Las filas para ingresar al Velódromo empezaron a formarse un par de horas antes del comienzo del show. Si bien la entrada para el festejo de los 20 años de Buitres citaba a los fanáticos a las nueve de la noche, muchos llegaban a esa hora a hacer la cola -que daba la vuelta a todo el Velódromo-.
Más de 15.000 personas reunidas, esperando un show que ya se convirtió en un clásico del rock nacional, pero que sigue conservando la emoción de la primera vez. Así fue que la noche reunió a centenares de jovencitos entusiasmados en hacer pogo y agitar banderas, a montones de padres con niños chicos -seguramente niños que escucharon a Buitres desde la panza- y a una buena cantidad de “veteranos”, de cuarenta y más. Esos, que parados lejos de la locura del pogo y las bengalas, cantaban bajito los temas que marcaron su juventud.
Con una puntualidad poco esperada por los presentes, las luces del Velódromo se apagaron. Se podían ver sombras de una decena de personas, detrás de una gran tela blanca que cubría todo el escenario. Luego de que la arrancaran de un tirón, aparecieron los cinco Buitres, prontos para tres horas de show.
Gol en el pogo
Con el predio casi repleto, se escuchó al unísono: “Una noche con vos es todo lo que quiero de ti…”, el primer tema de un repertorio amplísimo y, más que nada, “fiel”, como dijo el vocalista de la banda al justificar tantas canciones viejas.
Casi a las 10 de la noche seguía llegando gente, seguramente confiada de que los Buitres no eran puntuales. La gran mayoría de los que sí llegaron en hora, parecían no poder decidir entre el toque y el partido de Uruguay. Una buena cantidad de hombres escuchaban a Buitres con un oído y a la selección con el otro -auricular mediante-.
Incluso, cuando Uruguay marcó el 2 a 1, se escuchó un espontáneo y fuerte “¡Gol!” entre los presentes. Cuando la banda terminó de tocar El cazador, el público comenzó a corear un clásico “Soy celeste, soy celeste…”, mientras que las pantallas gigantes gritaban “Uruguay nomás!”.
En medio de la alegría, Peluffo preguntó cuánto iba el partido y Gustavo Parodi comentó que el miércoles, en la previa del partido con Argentina, toca Buitres. “Culpa del cambio de horario”, argumentó.
Veinte años no es nada
Desde el disco La Bruja, del año 1991, entonaron La última canción. A partir de ese momento las pantallas gigantes -como si fuera un cumpleaños de 15- mostraron fotos viejas de los integrantes del grupo -los actuales y algunos anteriores- en distintas situaciones que evidencian el paso del tiempo.
Paso del tiempo que los Buitres asumen. “Esta canción me gustaba mucho bailarla antes de la operación de cadera”, se rió Peluffo antes de cantar No es una pena.
Pepe Rambao, hoy en la segunda guitarra, le preguntó a la gente a mitad del show si estaban cansados. Ante un evidente “No…”, Rambao comentó: “es porque son jóvenes…”.
Incluso admiten que se han aggiornado. Peluffo agradeció a los fanáticos que les escriben desde Facebook y Rambao aclaró que es él mismo quien responde los mensajes.
El recital se dividió en tres partes porque el repertorio era demasiado extenso como para tocarlo de una. En el primer corte, se mostró un video donde fanáticos -y no tanto- enviaban saludos a Buitres por su cumpleaños. En el segundo corte, la transmisión de las pantallas gigantes se centró, en vivo y en directo, en lo que hacían los cinco Buitres durante el descanso. Al mejor estilo Gran Hermano, una cámara ubicada dentro de la sala donde estaban los músicos junto con sus representantes y asistentes, dejó ver a Gabriel Peluffo cambiarse la camisa, ante lo cual, se escucharon centenares de gritos femeninos.
Bajo la luna
El cielo nublado advertía que iba a empezar a llover en cualquier momento. El viento comenzó a soplar cada vez más fuerte y un cuarto de hora antes de la medianoche, se largó a llover.
Muchos buitreros -en su mayoría los más viejos y los que llevaron niños- se pusieron la capucha y subieron por las escaleras del Velódromo, rumbo a encontrar un taxi y poder resguardarse del mal tiempo. Pero mientras tanto, el grueso del público seguía agitando, bajo lluvia.
Los más valientes soportaron casi media hora debajo del diluvio, pero cuando el agua y el viento se combinaron para empezar a mojar a los propios Buitres, Gabriel Peluffo anunció que iban a terminar el show por peligro de tormenta eléctrica.
Como agradecimiento, o como homenaje, a esos niños que nacieron y crecieron escuchando Buitres, los músicos invitaron a una veintena de gurises a subir al escenario para cantar el último tema: “Toca Buitres, y si muero hoy, el cielo puede esperar".
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