La reconversión de estilos

La definición está servida. El tacticismo de los europeos contra la riqueza técnica individual de los sudamericanos. Alemania y Holanda asoman como colectivos más sólidos con ideas mejor desarrolladas. Brasil quedó mutilado sin Neymar y va al frente con los dientes apretados sobre los hombros de su gente. Argentina se encomienda a la lámpara de Messi. Los cuatro en proceso de transformación.

Actualizado: 19 de julio de 2014 —  Por: Mario Bardanca

BRASIL
Brasil es el lugar en el mundo donde mejor se ha tratado a la pelota pero desde hace un par de décadas -primero con Lazaroni, pasando por Parreira y desembocando en Felipao- el scratch ha desarrollado un viaje del placer al deber. A la selección más ganadora la invadieron las urgencias resultadistas y ahora le cuesta reconocerse. Este Brasil tuneado juega al límite pero ha perdido la alegría.

La presión competitiva desnudó el punto débil de futbolistas que salen a la cancha cargando con los deseos de la gente y el peso de la historia. Lloraron y se expusieron. Scolari salió al rescate acusando a los árbitros y a la organización; desvió la atención para ocultar las carencias de juego.

Tiene a un gran arquero en el punto justo de madurez; la pareja de zagueros mejor cotizada del planeta (Dante, que juega entre alemanes, sustituirá al suspendido Thiago Silva) y dos laterales preparados para despegar. Sin embargo, cuando la inseguridad invade se vuelven vulnerables y se recuestan peligrosamente sobre su arco. En el medio, Luiz Gustavo es el zurcidor que todo lo arregla y Fernandinho recorre más y mejor que Paulinho. Todos juegan al límite o superándolo. La permisividad de los jueces les permite un foul más… o dos o tres.

La gran carencia es la de recursos creativos. Hasta ahora, el equipo se ventilaba con una genialidad de Neymar o su lectura inteligente del juego ocupando los espacios vacíos y haciendo circular la pelota. Sin él se pierde la elegancia. Los brasileños, que tienen añoranzas de Ronaldinho y de Kaká, dependerán exageradamente del intermitente Oscar y sumarán a Willian, un medio ofensivo de juego directo que carece del freno, la magia y el gol de la estrella ausente. Para colmo Fred se pierde de espaldas y Hulk choca demasiado de frente.

Llevar el partido al plano de la disputa y seguir exprimiendo a la pelota quieta parece ser la tabla de salvación. Alemania defiende el balón detenido en zona, lo que aumenta los defectos y desvanece las responsabilidades.

Sostenido por un público que seguirá cantando el himno a capela más allá del límite de los 90 segundos que impone la FIFA; con las herramientas de la psicóloga consultora; mostrando los colmillos afilados; el Brasil que juega como los antiguos panzers procurará detener a la nueva Alemania que se apropió de su identidad. Sin el as y el comodín parece demasiada tarea.

ALEMANIA
Durante décadas Alemania puso de acuerdo al músculo con la eficacia y no paró de ganar. Su juego arrollador tenía vuelo largo pero no elevado. Hasta que Klinsmann decidió ajustar el estilo sumando sin quitar. Al portento físico le agregó inspiración. La obra tuvo continuidad con Joaquim Löw que amasó la materia prima que subía de las escuelas de fútbol que se expandieron cuidando el desarrollo de los atributos técnicos. La idea renovada fue madurando.

Llegaron a Brasil en el punto justo y más allá de altibajos, saben lo que quieren y como conseguirlo. Juegan con cuatro en el fondo y son arriesgados: suben el bloque hasta la media cancha sabiendo que la puerta de atrás está cerrada. Neuer es el arquero más completo de todos. Juega de líbero con sentido de anticipación. No solo es una válida opción de pase sino que domina el espacio total cortándose en carreras oportunas que le permiten llegar a destino
siempre antes. Si alguna pasa, ataja con justa ubicación sin necesidad de excesos de vuelo.
El año de convivencia con Guardiola en el Bayern lo ha desarrollado como modelo de arquero del futuro.

