de) 2017. Pero después de haberse pasado cuatro años en el poder y no poder llegar al corazón de los chilenos, su camino de retorno (al palacio presidencial de) La Moneda será muy difícil", advierte el politólogo de la Universidad Diego Portales, Patricio Navia.
El legado de su gobierno
Pese a que ha negado públicamente su interés en la reelección, Piñera ha dado pasos inequívocos en esa dirección.
Sus últimas semanas al frente del gobierno fueron de una visibilidad inagotable, para evitar el llamado "síndrome del pato cojo" o de pérdida de poder al final del mandato, con una extensa gira de rendición de cuentas.
Con cifras en mano, Piñera mostró como uno de sus principales logros la casi completa reconstrucción del país tras el terremoto de 8,8 grados, seguido de un tsunami, que azotó Chile doce días antes de que asumiera, dejando más de 500 muertos y daños por 30.000 millones de dólares.
En materia económica, su gobierno promedió un crecimiento del 5,4% y la generación de cerca de un millón de nuevos empleos, con una inflación controlada (3%) y un aumento del ingreso per capita de 15.000 a 20.000 dólares.
"Estas tasas no tienen comparación en el mundo. Este gobierno ha dejado a Chile a las puertas del desarrollo", se jactó en un reciente encuentro con corresponsales extranjeros su ministro de Hacienda, Felipe Larraín.
En el aspecto social, aprobó la extensión de la licencia post natal a seis meses y eliminó un descuento del 7% a las pensiones de los jubilados más pobres destinada a gastos en salud.
Un gobernante poco querido
Tras alcanzar un pico de popularidad del 63% después del exitoso rescate de los 33 mineros de Atacama -que le permitió a los pocos meses demostrar la eficacia que había comprometido-, Piñera debió lidiar con las más masivas protestas estudiantiles en décadas en Chile.
Con miles de estudiantes en las calles, Piñera vivió en 2011 los momentos más críticos de su gobierno tras no lograr sintonizar con los ciudadanos, que exigían una profunda reforma de uno de los sistemas educativos más caros y segregados del planeta, herencia de la dictadura de Pinochet.
En una desafortunada respuesta, Piñera afirmó que la educación era un "bien de consumo" y afrontó con tibias reformas las ambiciosas peticiones de los estudiantes.
"Con la derecha hubo más crecimiento y más empleo. Pero la gente también percibió que gobernaba más preocupada de los ricos. El presidente no logró consolidarse como un hombre querido y respetado. No se ganó el corazón de los chilenos", dice Navia a la AFP.
"Piñera prometió mucho más de lo que pudo lograr. Su gobierno fue bueno, pero distó mucho de ser el mejor gobierno de Chile en la historia que Piñera prometió", agregó.
(AFP)