Más que un campeonato, una pesadilla

Uruguay perdió 1 a 0 ante Venezuela y quedó eliminada de la Copa América Centenario. Sin juego, intensidad ni ideas, la Celeste mostró su peor cara en el torneo.

Actualizado: 09 de junio de 2016 —  Por: Diego Muñoz

Más que un campeonato, una pesadilla

NICHOLAS KAMM / AFP

Con la versión más rústica, más ramplona que haya mostrado desde hace un buen tiempo a esta parte, a Uruguay no lo salvó ni la siempre presente entrega. Aunque no debería, el fútbol es amnésico y la tristeza que generó el andar celeste se vuelven críticas válidas ante una actuación tan pobre. Por mucho que se deba rescatar de los valores distintivos de la selección, esta vez el equipo vagó en un mar de incertezas de las que no pudo salir.

Ni contra México ni contra Venezuela la selección fue reconocible. Y lo pagó con dos derrotas tan duras como merecidas.

La Copa Centenario resultó una auténtica pesadilla, una experiencia desencantadora para un grupo de jugadores y un cuerpo técnico que fueron los responsables de volver a poner a Uruguay en el mapa del fútbol mundial.

Todo salió mal. Desde la anécdota del himno en el primer partido, pasando por el desamparo de dirigentes que se tomaron el torneo como vacaciones pagas y terminando con un equipo que en la cancha jugó muy por debajo de sus posibilidades.

Los de Tabárez no tuvieron juego asociado ni chispa, carecieron de velocidad y de creación, estuvieron perdidos en todo momento.

Con orden, ambición y piernas, Venezuela lo evidenció de manera descarnada. Le alcanzó con un triángulo final férreo, un mediocampo intenso, la velocidad mental de Guerra para pegarle con Muslera adelantado y la velocidad física de Rondón para anotar el gol.

Tabárez cambió cuatro hombres. Pero no pudo modificar el funcionamiento. Sin velocidad por los extremos ni creación por el medio, todo lo que hizo la selección fue lento y anunciado. Ninguno de los cambios mejoró la actuación general y la imprecisión de todos fue una constante.  

Más ágiles, los venezolanos se sintieron cómodos desde el primer minuto. Salieron a la cancha con dos resultados a favor y eso les vino bien. Guerra por derecha y Peñaranda por izquierda impidieron los ataques del rival y buscaron su momento para atacar.

Luego de casi 40 minutos en los que ninguno de los equipos tuvo lucidez, Guerra tomó la bola luego de un error en el medio celeste, vio adelantado a Muslera y remató desde el medio de la cancha. El golero retrocedió y llegó a manotear pero el rebote en el palo lo tomó Rondón que marcó el 1 a 0.

Después del gol se vio a Uruguay todavía peor porque al bajo nivel se le sumaron los nervios.

Los primeros minutos del segundo tiempo dejaron la sensación de que el equipo había mejorado. Pero fue un espejismo.

Venezuela retrocedió en bloque, le dio la pelota a Uruguay y lo dejó hacer. Fue otra demostración de lo que le cuesta al seleccionado ser protagonista. Una y mil veces fueron sin claridad Maxi Pereira y Gastón Silva mientras que Gastón Ramírez buscó sin éxito por el medio.

Sin plan para revertir las carencias en el juego, la selección tiró de la épica. Pero esta vez no alcanzó. Sobre el final Cavani tuvo el empate que solo hubiese estirado la agonía en un torneo de terror que no debe hacer olvidar tantas alegrías.