Figueroa, de 33 años, obtuvo la presea dorada en halterofilia en la categoría de 62 kilogramos, uniendo así su nombre al de la también pesista María Isabel Urrutia (Sídney-2000) y la bicicrosista Mariana Pajón (Londres-2012), ganadoras hasta ahora de las únicas medallas olímpicas de oro para Colombia.
Por ahora, el oro del deportista es la primera medalla del país sudamericano en Rio-2016.
Nacido en el municipio de Zaragoza (Antioquia, noroeste), una zona marcada por el conflicto armado que ha azotado por más de medio siglo a su país, Figueroa es uno de los 6,9 millones de desplazados forzados por la violencia.
Tenía nueve años cuando su familia dejó su pueblo en el Bajo Cauca por los enfrentamientos entre guerrilla y paramilitares. "Nos marcó en su momento", pero eso "ya quedó en el pasado", dijo en abril a la AFP el pesista, que consiguió el único récord olímpico para Colombia en Londres-2012, al registrar en envión 177 kilogramos en la categoría de 62 kilos.
Los problemas derivados por la guerra interna lo llevaron a vivir a Cartago (Valle del Cauca, oeste), donde Figueroa se inició a los 11 años en la halterofilia gracias a la visión de Damaris Delgado, la mujer que descubrió su talento.
"Siempre tuvimos la esperanza de que con él podíamos apostarle al oro olímpico", confió a AFP, emocionado, su amigo Ariel Salazar, que lo acompañó en su entramiento y sabe bien del reto adicional que supuso esta coronación en el podio para la salud del atleta.
Figueroa recibió el pasado enero un implante de dos vertebras, tras una escoliosis, durante una operación que le generó molestias y lesiones, y que puso en duda su desempeño en Brasil.
Por ello, en sus primeras palabras como medallista olímpico dedicó el triunfo al doctor Jorge Felipe Ramírez, "por haberme hecho una gran rehabilitación" y permitir que "mi columna esté 100% con la cirugía que se me practicó".
Su madre, Hermelinda Mosquera, no podía ocultar el goce. "Esto es una alegría inmensa, el ver el triunfo que ha podido obtener Oscar. ¡Gracias a mi Oscar, gracias!", declaró a la televisión colombiana, tras contar que viajó a Brasil sin que su hijo supiera para evitar desconcentrarlo.
"Un eterno inconforme"
En su lucha personal por salir adelante en uno de los deportes que más éxitos le ha brindado a Colombia, Figueroa ya obtuvo la medalla de plata en los Juegos de Londres.
Al regresar al país tras la competición, el pesista prendió las alarmas de los encargados del protocolo en la presidencial Casa de Nariño, donde se había organizado un acto de gala para destacar el desempeño de los deportistas.
En la Plaza de Armas de la sede de gobierno, donde el mandatario Juan Manuel Santos entregaba carros último modelo a los medallistas olímpicos, Figueroa subió sorpresivamente al atril presidencial y demandó más apoyo de parte del Estado para los deportistas.
Entre sus exigencias estuvo la actualización de una ley que se ajustara mejor a la "realidad de nuestros deportistas". "La gloria olímpica sin educación para la vida no sirve de nada", afirmó entonces, ante los ojos atónitos de las autoridades, que intentaron manejar sin éxito la situación.
"Ha sido un eterno inconforme, siempre ha sido un rebelde con causa", dicen quienes han seguido su carrera.
El propio Santos siguió muy de cerca en su despacho este lunes las pruebas que le dieron la medalla, según fotos divulgadas por la Presidencia.
"Colombia empieza a cosechar triunfos en Olímpicos. ¡Óscar Figueroa, oro en levantamiento de pesas!", tuiteó el jefe de Estado tan pronto en la televisión toda Colombia podía ver al flamante campeón lagrimeando de emoción.
AFP