Uruguay vuelve a demostrar de qué está hecho

Uruguay goleó a Paraguay 4 a 0 con dos goles de Edinson Cavani, uno de Luis Suárez y el restante de Cristian Rodríguez. Los de Tabárez dieron otra prueba de carácter y vigencia, con buen juego colectivo y una dupla de delanteros letal.

Actualizado: 06 de setiembre de 2016 —  Por: Diego Muñoz

Uruguay vuelve a demostrar de qué está hecho

Pablo Porciuncula / AFP

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El Uruguay de Tabárez es inmortal. Parece ser que no es suficiente con todas las veces que lo demostró. Como si las cosas conseguidas en el pasado fueran parte de un recuerdo borroso, difuso, perdido, que no contara a la hora de valorar a este grupo de jugadores y a su entrenador.

Alcanza con un par de partidos flojos, con alguna actuación pobre, para que los fantasmas sobrevuelen y se hable de fin de ciclo sin reparar en cómo responde el equipo ante instancias límite.

No cuenta la postura que tuvo la selección cuando se enfrentó a partidos sin mañana en las Eliminatorias para Sudáfrica o en el Mundial 2010, tampoco la noche en Santa Fe ante Argentina en la Copa América 2011, menos las Eliminatorias para Brasil o los triunfos frente a Inglaterra o Italia en pleno Mundial. Una mala Copa América Centenario y un partido frente a Argentina dispararon las críticas más feroces.

Entonces, ante Paraguay en el Centenario, el plantel dio otra demostración de qué le corre por las venas. Apabulló a los guaraníes con fútbol y goles, porque funcionaron los circuitos de juego gracias a una actuación colectiva fue armoniosa y destacada.

La noche contó con la descollante actuación de Suárez y de Cavani. El del Barcelona hizo un desastre en la defensa rival, a la que ridiculizó cuantas veces se lo propuso al caer por los extremos. Una auténtica bestia liberada, que fue un martirio para los rivales. El del Paris Saint Germani jugó donde más influye y anotó dos goles. Algún día se disiparán las dudas sobre la valía de Cavani y la gente disfrutará de la bendición de tenerlo en la selección.

Pero no solo la dupla de delanteros tuvo destacada labor. Matías Corujo cumplió una imperial tarea, Cebolla Rodríguez mostró un ida y vuelta frenético, Gastón Ramírez puso al servicio del equipo su sutileza, Diego Godín y Josema Giménez estuvieron tan sólidos como de costumbre, Gastón Silva se afirma cada día más y Egidio Arévalo Ríos levantó de forma sensible su nivel.

Luego de 15 minutos iniciales en los que Paraguay marcó bien en defensa, Uruguay agrietó el fondo de su adversario por las puntas para comenzar a generar un notorio dominio en el campo.

Sobre todo por derecha, Corujo conectaba con Suárez y generaban desequilibrio. Lo que faltaba era la compañía de Sánchez, errático en el comienzo.

Por izquierda la conexión la intentaban con menos frecuencia pero igual sorpresa Rodríguez y Silva mientras que Ramírez tenía libertad para moverse por el medio a la hora de crear, aunque debía colaborar en la recuperación.

Uruguay llegaba con tres y hasta cuatro futbolistas a las inmediaciones del arco paraguayo y en cada ataque aparecía Cavani por el centro del área.

La Celeste aprovechó el momento. A los 18 salió Corujo con decisión a robar una pelota, adelantó para Suárez que desairó a su marca y mandó un centro para la entrada de Cavani que puso el 1 a 0.

Con el gol el partido cambió por completo. Paraguay, limitado a defender y atacar cuando podía, no tuvo reacción y Uruguay aumentó su control en todos los aspectos del juego.

Ramírez distribuía, Cebolla se lanzaba, Corujo sorprendía. Suárez y Cavani le ponían picante a cada ataque.

Las buenas combinaciones ofensivas se apoyaban en la solidez defensiva recuperada en Mendoza. Una de las señas de identidad de la Celeste es su tensión competitiva, su concentración, su decisión para jugar al límite. Eso es el sostén de todo, lo que permite que las genialidades de Suárez o Cavani hagan la diferencia.

Sobre los 43 llegó el segundo, tras un centro en el que Paraguay marcó pésimo y Cebolla Rodríguez aprovechó.

Paraguay quedó en shock, desconcertado y Suárez se encargó de darle el golpe de nocaut con una jugada individual en la que fue derribado en el área y que derivó en el penal del 3 a 0.

El entretiempo fue una rareza. La gente se miraba en el Estadio sin tener claro cómo reaccionar. Quedaba un tiempo por delante con la certeza de que el partido estaba cerrado. Era demasiado redonda la noche de la selección, estaba atenta en defensa, correcta en el medio, devastadora en ataque, como para imaginar otro final.

A los ocho del complemento llegó el cuarto, generado de nuevo por Suárez y anotado por Cavani.

A pesar de la goleada, jamás Uruguay dejó de jugar con seriedad. Limitó cada ataque de un rival raquítico y buscó algún gol más.

Al final hubo ovación bajo la lluvia para los jugadores de las 30.000 personas que aguantaron estoicas la lluvia y que tuvieron una recompensa merecida.

La Celeste le hizo cuatro goles a Paraguay, así como antes le hizo tres a Colombia y tres a Chile. Para ser, como consideran algunos, una selección ultradefensiva que forma parte de un proceso en decadencia está bastante bien.