“Le aceptamos el cargo seguro”, dijo a 180 un directivo ni bien se conoció la noticia. Dicho y hecho. El lunes le comunicaron que no continuaría como entrenador tricolor.
Díaz llegó el 9 de julio de 2012 repleto de ilusiones pero también con una pesada mochila. En el mismo momento en el que Marcelo Gallardo dejó de ser el entrenador la gente y parte del periodismo empezaron a pedir a Hugo De León. Sin embargo, el entonces presidente Ricardo Alarcón optó por Díaz y fue tras él.
Al Chavo lo sedujo el desafío y aceptó a pesar de tener contrato vigente con Defensor, En ese momento fue extraordinario ver la facilidad de la opinión pública para ponerse en su piel y decirle qué debía hacer. Lo cierto es que el técnico arribó a Nacional con la sombra de De León a sus espaldas. Y la gente se la agarró con él. “El hincha tuvo bajo nivel de tolerancia”, dijo antes de retirarse de Los Céspedes. Una afirmación tan real como que Díaz nunca le encontró la vuelta ni al equipo ni al trato con la gente.
La hinchada no tuvo compasión. Ante el primer traspié lo eligió como blanco preferido. Cada error del equipo era culpa de Díaz, cada gol en contra era su responsabilidad, cada gol errado era su falla. El Parque se volvió una olla a presión en contra del entrenador.
El balance al final del año no fue bueno: tercero en el Apertura y eliminado por Liga de Loja en la Sudamericana. El funcionamiento colectivo también dejó qué desear. Nacional fue un equipo con problemas defensivos y falta de ideas ofensivas, al que le costó ser protagonista y revertir un resultado, que se mostró nervioso dentro y fuera de la cancha.
Con ese panorama lo ideal era propiciar un cambio. Más cuando llegaba un nuevo presidente que prefería a otro entrenador. Sin embargo el presidente electo, Eduardo Ache, lo confirmó en el cargo. Una de las razones se debió a que la rescisión le hubiese costado al club unos 300.000 dólares. Bastante menos que lo que perdería Nacional si no pasa de fase en la Libertadores 2013 o no clasifica, hoy está cuarto en la Anual, a la Libertadores 2014.
Fiódor Dostoyevski dijo alguna vez que el hombre es un ser que se acostumbra a todo. El paso de Díaz por Nacional es un buen ejemplo. Los dirigentes le trajeron jugadores que no pidió. Las versiones sobre su relación con los jugadores eran constantes. El juez pitaba y ya comenzaban los insultos de los plateístas. En los foros le decían cualquier cosa. La audición partidaria lo destrataba a diario.
El año comenzó con un mal partido ante Barcelona que terminó empatado por Copa. Luego llegó la victoria en la altura de Toluca y la derrota ante Defensor. Una semana después Nacional empató con Cerro Largo 1 a 1. Fue el último partido de Díaz.
Es evidente que la salida no está vinculada a los resultados del 2013 sino al malhumor de los hinchas con el técnico y al desempeño en el Apertura y la Sudamericana.
La directiva debió hacerse cargo en su momento del disgusto de la hinchada y del bajo rendimiento. Un directivo me dijo que no lo hicieron porque tenían fe en que cambiara la pisada. Pero esto no es la Iglesia. No se trata de fe sino de análisis. Y ante la resistencia hacia Díaz todos sabían que no superaría el primer traspié del 2013.
¿No es más traumático, en plena competencia y con un plantel armado, buscar un DT que no eligió los jugadores ni hizo la pretemporada, poner un interinato, generar este clima? A todas luces hubo un manejo desprolijo de la situación. La jugada de la directiva de Nacional sonó populista. Echó al técnico que no quería la gente y le ofreció al ídolo que no fue elegido por Alarcón. “De León es el anhelo de todos”, comentó a 180 un directivo.
Pero De León no aceptó, algo que la dirigencia debió saber antes de sacar a Díaz. El ídolo lo dijo a quién quisiera escucharlo durante todo este tiempo. Sin embargo, el mensaje de la directiva de Nacional fue: "nosotros hicimos lo que querían. Se fue Díaz y fuimos por De León. ¿Qué más quieren?". La historia terminó con un interinato de Juan Carlos Blanco y Gustavo Bueno.
De León pensó en él y no aceptó. Decidió seguir adelante con un proyecto que pondrá en marcha en breve en las escuelas de Rio Grande do Sul. Frío y analítico no alteró su proyecto de vida en los próximos meses. Es válido. Pero ahora fue él quien decidió no estar en Nacional en un momento en el que el club lo necesitaba.
Ya no está Díaz. Tal vez la decisión sirva como un calmante contra los nervios que existen en todos los estamentos del club. Es que no solo el técnico lucía nervioso. Estaban nerviosos los jugadores en la cancha, los hinchas en las tribunas y los dirigentes en el palco. Con ese clima general no hay chance de que las cosas mejoren.
En Crimen y castigo, de Dostoyevski, Raskolnikov asesina a una anciana para salir de sus problemas económicos. Pero la culpa lo carcome y termina confesando el crimen para vivir en paz. Cualquier paralelismo con la directiva de Nacional es pura coincidencia.
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