Delbracio señaló que es habitual que en Río de Janeiro las manifestaciones se vivan de forma menos intensa que en San Pablo, donde estuvo el epicentro de las protestas. De todas formas, indicó que “hubo mucho más gente de la que se esperaba”.
En referencia al clima en que se vivieron las manifestaciones contra el gobierno de Dilma Rousseff, apuntó que aunque “estuvo tranquilo” ya que no se vieron confrontaciones, “la gente estaba muy manijeada, muy pasada de rosca, tanto con lo que pedían con los discursos como con las pancartas que llevaban”.
Agregó que “todo el mundo quedó muy shockeado con las cosas que se pedían”, debido a que se alcanzó a ver carteles pidiendo intervención militar en el gobierno.
El centro de los reclamos no fue particularmente Dilma Rousseff sino que también fue incluido el expresidente Lula, se reclamó por la situación de Petrobras y algunos manifestaron que no querían ver a Brasil convertido en Venezuela o cuba, indicó.
Delbracio dijo que, desde su perspectiva, se puede hablar de un perfil de manifestantes “de clase media o media alta” y que en relación a la población de Brasil, vio “mucha gente de piel blanca, de nivel sociocultural medio o medio alto y universitarios”.