Johansen nació en Alaska, de madre argentina y padre estadounidense. Vivió en Estados Unidos, Argentina y, durante su adolescencia, dos años en Montevideo. Ese trasiego se nota es su música que recoge mucho de folklore junto a lo urbano del Río de la Plata y se mezcla naturalmente con tonos más rockeros o del pop.
Esa fusión también aparece en la charla. Se atreve a un mexicano perfecto al imitar a Lila Downs, al portugués logradísimo describiendo su encuentro con Daniela Mercury o al tono grave y muy montevideano de Ruben Rada.
En el dvd hay invitados pero sobre todo está la impronta de los dibujos que hace Liniers en vivo y que se proyectan en pantalla gigante. El dibujante no estará en Montevideo pero sí sus ilustraciones. Johansen llega con su banda, The Nada, y promete varias que sabemos todos.
¿Qué características tiene el espectáculo que vas a hacer el 16 en el Solís?
Tiene mucho de lo que es el libro BIS y el disco Bivo en México. Es como el devenir de los últimos dos años con los The Nada, el arte de Liniers que a veces viaja con nosotros y está en vivo, otras está su obra. Pero tiene mucho de lo que hemos hecho por Latinoamérica sobre todo en los últimos dos o tres años.
El hecho de llegar a México fue producto de un efecto medio enredadera, se nos abrió el continente muy orgánicamente. Hicimos lo lógico, Argentina, Uruguay, Chile, de a poco Perú, Brasil que siempre es un milagro y de a poco, al tercer o cuarto año, salió ir a Colombia. En México pasó lo mismo, con el agregado de un convite hermoso de grabar en el estudio de Sony allá, en el DF, un unplugged medio íntimo.
En el dvd ustedes recrean un ambiente muy íntimo, parecido al que tendrá el público al verlo en su casa. Es un toque íntimo pensado para que se vea un ambiente íntimo, la casa del que pone el dvd.
Sí. Creo que en el Solís también podrán ver eso porque ese teatro logra una extraña intimiadad dentro de lo grandilocuente que es. Es muy cálido. Estamos excitados de estar ahí.
¿Desde cuándo son amigos con Liniers?
Desde que él me escuchó en un programa de Fernando Peña. Él estaba muy copado con el disco The Nada, el que me traje de Nueva York. Me escribe un mail. 'Che, yo hago dibujitos...' ¿Viste que él se hace el humilde? (risas) Quedó una relación de amistad rapidísima, como una afinidad estética. El juega con algo naif y por abajo te tira la zancadilla. Me gusta que él es muy antiremate de chiste. Es muy poético, más volado. De algún modo hay una afinidad estética.
Tus letras son de una poesía simple, muy directa. Los dibujos de él también.
Totalmente. En todas las canciones hay improvisaciones que están filmadas, hay animaciones que estás más preparadas, pero hay mucha improvisación. Nos jactamos de que el resultante del espectáculo, esté él o no físicamente, te da la sensación de frescura porque nunca ensayamos nada. Todo fue fijándose a medida que fueron pasando los shows y vimos la reacción del público.
¿Y cuándo fue ese momento en el que dijiste que esto podía funcionar también en un escenario?
Fue como muy orgánico.
¿Pero sucedió así de un momento a otro? ¿Te acordás del momento?
No, porque fue un proceso. Él empezó primero tras bambalinas, aparecía un dibujo de él cada tres o cuatro canciones, tímidamente. Fuimos probando y vimos que nos gustaba y al público también.
Ahora hasta canta y hay un atrevimiento a intercambiar roles.
Vos decís bastante que sos un 'desgenerado', en el sentido que tu obra pasa por muchos lugares distintos. ¿Qué es lo que te da el aire, el ritmo de cada canción? ¿La temática, el lugar donde la compusiste...?
