Nacional dio una prueba de carácter

Nacional derrotó 3 a 1 a Wanderers en el Viera. El Tricolor empezó abajo pero lo dio vuelta en tres minutos con un decisivo Jorge Fucile, luego Esteban Conde atajó un penal y Martín Ligüera lo liquidó con un golazo.

Actualizado: 24 de setiembre de 2016 —  Por: Diego Muñoz

Nacional dio una prueba de carácter

Pablo Vignali / adhocFotos

Nacional dio un golpe en la mesa y, con autoridad, sacó adelante un partido que se le presentó complicado en buena parte de su desarrollo. Nadie va a descubrir ahora la fidelidad de Wanderers a su estilo, cuán inalterable es a su idea de juego. Aún en ese contexto, el Tricolor se llevó del Viera una victoria demostrativa de sus posibilidades como equipo.

Empezó perdiendo pero revirtió el resultado en un abrir y cerrar de ojos gracias a un Fucile genial. Como en sus mejores tiempos, sorprendió y lastimó por la banda izquierda. De sus pies nació el empate y el 2 a 1. Pero no solo eso. Incansable, en el último instante del partido corrió a presionar la salida de su adversario como si fuera el primer minuto.

También Conde y Ligüera fueron decisivos. El arquero detuvo un penal que podría haber cambiado todo y el volante definió el partido con su inmensa calidad.

Cuando todos pensaron que Otálvaro venía para suplantar a Fucile, Lasarte tenía otros planes. Puso al colombiano por derecha y corrió de sector al lateral uruguayo. La prueba ante Fénix quedó confirmada frente a Wanderers. El que no tiene sitio en el equipo es Alfonso Espino.

Con los nombres de atrás definidos, el entrenador armó el medio con Arismendi y Romero, por delante de ellos Lozano, Viudez y Ramírez mientras que Seba Fernández fue la referencia de ataque.

Wanderers salió a jugar como siempre. El local gobernó la pelota y se paró en campo rival. Con buenas triangulaciones por el medio, donde Nacho González y Matías Santos sobresalieron al inicio, se acercó al arco de Conde.

El Bohemio aprovechó uno de los baches típicos de Nacional, producto de la falta de concentración en la que cae por momentos, y sacó ventaja. Martín Rivas hizo un lateral rápido mientras la defensa no estaba en su sitio, Rivero cedió al medio, Nacho remató, Conde dio rebote y Manuel Castro puso el 1 a 0. Cualquier rival que aproveche semejantes concesiones es capaz de poner en apuros a Nacional. Y más en una cancha chica, donde por una cuestión del tamaño del campo la pelota está más cerca de los arcos. Wanderers lo hizo.

La virtud del equipo de Lasarte fue visualizar que quedaba un buen tramo por delante y meterse de nuevo en partido. Sin perder la calma, estabilizó el juego en la mitad de la cancha, empezó a controlar a los mejores jugadores del rival y se animó a desbordar por las puntas. Lo que faltaba era detectar que el centro tenía que ir por bajo y no por alto.

Entones Fucile agarró la carpeta, se la puso debajo del brazo y se lanzó al ataque. Desbocado, corrió como si fuera el 2010, desairó a Castro, llegó al fondo y puso el centro para que Ramírez le diera de zurda y venciera a Burián.

El empate llegó a los 32. Tres más tarde, de nuevo combinaron Fucile y Ramírez, el lateral tiró otro centro bajo para Fernández, pero el zaguero de Wanderers Diego Barboza, en su intento por devolver, anotó en su propio arco.

Wanderers sintió el impacto pero no perdió su estilo. Aunque le costó mucho acercarse a Conde.

En el comienzo de la segunda parte el local se soltó un poco más. Mantuvo su intención de progresar con la pelota, sin saltear líneas, con conexiones por el medio y velocidad por afuera.

Nacional se agrupó atrás con Arismendi cerca de los centrales mientras que Romero tuvo más libertades para avanzar.

A 20 del final Wanderers construyó una buena jugada por el centro de su ataque y, tras un rebote, Conde hizo penal. Santos pateó sin convicción y el arquero evitó el empate. La jugada cambió el partido.

El arquero se agigantó y todo Nacional se sintió con mayor confianza. Ya con Ligüera en el campo, el equipo manejó la pelota con acierto y no se descuidó atrás.

A nueve del final, el defensa Díaz pisó el balón cuando quiso salir del fondo. El obsequio lo aprovechó Ligüera que ya sabía que hacer antes de tomar contacto con la pelota. Con una sutileza solo para elegidos le pegó de primera, de 35 metros, mientras Burián retrocedía desesperado para intentar detenerla. Fue el 3 a 1 que cerró el partido.