“La revancha” de Inés

Inés Remersaro bajó el récord nacional en los 100 metros libre femenino durante los Juegos Olímpicos. Desde Rio habló con Contragolpe de la carrera, de sus decisiones y de la Villa Olímpica.

Actualizado: 11 de agosto de 2016 —  Por: Diego Muñoz

“La revancha” de Inés

Inés Remersaro en Rio (MARK RALSTON / AFP)

El reloj marcaba las 13:08 del miércoles 10 de agosto cuando Inés Remersaro se subió al cubo cinco en el Estadio Olímpico Acuático, escuchó la bocina y se lanzó al agua. Cincuenta y siete segundos y ochenta y cinco centésimas más tarde, tocaba la piscina antes que el resto de las competidoras de su serie.

El tiempo le permitió a Remersaro bajar su propio récord nacional, de 58.60, y ser la primera mujer en la historia uruguaya en nadar los 100 metros en menos de 58 segundos.

Emocionada, dijo que fue su “revancha”, ya que en Londres 2012, donde compareció con 19 años, no había podido bajar el registro.

Este jueves, mucho más distendida, habló con Contragolpe desde Rio.

“Estoy alegre, contenta, con la satisfacción del objetivo cumplido”, cuenta la nadadora del Biguá.

Para cumplir con ese objetivo, Remersaro tomó decisiones. Algunas de ellas muy duras. Por ejemplo dejar todo en Uruguay y, con 18 años, irse a vivir a Estados Unidos. Allí estudió y entrenó. “Fueron cuatro años lejos de mi familia. Cuando terminé la carrera en diciembre del 2015 (se recibió de licenciada en Finanzas) dije “¿qué hago?”. Y me tuve que replantear varias cosas en mi vida porque si volvía a Uruguay para competir sabía que no iba a poder regresar a Estados Unidos a trabajar”, explica.

Pero se vino. Y comenzó a entrenar con Javier Golovchenko con la intención de llegar a Rio y bajar el récord nacional.

La espera para competir

Remersaro, Martín Melconian y Golovchenko llegaron el 29 de julio a Brasil. “Tuvimos casi una semana hasta la inauguración. Esos días la llevaba más tranquila pero después de la inauguración los nervios aumentaron”, dice la nadadora.

Para no perder la calma en los días previos a la competencia, tuvo varios contactos vía Skype con su sicólogo. “Trabajo con él hace mucho y con técnicas para calmar la ansiedad y los nervios”, cuenta.

Sin embargo, cuando salió del cuarto rumbo a la piscina, cuando se paró frente al cubo, quedó ella sola. “Intenté controlar la respiración, la ansiedad. Me puse los lentes, para no ver ni escuchar a nadie. Para concentrarme en la salida”, recuerda Inés.

La carrera

“El objetivo de la carrera era bajar el récord nacional, aunque sea una centésima. El tiempo buscado era 58.59. Así planificamos la prueba con mi entrenador”, cuenta Remersaro.

Las cosas salieron mejor todavía, porque bajó su propia marca casi un segundo. “Es una barbaridad, aunque la verdad es que no me tomó por sorpresa porque hace un par de meses en Maldonado, había bajado mi tiempo por dos centésimas pero después de otra prueba que había terminado 10 minutos antes. Así que sabía que podía pasar”, dice.

Cuando terminó de nadar miró a la tribuna. Ahí estaban sus padres y su hermano. “Sin ellos no hubiese llegado a donde estoy ahora. Porque en todo momento me apoyaron y acompañaron mis decisiones”, dice.

El sueño de la Villa  

Remersaro tiene perfil bajo. Antes de partir, Biguá la despidió junto a Melconian y Golovchenko en el teatro del club. Se la notaba tímida. Un día después, saludó a cada una de las niñas del club que pudieron conocerla y quedaron encantados de ver a la nadadora olímpica.

En Rio la historia es distinta. Ahí es ella la que se admira con la gente que pasa a su lado. Aunque con un perfil más bajo que Déborah Rodríguez, Remersaro también se sacó fotos con estrellas en la Villa Olímpica. “Me saqué con Phelps, Djokovic, Nadal. No vi a ninguno de la NBA. Pero no las subí porque previo a la carrera estuve por fuera de las redes sociales”, dice.

Ahora empieza otro ciclo olímpico. E Inés ya se ilusiona con lo que hará en el 2020, cuando tenga 27 años. “Las ganas las tengo. espero que el cuerpo me dé también. Tal vez llegue a Tokio. ¿Por qué no?”.