Es raro porque yo me jacto de ser bastante buscador de algo original, que lo que compongo no se parezca a nada. Soy bastante exigente con que si hago dos acordes y se parece a un tema de Pink Floyd o de Coldplay, voy para otro lado. Yo soy muy enamorado de hacer canciones. El estilo viene enseguida, ya sabés... 'milonga o candombe, con aire tanguero, acá tiene que sonar un bandoneón sí o sí, un violín...' El andar del tema, la letra, te van decantando. Si sos pillo más o menos cazás al boleo la esencia de la música, escribís una frase y ta, va de esto.
Has trabajado con muchos artistas a lo largo de tu carrera. ¿Qué debe tener un músico para que busques trabajar con él?
Tengo el sí fácil. Uno es mimoso y pega onda. Con Daniela Mercury me pasó que vino a Buenos Aires a cantar y ella pidió hablar conmigo. Es eso. Por ejemplo yo pensaba que Lila Downs debía ser una diva tremenda. Me la cruzo y tenía que tocar de telonero de ella en un festival latino. La conozco y me dice: 'qué lindo tu disco Sur o no sur, tienes que cantar en los bises con nosotros'. Es como todo un aprendizaje a los prejuicios que uno puede tener.
Me guío mucho por eso. Se te acerca el Negro Rada y te dice: 'yo tengo la voz más grave que vos'. Te cuentas dos historias y te derrite. Me gusta mucho trascender el tema de la música y pegar onda, como pasó con Paulinho Moska, con Drexler, que haya algo que trascienda la cuestión de la carrera. Es como un click que hago.
Siempre se habla de la música rioplatense, por ejemplo el tango, pero creo que en los últimos años ese fenómeno se da cada vez más fuerte por ese constante ir y venir de músicos de un lado al otro. Vos sos uno de los que más ha trabajado en ese sentido, tocando en Uruguay o con músicos uruguayos.
Obvio. Los músicos queremos unificar, al revés que el deporte que divide y cantamos estupideces como “Brasil decime qué se siente...”, queremos juntarnos, queremos que la empatía brille. Ver al otro no como el otro sino que es hora de festejar las diferencias.
¿Te considerás un autor de hits?
No... pero puedo serlo. Tengo una obsesión medio rara con ser inmortal (risas) Viste la famosa frase 'pinta tu aldea y pintarás el mundo'. Bueno, pinta tu tiempo y serás atemporal. Creo que los cancionistas queremos eso, queremos ser los Nacha Guevara de la canción. Una canción vos sentís que está lograda cuando después de 10 o 15 años te la siguen pidiendo.
Si yo buscara hacer hits, capaz que no perdurarían. Sí busco tocar un nervio en un momento sobre lo que me está pasando y que por lo cíclica que es la vida, perdure. Algunas canciones tienen chance.
En ese plan las canciones pueden llegar a vivir mucho tiempo con el artista. ¿Qué pasa hoy con Down with my baby, por ejemplo?
Es una locura. Al mes que sale el disco Sur o no sur lo metieron en el momento del cachondeo de Resistiré y entré como por un tubo al mainstream argentino. Al principio me volaba la cabeza porque iban a pensar que solo hacía temas cachondos en inglés. Eso no estaría mal si fuera así. Pero no lo es. Hago otras cosas también.
¿Hoy qué te pasa con el tema?
Es una canción que me gusta, me parece que está bien lograda. Me gusta lo que dice la canción. Hoy por hoy la disfruto mucho, no la padezco.
Otra canción es Anoche soñé contigo y se la ve usada en ámbitos muy distintos. ¿Qué la pasa al compositor cuando, por ejemplo, en Uruguay se usa en discursos de Luis Lacalle Pou?
Eso no lo sabía... Voy a pedir los derechos. (Risas)
Cuando hacés una cosa que es tan popular eso puede pasar.
Es muy amplio, claro. Te lo piden para una propaganda de autos o de supermercados.
¿Vos cómo lo manejás?
Es curioso lo que pasa porque el poder de una canción, si está buena, trasciende todos esos momentitos riesgosos que pueden pasarle.
Kevin Johansen + The Nada
Entradas de 1.437 pesos a 517 pesos, en venta en Red UTS (disponibles solo en los valores más altos).
Teatro Solís
16 de octubre a las 21 horas.