30 años, un músico, varias vidas

Dice que no haber planificado la llegada de sus hijos lo conecta más con la vida. Estuvo a punto de “salir despedido a la estratosfera” a comienzos de los 90 con una vida al límite. Se puso “más místico” luego de un problema de salud en 2011. El miércoles 15 Jorge Nasser festeja 30 años de carrera en el Solís, en No toquen nada repasó su vida y su obra.

Actualizado: 12 de julio de 2015 —  Por: Redacción 180

30 años, un músico, varias vidas

(Foto: Twitter - @NoToquenNada)

Miguel Ángel Dobrich: El espectáculo se llama "Nasser 3.0", hace referencia a lo informático, a las mejorías con el paso del tiempo, supone una evolución. Y, a su vez, con humor esquiva la dureza de los 30 años, ¿no?

Jorge Nasser: Exactamente (risas). Usted lo dijo mejor que yo.

MAD: Charlábamos fuera del aire sobre Neil Young, un músico que va variando con las estaciones de su propia carrera. Me pregunto, ¿qué tiene el Nasser 3.0 que no tienen las versiones previas? Porque con vos, uno puede identificar etapas, diferentes encarnaciones de tu yo artístico. 

JN: Creo que el acto -sexual- de tocar. Lo que va a tener es el show mismo, que es la posibilidad real de en una misma noche, en un par de horas, hilar todo eso. En realidad, hay que comprar la entrada para ver si lo logro. Aparte de las notas de prensa, es lo que estoy enfocado en lograr. Una de las cosas que tiene el 3.0 es que no es cronológico, intenta ir haciendo zig-zag en la obra a ver si lo soporta. Hay que ir el miércoles y ver qué pasa.

MAD: ¿Qué estabas haciendo hace 30 años? ¿Dónde vivías? ¿Tenías pareja? ¿De qué laburabas?

JN: Trabajaba en publicidad y como periodista, estaba relacionado al mundo de los medios y la comunicación. Ya había decidido cortar con todo eso y dedicarme a la música porque Jaime Roos me consiguió un contrato en Sondor a mediados de 1984. Grabamos un disco que salió a fines del 84, que se llamó "Era el mismo", producido por él. A partir de ahí decidí quemar las naves y decir "para atrás no volvemos más, de acá para adelante". Estaba viviendo con mi viejo en la Aduana y alternando con Buenos Aires. Estuve como desde el 82 al 87 yendo y viniendo antes de establecerme definitivamente en mi país. Había nacido mi hijo Francisco también, en 1984. 

MAD: Y por comparación, ¿dónde estás hoy? ¿Qué diferencias hay? Ahora tenés más de un hijo.

JN: Tengo tres varones, tres "hijos únicos" porque a todos los distancia una edad de no menos de diez años.

MAD: Sos un valiente porque arrancar cada diez años… ¿Es valentía o inconsciencia?

JN: El último es inconsciencia (risas). No, todos fueron inconsciencias. Hablábamos con mi mujer si era mejor planificar el nacimiento de los hijos o no. Ya sé que mi manager me va a decir que tengo que hablar del show. Es un delirio, estamos en cualquiera (risas). Pero siempre consideré que no planificar los hijos tenía, además de algo de poético, algo que conectaba más con lo vital. Podría pensarse lo contrario pero creo que concebir los hijos sin planearlo me conecta más con la vida. Si vino por algo será. Es algo más mágico.

Joel Rosenberg: Son 30 años de carrera que coinciden con 30 años de democracia. El otro día me acordaba de la línea de tiempo que trazó Tabaré Vázquez en la Plaza Independencia cuando asumió, que tenía mojones marcando cuando había asumido cada presidente. Te propongo algo: vamos tirando mojones del 85 hasta el 3.0. Del 85 ya hablaste, así que vamos al Nasser de 1990. 

JN: Ese Nasser está bueno. Ahí... el cohete estaba prendiendo los motores, en Caño Cañaveral de gárgolas estábamos (risas). Estábamos por salir despedidos hacia la estratósfera. Planificando hacer un disco doble de forma independiente, la tapa la hizo Francisco... Es un momento muy fermental. Estábamos grabando y componiendo y teniendo una vida al límite, todo el tiempo, todos los días. 

JR: 1995. ¿Ya había bajado un poco eso?

JN: Y sí, ya estábamos recogiendo un poco más los frutos. Estábamos regresando a la Tierra (risas). 

JR: En esa nave que se desprende, que aterriza más mansa en el agua. 

JN: Exacto, esa que larga un pedazo. Igual, viste que uno dice que llega mansa, en términos de lo que era el despegue. Pero igual es un palo cuando te das contra el agua...

JR: En el 2000, ya con 15 años de trayectoria, ¿estabas asentado como artista? Te hablo en todos los aspectos. ¿Podías llegar a fin de mes y decir "soy un artista que tengo mis ingresos"?

