Denise Mota

¿Entre Guardiola y Felipão?

En menos de 24 horas, más de 811.000 personas en Brasil ya se sumaron a un movimiento de recolección de firmas por la contratación de Pep Guardiola como entrenador técnico de la selección brasileña. Pero, según Andrés Sanchez (director de selecciones de la Confederación Brasileña de Fútbol que puede renunciar, o ser echado, de la institución este martes 27), Luiz Felipe Scolari (“Felipão”) es el nombre más probable para estar al frente del equipo nacional.

Actualizado: 26 de noviembre de 2012 —  Por: Denise Mota

A esta altura, todo es posible y los dedos señalan tanto a Guardiola –rumor que ocupó todo el fin de semana en el país— como a cualquier otro de los cinco brasileños más cotizados para el puesto.

Por más que Guardiola haya supuestamente enviado mensaje por un interlocutor misterioso de que podría empezar a entrenar la verde-amarela “mañana” y que este sería el único equipo capaz de hacerlo interrumpir su período sabático de un año en Nueva York –según relata el periodista Walter Mattos Junior en su determinante nota en el diario “Lance”, publicada el viernes, horas después de que cesaran al entrenador anterior, Mano Menezes--, hoy por hoy el catalán tiene mucho a su favor y mucho en contra para poder llegar efectivamente al mando del fútbol de Brasil.

“Hasta el viernes, no había perspectivas reales de que Guardiola asumiera la selección. Ahora, sí. La opinión pública se ha vuelto totalmente a su favor y la directiva de CBF tiene la oportunidad de hacer la elección correcta”, dijo el domingo Mattos Junior, también fundador de “Lance”, a No Toquen Nada. Junior ve en la “gran presión popular” un ingrediente de peso para la decisión. “Hay chances reales de que Guardiola sea el elegido.”

Para Rodrigo Bueno, comentarista de Fox en Rio de Janeiro, esa posibilidad no es palpable. “Yo defiendo la contratación de Guardiola pero tengo conciencia de que eso no va a pasar. Aún queda una barrera muy grande para que CBF le pase el mando de la selección a un extranjero, más aún con un Mundial realizado en Brasil”, dijo hoy a 180. “Felipão (entrenador de Brasil en 2002, cuando el país salió pentacampeón), Muricy (Ramalho, actual entrenador de Santos y la primera opción antes de que se contratara a Mano Menezes) y Tite (entrenador del Corinthians que llevó el equipo paulista a su primer título en la Libertadores) son los favoritos. De ahí deberá salir el elegido.”

Lo que sí queda patente y no deja lugar a dudas es el grado de enfado, frustración y, de cierto modo, desesperación que viene creciendo en el hincha, componentes que explotaron en el fin de semana cuando se abrió una brecha para que el tan preciado cuanto desaparecido jogo bonito vuelva a las canchas.

Es evidente también (y tal vez ahí esté el centro de la importancia, para el brasileño promedio, de si Guardiola al final pisa territorio nacional o no) el miedo a que la selección haga un papelón en 2014 y se vuelva el aguafiestas de su propio festín. Encuestas realizadas de apuro el sábado registraron que un 65,5% de los espectadores de SporTV prefiere a Guardiola, por ejemplo, mientras a un 14,4% le parece mejor Felipão como entrenador. En Fox, la diferencia fue de 31,2% a 21,1%.

“Si Tite vence el Mundial con Corinthians (en 2013), cobrará fuerza. El hecho de que la CBF postergue la decisión para enero vuelca las cosas para Tite pero creo que Felipão tiene muchas chances también porque él tiene el poder de movilizar la nación alrededor de una competencia, como ya hizo en el Mundial de 2002 con Brasil y en la Eurocopa de 2004 con Portugal”, reflexiona Bueno.

La historia muestra que una maniobra de esta magnitud –el traer un entrenador extranjero, por más genial que sea— significa para Brasil un cambio total de paradigma futbolístico. El jeitinho brasileiro se ha consagrado afuera de los estadios pero es también la traducción de las salidas, vueltas, pases inusuales y remates increíbles de una dinastía puntuada por nombres como Tostão, Garrincha, Rivelino, Sócrates, Zico, Romario, Ronaldo, Pelé, conducidos por leyendas como Zagallo o Feola. El jeitinho es hacer las cosas de modo diferente, no siempre de forma correcta pero siempre autóctona. En 98 años de selección, Brasil ha tenido dos entrenadores técnicos extranjeros (un portugués, en 1944, y un argentino, en 1965), que actuaron en tres partidos, todos contra Uruguay.

No tiene nada que ver con xenofobia. Pasa por una cuestión de imaginario colectivo instalado, históricamente reforzado, y con una fuerte noción de identificación cultural que se amplifica dentro de una cancha. Lo nacional y el fútbol no son una mezcla para nada superficial y despreciable, y sobre esto corren ríos de tinta en librerías de todos los estilos en todos los rincones del mundo hace muchos años.

El dicho “la selección es la patria en zapatillas”, por ejemplo, fue creada por el mismo escritor que llamó a Pelé de “rey” por primera vez (Nelson Rodrigues) y, a pesar de los anacronismos del caso, es algo que mucha gente sigue repitiendo cada cuatro años como un mantra.

Así que iniciativas como las páginas de recolectores de firmas que empiezan a multiplicarse en internet, hashtags en twitter del estilo SoGuardiolaSalva (Sólo Guardiola Salva), las encuestas que le dan preferencia sobrada sobre cualquier otro nombre y la campaña que la prensa especializada viene haciendo abiertamente en pro del catalán apuntan a una bienvenida oxigenación de la mentalidad del fútbol brasileño, dicho de modo general. Es como si Brasil, frente a una crisis –o al pánico generado por la sensación de un inminente desastre—, estuviera siendo obligado a repensarse y salir del huevo de autocomplacencia en que estuvo durmiendo mucho tiempo.

Señala también la mitificación del trabajo de un profesional extraordinario que se auto candidatea a salvador de la patria en medio a un escenario muy complicado –en el mejor de los casos, le quedará algo como un año y medio para lograr (entre las idas y venidas de los muchos jugadores que actúan en el exterior) un equipo compacto, disciplinado y sintonizado con su filosofía.

Como toda mitificación es algo peligrosa, emocional y refleja la falta de rumbo vivida por una selección –y la hinchada correspondiente— acostumbrada a tenerlo todo: los goles, los mejores jugadores, las mejores jugadas, la victoria, la seguridad de la victoria.

Ya hace un tiempo ser campeón se volvió una tarea difícil para Brasil (acá puedo intuir varios lectores haciéndose una mueca y pensando que ya está todo arreglado, que Brasil sale sí o sí campeón) pero, por más política (o lo que sea) que se haga adentro y especialmente afuera de la cancha, los resultados no pueden ser totalmente controlados y, de última, están librados al talento, la disciplina y la convicción de los que buscan --y encuentran-- el arco durante 90 minutos.



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