Nacional empezó ganando con gol de Gustavo Biscayzacú a los 15. Antonio Pacheco empató de tiro libre a los 20 y aumentó a los 39 de penal, pero Bisacyzacú anotó dos goles más, a los 41 y a los 74, para la victoria final.
La imagen después del partido es esta: más de medio Centenario festeja. La temperatura ya bajó abruptamente, pero a ninguno de los hinchas de Nacional les importa. Todos revolean sus camisetas blancas en las tribunas mientras adentro de la cancha, los jugadores festejan de cara a la Colombes. Nacional celebra otro clásico, el tercero ganado de forma consecutiva, y disfruta por ver a su eterno rival en el peor momento de su historia.
El “cancha no tenés, copa no jugás…” lo cantan todos. Grandes y chicos, hombres y mujeres. Es que lo más importante del resultado no son los puntos que sumó Nacional sino los que perdió Peñarol. Con la Anual asegurada para Defensor, Nacional empujó a Peñarol que está casi afuera de la Liguilla. Quedó a tres puntos de River, el último clasificado, con seis por jugar.
El hit preferido de la tarde, queda de lado por un instante para dedicarle la canción a Biscayzacú. Ese tremendo delantero que jugó su primer clásico con la camiseta que ama y que hizo tres goles. “Olé, olé, olé, olé, Grillo, Grillo”, lo vuelven a entonar todos los hinchas.
Biscayzacú se toca el corazón y se besa la camiseta. La gente delira. Ahí está el gigante de la tarde. Después de 37 años un jugador volvió a marcar tres goles en un clásico. En el primero y en el tercero inició él mismo las jugadas y las terminó de cabeza, mientras que en el segundo tocó dentro del área chica un tiro de Nicolás Lodeiro.
Antes de la celebración, hubo un partido que ganó el que quiso ganar. El clásico, lo que no tuvo de bueno lo tuvo de emotivo. Era obvio al ver las integraciones y los equipos en la cancha, que Nacional iba a tener la pelota y Peñarol iba a jugar de contragolpe. Eso pasó.
Con una dupla de delanteros temible, lo de Biscayzacú fue excluyente pero lo de Alexander Medina fue monumental, Nacional empezó mejor. Tuvo la pelota, la manejó con criterio y se puso 1 a 0, tras centro del Cacique que cabeceó el Grillo.
Peñarol era Pacheco contra el mundo. Julio Ribas puso dos líneas de cuatro delante del arquero. Con el resultado adverso, algunos jugadores se animaron a cruzar la mitad de la cancha y Pacheco no estuvo tan solo. Un par de faltas innecesarias de Mauricio Victorino le permitieron al aurinegro llegar dos veces. Los dos tiros libre los remató Pacheco. El primero se fue arriba del palo y el segundo lo metió en el ángulo.
A los 28, se lesionó el arquero de Peñarol Gonzalo Noguera y al técnico no le quedó otra que poner al desterrado Pablo Cavallero, que ni siquiera entrenó con sus compañeros en la semana. Nacional siguió jugando mejor y teniendo la pelota aunque sin profundidad.
Sin embargo el que se puso 2 a 1 fue Peñarol. Una jugada aislada terminó en un penal bien cobrado por el árbitro Roberto Silvera y Pacheco convirtió tras rematar contra el palo derecho.
Pero Nacional respondió y, después de un par de aproximaciones, empató antes del final de la etapa inicial. Un centro desde la derecha lo tomó Matías Rodríguez, quien tocó atrás, Lodeiro tiró y Biscayzacú la desvió.
En el segundo tiempo el único equipo que estuvo en la cancha fue Nacional. Parecía un entrenamiento de defensa contra ataque, en ese ejercicio en que los defensores le tienen que pegar fuerte y lejos pero no pueden pasar la mitad de la cancha. Esa era la imagen de Peñarol. A eso redujo Ribas a Peñarol.
Pero Nacional no tenía claridad para patearle al arco. Ahí fue cuando Pelusso tomó la decisión correcta e incluyó a Ángel Morales por Pablo Caballero. El equipo quedó con línea de tres y el argentino demostró que es un jugador con otro nivel. Tiene todo. Cambio de frente, freno, gambeta y toque corto. Los nervios y la ansiedad de Nacional quedaron de lado porque Matute se dio cuenta que con la pelota y sin desesperar, tarde o temprano llegaría el tercero. Y llegó. Después de una gran jugada en la que Medina levantó un centro y el Grillo volvió a festejar.
En el final Silvera expulsó correctamente a OJ Morales y llegó la jugada polémica del partido. Carlos Bueno entró al área, cayó y el juez sancionó simulación del delantero, le mostró la roja y pitó tiro libre para Nacional. En el Estadio dio la sensación que Silvera tenía razón. La televisión muestra que Sebastián Coates lo toma del hombro a Bueno que se dejó caer cuando tenía todo para empatar. Antes, Matías Aguirregaray tomó de la camiseta a dos rivales en el área de Peñarol. Más allá de jugadas puntuales, nadie puede discutir la justicia del resultado.
Cuando finalizó el encuentro varios jugadores aurinegros quisieron iniciar una pelea que no comenzó porque los tricolores se dedicaron solo a celebrar el triunfo. Los de amarillo y negro eran pura impotencia por otro clásico perdido. Esta vez no dio resultado la táctica de cuadro chico que usó Ribas. Tampoco la decisión de confirmar el equipo 15 minutos antes del inicio. Peñarol perdió su cuarto partido consecutivo y quedó a un paso de ver la Liguilla por TV. Aunque a pesar de lo malo, este modelo de conducción, tanto dentro como fuera de la cancha, logró algo que hacía mucho no pasaba. Que en el Estadio los de Peñarol fueran minoría.
Del otro lado, todo es felicidad. Ganaron otro clásico y de nuevo lo consiguieron de atrás. Colaboraron en el hundimiento de su eterno rival y aprontaron con victoria el partido por Copa Libertadores ante Palmeiras. Vieron a su cuadro protagonista del clásico, con la actitud necesaria para jugar estos partidos y con rendimientos individuales de alto nivel. ¿Qué más se puede pedir? Ver a su eterno rival afuera de las copas internacionales otra vez. En ese sentido, también aportaron su granito de arena.