JN: En el 2000 creo que casi nadie debe haber podido. Fue, junto con la dictadura, el momento más duro para todo lo que es el arte acá. Estábamos refugiados en el boliche "El muro", que creo que llegó a ser el único que tenía música en vivo, allá por la calle Millán, pasando Bulevar. Íbamos mucho para ahí de noche y nos consolábamos un poco. Era un momento de gran soledad y de empezar a sentir que necesitaba un cambio musical, redireccionar mi historia musical hacia otra cosa. Estaba muy complicado todo. En la banda (Níquel) había muchos signos de desgaste. Era un momento de transición pero a algunos de esos los vivís en un entorno favorable. Esta era con mucho viento en contra. Había tristeza. 

JR: ¿En 2005 había pasado ese momento? Estabas en otra etapa musical y artística.

JN: Sí, también, iba en un vuelo en clase económica, no te digo en primera clase pero tranquilo (risas). Hice "Carritos de mi ciudad", hice un disco que se llama "Por milonga", que es bien folclórico. Estaba por la mitad de mi proyecto milonguero, estaba bien. En 2006 nació mi último hijo así que, de alguna forma, estaba concibiendo cosas.

JR: Último mojón, 2010.

JN: En el 2010 no me daba cuenta que venía por una rambla rápida en un coche que me respondía, uno de esos que andan bien, y no sabía qué me iba a quedar sin frenos en el 2011. En el 2010, en realidad, me descubren el temita que tuve en la espalda que derivó en una operación salada y en un cambio de piel por lo intenso y límite, digamos. Así que el 2010 yo ya lo asocio con la inminencia de esa situación, no tanto con algo artístico. Familiarmente, se da una unión en función de esa contrariedad que se avecinaba, se produjo una suerte de juntarnos todos alrededor mío como para sostener lo que iba a pasar. 

JR: Y ya que llegaste hasta ahí, ¿qué Nasser sale de esa operación?

JN: Un "reborn". Yo siempre hago paralelismos con mis héroes. Es algo así como cuando Bob Dylan se hizo cristiano. Cuando te pasa algo con la salud, cuando la vez de cerca a la situación... Fue la primera vez que mi propio cuerpo me alejó de la música. Fue todo un shock porque mi cuerpo siempre era el vehículo. Desde los 6 o 7 años, siempre tuve una guitarra abajo del brazo, de una forma u otra, y durante tres meses no pude tocar la guitarra. Fue muy fuerte. Supongo que salió un Nasser mucho más místico y entendiendo más de qué va la vida.

Miguel Ángel Dobrich: Volviste a la música con tu hijo Fran como productor, con un discazo. Nos contabas que tenés tres hijos pero "Fran" es el más conocido porque es multiinstrumentista, productor y tecladista de No Te Va Gustar. Pensaba si no te resulta demencial que puedas dialogar hoy con él como par, que puedan grabar, pensar en tocar juntos.

JN: Eso es lo que fue pasando en el último tiempo, y que está pasando ahora. Él está pasando de ser "el hijo de" y yo estoy empezando a ser "el padre de" (risas). Eso también es un shock. Ya en 2010, nos empezamos a juntar para armar el compilado de "Abrazo criollo". Ahí tuve la oportunidad de hacer un disco nuevo o hacer una recopilación. Fui conservador, puse el cuadro atrás, puse un 4-4-1-1, e hice un compilado y saqué un solo tema nuevo, "Milonga de las promesas". De esto me arrepiento porque tenía el material para hacer parte de "Pequeños milagros", por eso es un disco doble, en realidad me estaba debiendo el disco anterior. Pero, a su vez, estaba declarándose la enfermedad, no tenía la energía puesta en eso. Ahí empezamos a trabajar juntos de otra forma, más de igual a igual y cada vez más así. Terminamos con él produciéndome un disco para sacarme a mí de la cama y toda la situación médica, junto con Fede Graña y Nico Román, la gente de Los Prolijos, que la verdad que me hicieron el disco. Era como venir de tarde y que ustedes se pusieran a grabar y yo miraba. De repente, me decían: "ahora tenés que grabar la voz". Era una cosa bastante fácil. Yo le dije a Francisco: quiero que hagas este disco y que lo produzcas vos porque no sé si vamos a hacer otro trabajo juntos. Y eso sonó un poco apocalíptico. En realidad, lo que yo estaba intuyendo era lo que iba a venir después, aunque en ese momento no había ni miras de pensar que él iba a ser el tecladista de No Te Va Gustar. Yo sentía que había un período que era ese el de ser "el hijo de Nasser". Había gente que no sabía si tocaba porque era mi hijo. En realidad, siempre tocó porque era un cra, era el mejor que yo podía conseguir y estaba en mi casa.

No podría decirte qué se siente porque debutó a los nueve años, o sea que siempre estuvo vinculado al negocio de la música y a tocar frente a audiencias grandes y chicas. Es un par, como lo decís. Por otro lado, es mi hijo y vamos a ver a River y tenemos...

Joel Rosenberg: Una relación padre-hijo.

