Es imposible comentar el partido en orden cronológico porque la última jugada es la más importante del juego. Un centro desesperado para el área lo bajó Bryan Rodríguez y Pablo Pallante devolvió de cabeza. Los brazos del jugador albiceleste estaban bajos y el movimiento de su cabeza fue demasiado claro. Sin embargo el juez Fernando Falce, a quien Cerro no quería que le arbitrara porque entiende que lo perjudica habitualmente, sancionó penal. El descontrol de los futbolistas es comprensible. Con la victoria clasificaba a la Liguilla y ese invento lo complicaba. Desesperados, Pallante y el resto, corrían desde donde estaba el línea a donde estaba el árbitro pidiendo explicaciones. Pero Falce ya había pitado y no dio marcha atrás. Pacheco anotó el penal y estiró la agonía aurinegra.
No fue la única jugada que quedará en el recuerdo de los que vieron el partido. A los 36 minutos, Pablo Cavallero le puso una plancha en el medio del cuerpo a Molina que determinó su expulsión. El golero había controlado la pelota que estaba en el área pero en un rapto de inconciencia golpeó de forma descalificadora al delantero y vio la roja. La jugada no terminó en penal porque el línea sancionó fuera de juego.
De fútbol se vio poco. Peñarol jugó un poco mejor en los primeros 50 minutos, donde generó algunas situaciones de gol que desperdició. A partir del gol de Claudio Dadomo, a los 56 minutos, el que pasó a dominar fue Cerro quien no pudo definir el partido a pesar de crear varias chances.
Lo positivo para Peñarol es que el obsequio de Falce evitó la quinta derrota consecutiva, hecho que hubiera sido histórico. En cuanto al nivel individual lo mejor lo expuso Antonio Pacheco. El “Tony” se la banca y es el único que se salva de la mediocridad general. Pide la pelota, patea los tiros libres, hace las mejores jugadas y pone los mejores pases.
Lo negativo es lo mismo de siempre y tantas veces repetido.