La década ganada

​Este lunes Óscar Tabárez cumple una década consecutiva al frente de la selección uruguaya. Contragolpe, en base al libro Hecho en Uruguay, reconstruye la historia de estos años en los que la selección volvió a ser de la gente.

Actualizado: 07 de marzo de 2016 —  Por: Redacción 180

La década ganada

AFP

“Welcome to New York City”, dijo el piloto. El vuelo de American Airlines tocaba suelo en el aeropuerto John Fitzgerald Kennedy. En la ventanilla de la fila 23, clase turista, Óscar Tabárez cerró los ojos. Pensó en su familia. En sus hijas y en sus nietos. En cuestión de horas se iniciaba su segundo ciclo como técnico de la selección uruguaya. Algo que quería desde hacía tiempo.

Bajó en la calurosa New York a encontrarse con un plantel que no era el que había elegido. Muchas figuras del fútbol europeo no le habían atendido ni el teléfono por lo que el grupo lo había tenido que completar con juveniles.

Tabárez igual se tenía fe. Cuando el 7 de marzo de 2006 acordó su llegada, ya tenía en la cabeza un proyecto integral para el fútbol uruguayo que fue gestando en los años en los que recorría el mundo como integrante del comité técnico de la FIFA. 

No le importó el escenario: la selección eliminada del Mundial de Alemania 2006, selecciones juveniles que tampoco llegaban a los torneos más importantes, el desorden de siempre y un presidente, Eugenio Figueredo, a punto de caer.

La intención era lograr institucionalizar la formación de los juveniles y la representatividad del fútbol uruguayo con la mayor. Estaba convencido que muchas veces los jóvenes pierden la ilusión de llegar debido a un ambiente estático, que solo quiere recibir y no programar. Seguro de que Uruguay tenía la materia prima para poder desarrollarse a partir de un programa de capacitación que le diera más posibilidades competitivas, Tabárez quería tener la chance de dirigir la selección. Lo pensaba desde 1998.

Aquella tarde de mayo de 2006 citó al grupo en la sala de conferencias del hotel. Vestido con el equipo deportivo de la selección esperó que todos estuvieran sentados. Entonces se paró delante de los jugadores y habló.

“Lo único que les vamos a pedir es compromiso y adhesión a la causa. Jugar bien o mal un partido o un torneo está dentro de las posibilidades pero sin adhesión es imposible hacer nada. Eso es lo único que no vamos a aceptar que falte: adhesión”, dijo.

Los futbolistas escucharon atentos. Y dos días después salieron a la cancha para jugar ante Irlanda el primer partido de la era Tabárez.

El compromiso fue la piedra fundacional del proyecto para mejorar una selección que apenas vivía de su historia.  

“Del 2003 al 2005 que estuve sin hacer nada fui contestando preguntas sobre cómo insertarse en el fútbol internacional”, contó el técnico.

Tabárez tenía claro lo que quería. Pero dudaba en un punto clave. Sabía que para que el proyecto avanzara se precisaba apoyo. Y no sabía si lo iba a tener. “Yo necesito que ustedes crean en esto”, les dijo a los dirigentes de los clubes en la sala de sesiones de la AUF.

El proyecto

El proyecto de selecciones nacionales fue la base de todo lo que vino después.

Quedó establecido que los jugadores escogidos debían ser serios, profesionales, comprometidos, capaces de adaptarse al modelo. Era excluyente, y lo sigue siendo, el sentimiento de adhesión. “Sin esa adhesión, esos deseos, ese revivir lo que sentían cuando eran niños, veían a sus ídolos y soñaban con llegar a la selección de Uruguay, es imposible. En la adhesión y el compromiso está la clave que les permite captar que están en un lugar privilegiado y que pueden hacer realidad lo que quieren”, explicó Tabárez.

Tabárez armó un perfil personal y profesional del seleccionado de todas las divisionales. Los que se adaptaron a ese perfil fueron los seleccionables para el DT. Y los que no, se quedaron fuera.

“La idea era respetar a la persona, formar al deportista de forma integral, que tuviese atención en lo personal y en lo técnico, o sea en lo profesional deportivo, y a partir de allí lograr un comportamiento que tenga una línea en todas las áreas de la selección, una línea que pase por el comportamiento adecuado, por el rendimiento adecuado, y en búsqueda del resultado adecuado”, contó el ayudante de Tabárez, Celso Otero.

El día clave

Uruguay había perdido con Perú y Sudáfrica quedaba lejos. Cuando la selección retornó a Carrasco los jugadores soportaron insultos, comentarios hirientes, risas burlonas, miradas acusatorias. “No se borrará nunca cómo nos recibió la gente cuando llegamos al aeropuerto. En el mismo lugar en el que pocos meses después nos recibieron con banderas, la gente nos hacía todo lo imaginable”, recordó el ex jugador de la selección Diego Pérez.

Al otro día Juan Castillo golpeó la habitación de Tabárez.

“Maestro tengo un video que nos va a motivar. Quiero ofrecérselo para que lo incluya en la charla previa al partido con Colombia”, le dijo al DT.

Tabárez lo vio y se emocionó.

“Juan, no voy a presentarlo como si fuera una idea mía si lo conseguiste vos. Hablá con el grupo y proponé mirar el video. Si aceptan lo vemos esta noche”, fue la respuesta.

Sus compañeros aceptaron y la noche previa al partido, luego de la cena, lo vieron todos juntos en la concentración. El grupo fue para la sala de videos sin saber mucho qué iba a ver. Se apagaron las luces y se proyectó.

En la pantalla apareció algo que conmovió al plantel.

