Wanderers gana y Nacional toca fondo

Wanderers le ganó a Nacional por 2 a 0 con goles de Matías Santos y Gastón Rodríguez. Los de Arias jugaron con inteligencia ante un rival al que los nervios y la imprecisión lo carcomen ante el primer revés. El domingo, el Tricolor puede quedar último en el Clausura.

Actualizado: 04 de abril de 2015 —  Por: Emiliano Zecca

Wanderers gana y Nacional toca fondo

Pablo Vignali / adhocFotos

El fútbol es cruel, ingrato, despiadado. Lo ha sido con técnicos históricos, con jugadores de época, con equipos legendarios. Y, más terrenal, lo está siendo con el Nacional de Gutiérrez, que pasó de lucir avasallante en el Apertura a poner los pelos de punta en el Clausura.

En nada se parece el Nacional campeón del segundo semestre del 2014 a este que deambula en el primer semestre del 2015. Ya no quedan ni rastros del equipo sólido, fiable, seguro. Nacional es tan frágil como una copa de cristal. Su inconsistencia emocional lo deja paralizado, inerte, ante los problemas que le plantea el juego.

Es incapaz de revertir un resultado adverso e incluso mantener uno a favor. El andar en este torneo lo tiene con dos victorias en siete partidos y con 11 goles en contra, cuatro más que los que recibió en 15 fechas del Apertura.  

Ante Wanderers jugó 30 minutos interesantes, en los que se pareció al equipo que supo ser. Pero bastó que Santos hiciera el primer gol para que al Tricolor le entrara un estado de nervios y un malhumor del que no logró salir.

Los de Arias jugaron media hora sin la pelota, preocupados de no conceder espacios en defensa y sacaron máximo provecho de una cadena de errores defensivos de Nacional. En el segundo tiempo volvieron a defender con ahínco, contaron con un golero que transmitió seguridad y supieron meter un contragolpe ante una defensa que era una invitación al ataque. Pero, sobre todo, se aprovecharon del estado de ánimo de un adversario que está para el diván.

Gutiérrez repitió un equipo que, al comienzo del partido, transmitió buenas señales. Recuperó la pelota con presión alta, la hizo circular con criterio, progresó por los extremos, tuvo velocidad en los últimos metros y generó tres situaciones de gol que no pudo concretar.

La transición de Wanderers corría por cuenta exclusiva de Diego Riolfo, que trasladaba demasiado y le facilitaba la tarea a Gonzalo Porras y Diego Arismendi. Nacional volvía a controlar el balón y tomaba mal parado a su adversario cuando salía del fondo.

Estaba el Tricolor mejor plantado que el Bohemio, tenía mayor intención de juego y protagonismo.

A Wanderers le quedaba incómodo el partido hasta que a los 30 Santos recibió en el segundo palo un centro de Albarracín y puso de cabeza el 1 a 0.

A Nacional lo frenó el gol de una manera muy notoria. Carcomido por los nervios, superado por la adversidad, comenzaron las imprecisiones y el equipo dejó de hacer todo lo que había hecho hasta ese momento.

Los de Arias se apoderaron de la pelota y la comenzaron a manejar con acierto.

El descanso le vino bien a Nacional. Salió más tranquilo y aplicado. Detectó que el partido estaba por la izquierda y puso a correr a Carlos De Pena. El extremo inició todos los ataques peligrosos del equipo ante Alex Silva que no podía pararlo.

Fue De Pena hasta el fondo tantas veces como le llegó la pelota bien jugada pero sus centros nunca fueron bien terminados. Ni Iván Alonso, errático y malhumorado como en sus peores tardes, ni ningún otro compañero estuvieron certeros por el centro del área.

Arias, que llegó a sus 100 partidos con Wanderers, demostró inteligencia. Lejos del entrenador lírico capaz de autodestruirse con fines altruistas, hace tiempo que trata de jugar si puede pero que no se ruboriza si el partido le exige defender.

Ante un rival limitado en defensa, con poca velocidad, puso al veloz Leandro Reymúndez a comienzo del segundo tiempo. Pensó el partido con Bellini como pívot, Reymúndez de corredor y los volantes que llegaran al área Tricolor. Pero luego, cuando Nacional lo desbordó, reforzó la marca, hizo retroceder al equipo y jugó el partido de contragolpe.

Gutiérrez quedó con línea de tres y cinco jugadores de ataque. Ya sin De Pena, el técnico lo cambió por Gonzalo Bueno, el equipo perdió profundidad y ya no fue peligroso. Para colmo quedó expuesto en defensa. Si Nacional es vulnerable parado con cuatro y sin urgencias, la situación en la que jugó el último tramo del partido era una invitación al ataque. Wanderers aceptó el convite y lo liquidó tras una aceleración de Reymúndez que dejó parado a Carlos Valdés y una definición de Rodríguez que dejó juntando pasto a Gustavo Munúa.