Escuchá los goles de Peñarol campeón en #futbolx180.
Después de sobrellevar tormentas, de atravesar mares embravecidos, de superar tempestades, el barco llegó a buen puerto. Peñarol ganó el Uruguayo, principal objetivo del club a comienzo de temporada. Lo hizo a pesar de todos sus pesares, que fueron demasiados.
Ganó el Apertura con Bengoechea como técnico pero en una decisión inentendible, cuando el entrenador había sido confirmado en su cargo, realizado la pretemporada y escogido los refuerzos, lo cesaron a días del inicio del Clausura.
Da Silva llegó con un discurso lleno de promesas que no pudo concretar nunca. En el Clausura Peñarol se volvió un peor equipo que en el torneo anterior, sin juego ni ambición, rústico y previsible, lento y sin ideas.
El colchón del Apertura y el gol salvador de Marcel Novick en el clásico permitieron que el equipo mantuviera la ventaja en la Anual y con ella la ventaja deportiva en la definición.
Plaza Colonia no tiene nada para reprocharse. Ni el más optimista de sus hinchas podía pensar en esta realidad. Contra todo pronóstico se quedó con un título histórico que le abrió las puertas de la definición. A pesar de perder jamás renunció a su idea, mantuvo los rasgos distintivos que lo volvieron campeón del Clausura y no se dejó avasallar por el escenario.
A pesar de que perdió, ningún equipo del fútbol uruguayo tuvo más mérito en este Uruguayo que Plaza. En silencio, con un plantel reducido, con recursos limitados, viajando como ningún otro para jugar de visitante, fue capaz de llegar a un lugar soñado.
En el partido que le dio el título, Peñarol tuvo decisión, compromiso y siempre pensó en ganar. Eso ya fue bastante más que en todo el Clausura.
Da Silva volvió a cambiar y le dio titularidad a Diego Ifrán en lugar de Diego Rossi. Con un 4-4-2 bien definido, el Carbonero salió a jugar lo más cerca posible del arco rival. Intenso Nández, recuperó algunos balones bien arriba mientras que Valverde ponía la sutileza y Murillo era la referencia ofensiva. Forlán estuvo participativo pero sus compañeros jamás detectaron que lo debían asistir. El principal problema era la lentitud de un equipo que demora una eternidad en hacer las transiciones.
Plaza sufrió los primeros 25 minutos. Allí Peñarol tuvo tres situaciones claras para ponerse en ventaja. Sin embargo luego se acomodó y se sacó de arriba a su adversario. En el final del primer tiempo tuvo un par de situaciones que complicaron a Guruceaga.
El segundo tiempo empezó con las mismas características que el primero pero a Plaza le costó mucho tiempo afirmarse.
Con Valdez, Guillermo y Nández amonestados, Plaza se soltó para jugar con velocidad. A los 25 tuvo su premio, cuando una jugada por derecha terminó con el gol de Alejandro Furia.
Los fantasmas sobrevolaron el Estadio Centenario. Cada pelota pesaba una tonelada y el tiempo apremiaba.
Hasta que a los 79 Rossi, un pibe de esos que Da Silva sentó en el banco cada vez que hubo un partido importante porque consideraba que debía apostar por la experiencia, revivió al Centenario.
En los últimos minutos los dos equipos midieron riesgos y el partido se fue al alargue.
Al primer tiempo suplementario Peñarol entró sin cambios por realizar y con Novick y Nández afuera. Mientras, Plaza tenía aún dos variantes por hacer y lucía mejor físicamente.
Consciente de que en los penales habría una carga sicológica durísima de sobrellevar, que tendría mucho más para perder que para ganar, el aurinegro fue el más impetuoso.
Ni bien empezó el segundo tiempo Germán Ferreira fue expulsado por una falta en la mitad de la cancha y dos minutos después Maxi Olivera anotó de cabeza el 2 a 1. Las dos incidencias fueron demasiado para Plaza, que aunque no bajó los brazos evidenció que no tenía fuerzas.
Sobre el final Affonso marcó el 3 a 1.
Peñarol ganó el Uruguayo. Punto. Más allá de la copa no hay cosas para rescatar. El título no debe cegar. Cuando pase el festejo será hora de que los dirigentes definan cómo quieren seguir.
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— Contragolpe (@contragolpe180) 13 de junio de 2016