JN: Sí, tratamos de tenerla. 

JR: Hablaste de Fede Graña también. ¿Te llevas bien con esa generación?

JN: Sí, salado. Me parece que ahí ya empezaron a aparecer los frutos de lo que sembré.

Miguel Ángel Dobrich: Cualquiera que escucha estos discos, o te ve en vivo, o repasa tu carrera -quizás ahora, entra a Youtube y pone "Jorge Nasser"-, y te ve colaborando con músicos jóvenes. ¿Fran fue la llave para ese diálogo intergeneracional? Porque tu carrera es realmente demencial. Estamos hablando de tocar con popes a lo largo de la carrera, a tocar con pibes que están en llamas ahora. 

JN: Y Fran me ayudó, me alumbraba con la linterna. Cuando lo trajo por primera vez a Fede fue para Autores en vivo, para el show de "Otro juego", que es muy particular, con un cuarteto de cuerdas…

MAD: Sí, lo pueden ver en Youtube.

JN: Sí, lo recomiendo. De hecho, hay montón de canciones que aparentemente podrían estar este miércoles y no van a estar porque no llegan a la altura de lo que se consiguieron en esas interpretaciones. En general, cuando algo está bien, intento no retocarlo, ni remacharlo mucho. Así que, Fran fue la llave pero siempre tuve eso. En el momento en que conocí la música rural, bailable y fiestera, que a nosotros los montevideanos nos separaba de ella un grueso vidrio blindado de canto popular oscuro... 

MAD: El asfalto. 

JN: (risas) No, y esa cosa de resistencia, del compañero, nada que ver con lo que es el folklore ahí. Yo conocí eso en los festivales de folklore. Siempre tuve esa inquietud pero claro, a nivel de quiénes estaban sonando y quiénes la rompían, Francisco estaba recontra por dentro y yo no conocía a ninguno. Es más, cuando lo trajo a Fede, yo decía: ¿este pibe? (risas) Era una locura. El loco, de repente, se ponía a tocar "Tu recuerdo" u otras canciones de Níquel y sabía los piques exactos. Ahí dije: no, estos vienen en serio.

MAD: Otra gente que es cosa seria es La Triple Nelson. Vos colaboraste con ellos en tu disco, haciendo "Buenos Aires vals". Tenés una anécdota al respecto.

JN: En un Boliches en agosto, yo salía de una casa, pasé por un boliche y lo vi a Christian Cary (cantante de La Triple Nelson). Me metí y justo estaba terminando el show. Lo saludé y me dijo: "Jorge, no puedo creer. Vi el video de "Candombe de la Aduana" y uno de los pibes que está subido a los hombros bailando soy yo" (risas). Yo le dije que parecía He-Man, tenía el pelo largo y cortadito. Él estaba en ese show vibrando con la banda y ahora es este musicazo espectacular. Me parece que me voy a ir con una visión diferente de lo que han sido estos 30 años porque realmente han pasado cosas lindas. Esa es otra de ellas.

Joel Rosenberg: Supongo que el show es parte de eso, de darte a vos, de que los invitados especiales que van a estar te recuerden las cosas lindas que han pasado en estos 30 años y que vos puedas vivirlas, como decías antes, haciendo el propio acto sexual, tocando ahí.

JN: En realidad, no creo que sea el momento ahí arriba del escenario el de emocionarse. Los corredores emocionales que va a generar el show son aledaños a lo central que es esto, el acto creativo de estar tocando. Las emociones las reservo un poquito para la ceremonia que se produce cuando tocas música en vivo. Cómo lo reciben los otros y lo que te devuelven al escenario, ahí se provoca una acción y reacción que es la que me parece que nadie puede saber todavía, es la más interesante de todas. Pero digo esto porque no sólo le quise escapar a las tres décadas por lo pesado sino por el ejercicio de nostalgia o la emoción por la emoción misma. Para eso hacemos un asado, nos emocionamos entre nosotros y ya está. 

Miguel Ángel Dobrich: Me llama la atención cómo has dicho en entrevistas que sos mejor en vivo que en los discos. Es cierto, es excelente en vivo, sos implacable: Nasser te puede voltear en el putero o en el Solís, donde sea que toque, te mata. Para mí, sos injusto con tus discos porque también matás en los discos por el amor al oficio que tiene todo artista. 

JN: Sufro menos en vivo. Cuando te ponés a grabar la voz, es raro, no le cantás a nadie. La otra vez hablando con el bajista, Nicolás Román, me decía lo mismo, que le estás cantando al éter. Es difícil concentrarse, no tenés esa parte de la que hablábamos recién que es el otro pero real. Tenés un tipo atrás de la consola que, por más que estén bailando y saltando allá atrás -que convengamos que ayuda-, no se puede comparar. No soy bueno cantando. Voy a ser más preciso, mis tomas de voz son mucho mejores en vivo porque tienen ese ingrediente que es la gente. Yo soy muy amante de lo popular, y lo popular es la gente.