Leo Barizzoni: registrar la pasión

Para un fanático no debe haber mejor experiencia que lograr conocer, presenciar e inmiscuirse en el entorno que adora. Algo así le pasó a Leo Barizzoni, fotógrafo desde 1993 y fanático de Estómagos desde tiempo antes, cuando -gracias a una nota- llegó hasta Buitres y se quedó. Los fotografió durante más de una década y el resultado es el libro El cielo puede esperar, que busca -y logra- contar el detrás de escena.

Actualizado: 28 de Noviembre de 2010 | Por: Matilde Marti

Leo Barizzoni: registrar la pasión

Sin datos (Todos los derechos reservados)

Ya desde el formato, el libro remite a un disco. Cuadrado, de tapa oscura, con el logo de Buitres y un par de inscripciones más, extrañamente, este libro de fotografía carece de imágenes en su tapa.

La primera foto aparece en seguida y no son los cinco Buitres: se trata de un público fervoroso, que entre pogo y bengalas, disfruta de uno de sus tantos shows.

Un plus interesante de este libro es que no tiene sólo fotografías: cuenta con un prólogo de Leo Barizzoni, otro del periodista Aldo Silva -el primer manager de la banda- y otro de Pepe Rambao, en representación de la banda. Además, se cuentan historias, algunas anécdotas de los momentos retratados e, incluso, hay entrevistas de Barizzoni a los tres integrantes históricos de Buitres.

180 conversó con el fotógrafo.

Eras fanático de Estómagos y llegaste a Buitres por una nota. ¿Cómo se dio?

Toda mi vida fui fan de Estómagos. En 1984, yo tenía 13 años y los seguía, era fan, esa cosa del rock uruguayo que salía de la dictadura: era rarísimo ver a cuatro tipos haciendo rock. Cuando se disolvieron, seguí como fan de Buitres.

Yo arranqué en la fotografía en el '93. En el '94 entré en medios de prensa. El contacto fue a partir del '97, que es la primera foto. Pero el vínculo interno con la banda se da en el '99, a través de revista Tres, que hizo un fotorreportaje sobre los 10 años de Buitres. Fui como a cinco ensayos, en realidad podría haber ido a uno, pero como era fan y tenía la posibilidad, les pedía para ir con la excusa de la nota. Me vinculé de esa manera: fui al back de los 10 años en el Teatro de Verano y fue de ahí, de a poco, solicitando permisos, algunas veces ellos me llamaron para alguna foto puntual. Y el trabajo lo fui desarrollando solo.

Foto: Leo Barizzoni.

Ahí empezaste a generar un archivo tuyo, personal, que no publicaste nunca.

Ellos usaron algo en 'Canción de cuna para vidas en jauría'. El trato establecido era: yo voy, hago fotos para mi proyecto, si precisan fotos, me las piden. Pero la mayoría nunca fueron publicadas.

Ese proyecto se fue haciendo solo. Era como una manera de registrar la pasión. Siempre con la cabeza de hacerlo -en lo posible- detrás de escena.

¿Tenías intenciones de hacer un libro?

No, eso fue mucho después. Primero pensé en una exposición, la dejé estar. Con el libro anterior (Uruguayos) también me pasó lo mismo. Y llega un momento que decís, 'tengo tanto material, que vale la pena hacer un libro'.

Acá, en Uruguay, no hay mucho registro de las bandas. Ese tipo de registro.

Decías que tu intención era mostrar el detrás. Buitres quizá sea la banda más fotografiada del rock nacional. ¿Cómo evitaste las imágenes clásicas de escena: a Peluffo con los brazos extendidos o simulando tocar la guitarra con su jirafa?

Hay fotos de escena. El libro arranca con una escena porque el diseñador decidió comenzar con la banda en el escenario, para después meterse en la intimidad. Fue un buen criterio.

En realidad, yo me pongo todas las pilas en el momento en que estoy atrás, porque estoy muy atento a todo lo que está ocurriendo.

Buitres genera muchas fotografías en escena, y muy buenas. Pero en realidad, lo que yo digo siempre es que, más allá de que la foto sea fantástica, es la imagen que la gente generalmente ve: ve luces, ve a Peluffo, ve eso. Es como sacar una buena foto de fútbol, está buenísimo, pero a vos te gustaría ver a los jugadores en el vestuario, en el entrenamiento.

A mí me gusta ver a las bandas que siempre me gustaron de esa manera.

Foto: Leo Barizzoni.

¿Por qué decidiste no poner una fotografía en la tapa?

Es algo muy puntual mío. Quería que el libro tuviera todo lo fotográfico dentro y que afuera, lo vieras y fueras directo a Buitres. Los anteriores libros que hice tenían foto en tapa y en éste no quería: acá quería que fuera como una tapa de disco.

Incluiste textos, tuyos y ajenos. ¿Cómo se entiende eso en un libro que hace énfasis en la fotografía?

Hay un prólogo mío, uno de Aldo Silva y uno de Buitres que lo escribió Pepe Rambao. También hay textos que son historias de fotografías, anécdotas de esos momentos. Luego los entrevisté a ellos tres, por separado: entre lo que les pregunté, estaba la visión que tenía cada uno del otro. Y después historias, referidas desde los hijos hasta de la manera de bailar de Peluffo, por qué y cuándo se dio.

Me parecía bueno que un libro de fotografía se completara con contexto, sobretodo para el fan. A mí en realidad me gustaría leer ese libro sobre The Clash, por ejemplo.

Foto: Leo Barizzoni.

¿Cómo jugó la confianza que fuiste generando con ellos a través de los años?

Eso es fundamental. Creo que en todo ámbito que vos te metas, desde un reportaje escrito, hablado, o éste, es fundamental generar confianza. Y jugó muy positivamente porque yo también soy muy prudente. Sos un intruso -entre comillas- y ellos te pueden aceptar o te pueden expulsar; entonces tenés que aceptar los códigos, las reglas.

En general, yo no hablo o hablo poco, observo mucho, respeto, veo si en un momento sí saco la foto, si en otro capaz que no.

Yo creo que hoy en día no saco fotografías de la misma manera que saqué en el primer ensayo. Me muevo de otra manera.

Y cuando el otro ve el respeto, te da confianza.

Eso se transforma en que ellos te dieron libertad para seleccionar las fotos.

Total libertad. Cuando yo les conté mi idea, me dijeron que sí, 'dale para adelante', y nada más. Por mi cuenta, yo imprimí cosas y les fui mostrando.

Eso habla para mí de una manera de ser de ellos. Era tan fan de la banda de arriba del escenario, que lo mejor que te puede pasar es confirmarlo cuando están atrás. Es raro encontrarte este tipo de personas.