Otra gracia de Pep es la ubicación del capitán Lahm como eje medio con la función de encogerse entre los centrales y sacar la pelota bien redonda desde la base. Los clásicos que resisten los cambios profundos elevaron la voz y en cuartos Lahm volvió a su antiguo espacio lateral. Por adentro tienen a un zaguero exquisito: Hummels juega con la primera marcha puesta, arriesga con la técnica de un organizador y pesa en patio ajeno con cabezazos goleadores. En el medio Schweinsteiger va y viene mientras Kroos localiza a los ofensivos y sus botines son instrumentos de precisión; es el mejor asistidor del torneo. Arriba es rotación pura entre los que llenan el frente ofensivo. El desgarbado Müller es el más productivo: sabe ubicarse con olfato cuando se acerca al gol y nunca se desenfoca cuando se aleja del arco.

Alemania no se altera aunque el rival resista como Argelia o lo desafíe como hicieron Ghana y Francia en los segundos tiempos. Es un colectivo que desarrolla precisión en velocidad mirando siempre hacia adelante. Es el que juega mejor.

ARGENTINA
Tener al mejor del mundo rodeado por tres delanteros que hacen diferencias en las grandes ligas hacía pensar en una máquina arrolladora. Solo bastaba que sintonizaran para disimular algunos problemas de estructura.

Pero los aportes de los distintos fueron esporádicos y los problemas de funcionamiento no fueron disimulados por la marcha sin exigencias que permitía un calendario generoso.
Esta Argentina carece de los recursos colectivos de otras: falta solidez defensiva (Garay juega por todos), consistencia media y juego asociado.

El talón de Aquiles está en el medio. Las intervenciones de un Gago sin rodaje no rompían líneas ni descubrían espacios; su pase delicado se volvió corto, horizontal e intrascendente, a contrapelo de lo que piden las transiciones. Mascherano jugaba con un ojo tapado y los de arriba quedaban desconectados. El ingreso de Biglia aportó consistencia pero sigue faltando sincronía.

Arribaron a semifinales mejorando el control del juego sobre la base del repliegue ordenado y sacrificado de los volantes pero en el andar del partido, por momentos, el equipo se rompe en mitades. Esto pasó ante rivales sumisos que respetan demasiado a la camiseta.

Sin Di María faltará vértigo pero siempre estará asomando la pincelada de Messi que dibuja soluciones únicas. Se lo ve apagado, por momentos deambulando en la cancha, pero cuando entra en trance desarma los partidos.

A Sabella se le terminaron las franquicias del fixture. Cuenta con una columna consistente (Romero crecido, Garay, Mascherano y el genio de Messi) complementada con una de suma voluntades. Para llegar al Maracaná habrá que sostener al 10 con un equipo.

HOLANDA
Sin ganar ganó como ninguna su lugar en la historia. La presión dominante de la naranja mecánica desarrollada por virtuosos de la pelota le reservó un lugar en la memoria colectiva. El mojón de los años ´70 es inevitable en la leyenda mundialista.

La naranja de Van Gaal no tiene tanto jugo pero está en proceso ganador. Un juego práctico y efectivo le permite derribar obstáculos. El entrenador armó su fortaleza defensiva con jóvenes enérgicos e hizo la diferencia con la jerarquía de los mayores vigentes. La línea de cinco defensores es su estación de salida y desde ahí domina el juego desdoblando a los aleros. Se sienten cómodos cuando entregan la cancha replegados para salir con trazos largos y directos, localizando a Robben, que disfruta de los espacios para desarrollar su potencia insoportable edificada en el braceo de velocista y los recortes indescifrables, todo con la sexta marcha puesta. Agazapado espera ese fino finalizador que es Van Persie.

Sneijder está algo lejos del que tejía jugadas de gol en Sudáfrica. Mantiene la pegada genial y le ha agregado el esfuerzo que suma pero no luce. Para disimular ese déficit creativo han mudado a esta versión que usa el contragolpe como método. Pero también, cuando las dificultades aumentan -México encerrado con ventaja o Costa Rica abroquelado desde el principio- toman riesgos llenando los últimos metros. La insistencia paga.

Van Gaal es un pragmático, detallista y obsesivo. La muestra fue la inclusión de Krul en el minuto 119 para atrapar los penales. Estaba hablado y ensayado. Desarrollaron la opción de esperar para despegar. Ir por la pelota eliminando la apuesta de acertar el destino. Si el remate no es potente o bien dirigido las manos llegan. Y Krul, aleccionado, llegó dos veces.
Holanda no es atractivo para el que busca espectáculo pero es un equipo frío y calculador que sabe cómo hacerlo. Neutralizar al rival es su punto de partida. Define los partidos en los segundos tiempos y nunca pierde la línea. Le queda romper el karma de selección trágica.