Anitta, la ídola funky brasileña que llega “paradinha” al mercado hispano

Después de “Paradinha”, pegadizo himno de las radios y boliches brasileños en el momento, Anitta, su intérprete, se presentó este mes en el “Tonight Show” de Jimmy Fallon, está actualmente en gira por México, se volvió “la princesa del pop brasileño” para medios de EEUU, se juntó con la australiana Iggy Azalea en el tema “Switch” (la canción que interpretaron en el programa de Fallon y que es una sociedad de beneficio mutuo, ya que la rapera de Sidney debe presentarse pronto en Brasil) y –ahora sí, el objetivo principal e inicial—trata de meterse en el mercado hispánico y norteamericano. Al día de hoy, el tema registra 19 millones de visitas en YouTube.

Actualizado: 06 de junio de 2017 —  Por: Denise Mota

Anitta, la ídola funky brasileña que llega “paradinha” al mercado hispano

Anitta (Difusión)

Especie de mezcla entre Jennifer López, Beyoncé y lo más elemental del ya añejo funk carioca, Anitta (nacida Larissa de Macedo Machado, hija de una artesana y un vendedor de batería de autos) hace por lo menos cuatro años es la reina brasileña de las muchas formas de twerk (o perreo, o cuadradito, en el mundo del baile popular de Río de Janeiro). En “Paradinha”, filmado en Nueva York, ella recurre a fetiches típicamente yankees, como menear las caderas frente a lavarropas (¿cuántas veces lo hemos visto?) o en el metro mientras la gente va y viene del trabajo. En la jerga del funk carioca, “paradinha” (paradita) es el paso de mantenerse sobre el eje de las dos piernas paralelas pero moviendo apenas un costado de la cintura a la vez, con la cola en movimiento ascendiente. Medio ridículo explicarlo. Mejor verlo.

Desde su explosión en 2013 con “Show das Poderosas”, la artista de 24 años introdujo un nuevo personaje al panorama profundamente misógino del funk del país, al mostrarse como una mujer que se empodera al lado de otras, y que se afianza con orgullo en sus dotes físicos, pero no los somete a la aprobación masculina. “Mi ejército es pesado, tenemos poder”, cantaba. Nada nuevo bajo el sol: sin ir más lejos, Beyoncé ya había hecho lo mismo desde sus comienzos con clichés pop como el omnipresente “Single Ladies”. Pero Anitta le dio a los brasileños el allá tan preciado toque verde y amarillo, y no dejó nada al azar: también apostó al taco aguja, can can, porta ligas, ventilador en el pelo, y mucha cola.

Después de la explosión en Brasil –en donde, a pesar de las críticas de siempre, se le reconoce como una auténtica muchacha de suburbio con ambición, humor, talento, ingenio y estilo suficientes para volverse una estrella más del showbizz mundial --, Anitta intenta de forma más directa entrar al mercado internacional. Con un muy buen español, el año pasado la cantante incursionó discretamente en ese universo, al grabar con el colombiano Maluma “Sim ou Não”. Pero la repercusión del tema fue un pálido anuncio de lo que pasaría ahora con su actual hit.

La glamourización del ghetto carioca para fruición internacional viene dando frutos. La prensa brasileña destaca con algo de asombro que, el fin de semana pasado, la artista usó unas botas de 3.200 euros (alrededor de 100 mil pesos uruguayos) en su participación en el MTV Millenial Awards, en México.

Finalmente, es imperioso decirlo: en sus hits prácticamente no se nota, pero Anitta canta bien.