Cuando tenía dos años, Petrona Viera, hija de quien fuera presidente de Uruguay, Feliciano Viera, se enfermó de meningitis. Y, aunque se recuperó, quedó sordomuda. No fue a la escuela y no tuvo amigos, pero encontró una forma de comunicarse: pintaba todo el tiempo.
Expuso en Montevideo, en Buenos Aires y en París. Después vino Torres García y ella pasó, como tantos otros, al olvido. Pero el tiempo pone las cosas en su lugar, dice Emma Sanguinetti, que ahora decidió dedicarle a Petrona el cuarto libro de su colección de arte para niños.
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Casi en acto redundante, están pintando en el estudio de Emma Sanguinetti, sobre la calle Canelones. Pero sólo las paredes. “¿Si pinto cuadros? No es lo mío, no me gusta”, contesta y después de un rato deja ver que le fastidia la pregunta. “Hago crítica y teoría, que es otra de las maneras de vivir el arte”, me explica.
Emma es abogada de profesión y especialista en arte de vocación. Aunque tuvo que trabajar unos años en el mundo judicial, pudo revertir la ecuación de ingresos para vivir de lo que le gusta.
Me cuenta que tiene columnas en muchos medios de comunicación y 148 alumnos en sus cursos. Mucha actividad, que le hace llegar a su estudio a las ocho de la mañana.
En sus viajes compraba libros preciosos de Picasso o de Velázquez para niños (para sus dos hijos). Pero cuando llegaba la hora de contarles sobre Barradas o Figari, no había con qué enseñarles.
- Empecé a recorrer librerías y no había absolutamente nada. Así que me contacté con maestras. Ellas tienen que dar Blanes, por ejemplo, pero no tienen formación en arte o en cómo se mira un cuadro. Y me dije: acá hay un agujero enorme.

Niñas, 1921. Oleo sobre tela, 114 x 118 cm. Petrona Viera (Museo Nacional de Artes Visuales)
Armó un proyecto y golpeó la puerta de Santillana. Quiero hacer una colección de pintores uruguayos para niños así y asá, les dijo. A la editorial le pareció buena idea y arrancaron con Barradas, en 2002.
- Los libros tienen tres patas: un relato muy simple al estilo cuento, donde voy contando los avatares de la vida del personaje. Después hay unas cronologías que sitúan al personaje siendo niño. Por ejemplo, cuando Figari tenía 8 años se viajaba en tranvía, cuando tenía 10, la plaza Matriz era así…
Cada uno me da una excusa. Petrona me dio pie para una gráfica sobre la emancipación de la mujer, que muestra cómo fue conquistando sus derechos.
El tercer plano es aprender a ver: usamos trucos gráficos que permitan a los chiquilines acercarse a los elementos básicos para mirar un cuadro. La composición, cómo se forma una paleta, la línea del horizonte, la compensación de pesos, el equilibrio… Nociones para que encuentren las reglas ocultas de un cuadro.
El objetivo, dice, es erradicar la idea de que mirar un cuadro es aburrido o complicado. “Nunca te va a gustar un juego si no sabés las reglas”.
- En los colegios privados hay clases de arte, pero todas dirigidas al hacer y no al mirar. Es lo que me desespera un poco… Esa fue la primera pregunta que me hiciste: ¿pintás? Pero es un mundo que no sólo se disfruta haciendo. El arte, para el 99% de los mortales, es mirar.

Recreo, 1924 Oleo sobre tela, 86 x 90 cm. Petrona Viera (Museo Nacional de Artes Visuales)
Le cuento de mi mini encuesta en el MSN. A Petrona no la conoce nadie.
- Te creo. Al lado de estos monstruos (dice y señala el ejemplar de Barradas) es una desconocida. Quedó olvidada…
- ¿Sos la primera en reivindicarla?
- No. En realidad, me estoy sumando a un movimiento de revalorización de su obra, que parte de la revalorización del planismo, que es el primer “ismo” que tuvo Uruguay. Fue el primer movimiento plástico con cierta coherencia.
Los planistas estaban marginados porque la batalla la ganó Torres. Vos ibas a los remates y encontrabas cuadros por 300 dólares. Pero la distancia fue poniendo las cosas en su lugar y cada vez hay más exposiciones y una nueva forma de mirar el planismo. Entonces Petrona empezó a aparecer lentamente.
- ¿Merecidamente?
Fue la primera gran mujer del arte, fue nuestra primera pintora de éxito. Y es la introductora de los niños en la pintura nacional. El mundo doméstico, de la mujer cosiendo o del niño jugando no era una temática. Nuestros pintores pintaban paisajes y ella es la primera que introduce al niño como tema.
Es inevitable hablar de su vida. “No tuvo una vida normal. No fue a la escuela, no tenía amigos, no salía de casa. Cuando los padres vieron que le gustaba dibujar, contratan a Guillermo Laborde y él se dio cuenta de su talento. Laborde se pasó 20 años yendo a pintar con ella. Y cuando él murió, ella sufrió un gran golpe. Él era su sostén, porque ella siempre precisó de un apoyo, a pesar de ser una pintora de primera línea.
-¿Qué te gusta de ella?
-Lo que me fascina es el uso del color, que es de una fineza absoluta. Y esa cosa de intimidad, propia de una persona que no está conectada con el mundo.
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La presentación del libro se hizo en la casa donde ahora funciona la escuela Petrona Viera para discapacitados, una casa donde la pintora vivió muchos años.
Al día siguiente, Emma (otra hija de un presidente enamorada del arte) me cuenta por correo electrónico: “La escuela estaba repleta y la gente estaba muy conmovida por poder ver el lugar donde vivió Petrona y visitar su taller. Y bueno, el cierre fue impresionante porque los niños de la escuela de sordos dijeron un poema en el lenguaje de señas”.
Más obras de Petrona Viera en el Museo Nacional de Artes Visuales