Un hombre sin brazos ni piernas, llamado Nick Vujicic, hacía bromas, reía y daba un mensaje de aliento. En el video que se titula “¿Vas a acabar siendo fuerte?”, Vujicic decía, tirado sobre una mesa: “estoy boca abajo y no tengo brazos ni piernas, debería ser imposible levantarme. Pero no. Si fracaso volveré a intentarlo una vez y otra vez”. Y agregaba: “lo importante es cómo vas a terminar”. Finalmente el hombre se incorporaba.

Varios de los jugadores lloraron al verlo. Todos se fueron a las habitaciones mucho más fuertes de lo que habían llegado.

La Celeste clasificó para el Mundial en el repechaje y en Sudáfrica llegó la explosión. En el invierno del 2010 Uruguay fue otro país. Lo mismo pasó un año después, durante la Copa América de Argentina. El paso de la selección por ambos torneos transformó a Uruguay en el país de las sonrisas.

El espejo en el que se ven los juveniles

Sucede siempre a la hora del almuerzo de la selección mayor en el Complejo Uruguay Celeste o en cualquier hotel del mundo. En las mesas están los cubiertos, los platos y las bebidas. Pero la comida se la sirven los jugadores. Cada uno de ellos se para y va a la mesa donde están todas las comidas preparadas por el cocinero Aldo Cauteruccio.

Cambian los nombres. No las costumbres. Es la misma escena que se repite con las selecciones juveniles, estén donde estén.

“Queríamos que los pibes dijeran ‘queremos ser una selección como esa’.  El tema de la solidaridad, del compañerismo, del comportamiento”, dijo Mario Rebollo, ayudante del técnico.

Las juveniles son la plataforma para saltar a la mayor. Eso está escrito en el Proyecto. Y es por eso que Tabárez está en el Complejo entrene la mayor o la sub 15. Incluso, cada vez que una preselección juvenil llega por primera vez al Complejo Uruguay Celeste se encarga de recibirlos y mostrarle las instalaciones.

“Es parte del trabajo y del mostrarles que las juveniles son parte de un todo”, contó el técnico.

La metodología de trabajo es común para todas las selecciones y busca acompañar la evolución desde la sub 15 en adelante. “Se acompaña la maduración desde el punto de vista físico, en las valencias de esfuerzo, de resistencia, respetando las etapas sensibles”, cuenta el profesor José Herrera, preparador físico de la selección.

Con esa metodología arma un perfil del jugador que determina si tiene las condiciones físicas para el deporte. En la selección se prioriza la velocidad, la potencia y el mantenimiento de las carreras de alta intensidad.  “Ha sido una de las cosas que nos ha permitido competir en paridad con el resto del mundo. Porque la parte técnica es básica pero si no va acompañado por determinadas condiciones físicas, no podemos competir”, agrega Herrera.

El hecho de que los jugadores hagan todo el camino asegura una experiencia con la camiseta de la selección que juega a favor. Hay quienes llegan a la mayor con cerca de 200 partidos con selecciones juveniles.

Otro aspecto que se ataca es el psicológico. Dos psicólogas trabajan con los chicos para discutir aspectos del futuro. Lo hacen a partir de un juego en el que se les pregunta cuáles son sus sueños. La mayoría contesta jugar en Europa.

A partir de allí se les plantea “¿qué van a llevar y qué van a dejar en la valija?” Ese juego los pone a pensar. Cuando viene un jugador de la juvenil que ya está en Europa se le pide que cuente su experiencia. “Por lo general dicen que consiguieron lo que sueñan pero cuentan que dejaron cosas importantes como la familia, los amigos, el club de toda la vida. Eso nos da la oportunidad de que se preparen mejor ante un pase al exterior. En ese aspecto, los preparamos mejor que antes”, dijo Tabárez.

Las psicólogas además apuntan no solo a la alta competencia sino a las realidades diarias. Los hábitos, la falta de información sobre la droga o el sexo es parte de la formación integral del futbolista.

Esos pequeños gestos

“Tener una organización racional, que se apoya en cosas que hemos hecho y que las mejore, me parece que es el camino – y no lo digo para mimarme el ego, porque yo por razones de tiempo, en algún momento dentro de poco no voy a estar -  sino porque confío en esas cosas.  Y cuando a veces discuto, planteo mi punto de vista y a veces me enojo, aún con dirigentes, es porque yo me siento en la obligación hasta moral de defender el espacio deportivo”, dijo Tabárez.

Los jugadores captan algunos valores como la dedicación, organización y el respeto con el que el cuerpo técnico hace su trabajo. 

“Nosotros lo cultivamos desde que un chiquitín de 13 años llega a la sub 15 y creo que ahí está la cosa. Porque un tipo de proyecto como este, no por las personas que estamos circunstancialmente, es esencial para el futuro del futbol uruguayo”, comentó Tabárez.

Los jugadores de la selección mayor están en sus clubes pero en el Complejo, el utilero, Edgardo “Minguta” Di Maggio, lustra los botines de Luis Suárez, Edinson Cavani, Diego Godín y el resto. No es para que los usen ellos. Sino para regalar.

Es que los jugadores de la mayor tomaron como norma donar algunos de sus pares de zapatos de fútbol para los juveniles. Tabárez podría repetir: “el camino es la recompensa”.

Cuando entra a la utilería el golero de la sub 15 Mauricio Fratta, "Minguta" le obsequia los guantes de Fernando Muslera y los zapatos de Sebastián Coates. El pibe no lo puede creer. Se los pone, se mira en el espejo y sale hacia la cancha aunque todavía quede una hora para el inicio del entrenamiento. 

*En base al capítulo "El arte de elegir" del libro Hecho en Uruguay, del periodista Diego Muñoz y editado por Santillana en octubre del 2013.