Al evento asistió una buena parte de los dirigentes de la fuerza política de gobierno, que llegó a Plaza Independencia alrededor de las 17:30 horas. Los grandes ausentes fueron Danilo Astori –que aún se encuentra internado en el Casmu-, y José Mujica.
De la oposición se vieron pocas caras, entre ellas la de la edila colorada Glenda Rondán, que saludó a Daisy Tourné con un fuerte y prolongado abrazo.
Unos minutos después de las 18:00, el cuerpo de Blandengues le dio la bienvenida al presidente Tabaré Vázquez y al vicepresidente Rodolfo Nin Novoa, que salieron de la torre acompañados por sus parejas, y se sentaron junto a los ministros en la primera fila.
Después de entonar el Himno Nacional, interpretado por la Sinfónica y el coro del Sodre (vestido enteramente de bordeaux), el presidente de la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND), Martín Dibarboure, se dirigió a la ciudadanía. “Estamos entregando en forma simbólica una obra que sumó ineficiencia e incapacidad” y que era “el monumento a la inoperancia que tenía como testigo al prócer”, dijo, en referencia a la estatua de Artigas que hay en la Plaza Independencia.
El Poder Ejecutivo encargó a la CND la administración de la obra, y Dibarboure señaló que el organismo que preside creó “una nueva imagen que enterrará su triste pasado institucional” y que se aceptó realizar la obra “para demostrar que podíamos”.
Según indicó, poner la Torre Ejecutiva a punto llevó 22 meses de trabajo y cientos de empleados, pero todo se desarrolló “con profesionalismo” y “sin dramas en la administración”.
Víctor Rossi, ministro de Transporte y Obras Públicas, habló después de Dibarboure y dijo que el Poder Ejecutivo estaba volviendo al lugar en donde siempre debió haber estado.
Al igual que el expositor que lo precedió, el ministro indicó que la obra ponía de manifiesto “la inoperancia” de los antiguos gobiernos. Ahora “el Uruguay puede volver a creer, a entusiasmarse, si lo construimos con responsabilidad”.
Cuando Rossi terminó de hablar, Vázquez se acercó y juntos destaparon una placa recordatoria, que estaba cubierta con la bandera uruguaya. Acto seguido, el maestro de ceremonias pidió que los presentes contaran junto con él la cantidad de pisos que tiene la torre. Mientras el público contó en voz alta, las luces de cada piso se fueron apagando hasta llegar al último, el número 11. En ese instante, el cielo se cubrió de fuegos artificiales que duraron más de dos minutos.
A los veinte segundos de iniciados los fuegos, que iluminaron por completo a todos los edificios vecinos y a Artigas, comenzaron a caer cenizas encendidas que dispersaron a la gente, que en su mayoría se cobijó bajo el techo de la torre o poniendo las sillas de plástico sobre su cabeza. Mientras todos se refugiaban, la banda y el coro continuaron con sus interpretaciones como si nada y llenaron de música ese espacio gris con olor a quemado.
Cuando todos pensaron que la ceremonia ya había acabado, apareció Kanela –férreo seguidor del Frente Amplio, que en estas elecciones apoya a Astori- con diez tamborileros, dos vedettes, cuatro destaques, un gramillero, dos mama viejas y tres banderas. Ofreció un acto de veinte minutos en la Plaza Independencia ayudado por la noche cálida del lunes, que le permitió llevar a algunos de los integrantes de la comparsa casi sin ropa.