Diego Muñoz

Nuestra Generación Dorada

No había teléfonos celulares ni internet, y para ver televisión de otro país había que tener parabólica. Desde aquellos tiempos, en la AUF no sucedía algo similar a lo ocurrido en la asamblea de clubes del martes 23 de agosto de 2016.

Actualizado: 24 de Agosto de 2016 | Por: Diego Muñoz

Por primera vez desde que la ruindad de Eugenio Figueredo se juntó con la avaricia de Francisco Casal y se construyó el hegemónico poder de Tenfield, los clubes no votaban una propuesta que se opusiera a otra de Casal.

Pero esta vez sucedió. Con mucho miedo de parte de varios actores, con dirigentes llenos de mezquindades, pero sucedió. Por un voto ganaron quienes apoyaron una propuesta que no admitía discusión. ¿Cómo se puede entender que el resultado haya estado en duda hasta el último voto, si se trataba de una propuesta 4,7 veces mayor a la otra? Inexplicable si no fuera por el poder que ejercen Casal y Tenfield dentro de la AUF. Cualquiera que haya estado 23 segundos dentro de la Asociación lo sabe.

Ese poder que construyó gracias a Figueredo, quien en 1998 le hizo un moño y le entregó la Asociación. Porque para entender el presente, hay que conocer la historia.

Como detalla el libro “Figueredo, a la sombra del poder”, en el contrato suscrito el 20 de noviembre de 1998 se estableció que la AUF cedía a Tenfield SA “los derechos de publicidad estática audiovisual, publicidad virtual y de transmisión televisiva y/o audiovisual para la explotación comercial de los encuentros de fútbol correspondientes a la selección nacional de mayores y juveniles”.

Además Tenfield obtenía los derechos de los partidos correspondientes a las Eliminatorias para los Mundiales a disputarse en los años 2002 y 2006, y cualquier campeonato de selecciones que se realizara en Uruguay.

También se hacía de “los derechos de Esponsorización exclusiva sobre la vestimenta en general y ropa deportiva de las selecciones” y se agregaba el derecho a contratar a fabricantes y distribuidores. Además, se aseguraba la exclusividad en la explotación de productos comercializables, como álbumes, figuritas o promociones de cualquier juguete o alimento que pretenda ser vinculado a la selección. Tenfield tenía además el nombre “selección nacional” para explotar y la potestad de organizar tres partidos por año y quedarse con el caché y la recaudación correspondientes a la AUF. La empresa también le pagaba un dinero a la Mutual y usufructuaba la imagen de todos los asociados.

Ese acuerdo inicial que firmaron Figueredo y Casal se prolongó con extensiones oscuras acordadas a espaldas de los clubes hasta el 2008, cuando José Luis Corbo acuciado por la realidad económica volvió a extenderla en un proceso al menos limpio. Fue el Ejecutivo de Sebastián Bauzá el que decidió que los derechos sobre la vestimenta, marketing y merchandising volvieran a pertenecer a la Asociación.

En todo ese tiempo Tenfield explotó comercialmente la camiseta celeste y la imagen de los jugadores de la selección sin tener siquiera que pedir permiso. En todo ese tiempo se vendió la mentira de que nadie ponía plata en el fútbol uruguayo salvo Casal. La realidad es que cuando viene alguien, ayer Full Play y hoy Nike, accionan todos los mecanismos habidos y por haber para echarlos de la aldea. 

Si una vez en 18 años Casal y su empresa perdieron una votación en la AUF, si la prepotencia y el miedo que ha sido su sello de identidad no funcionó del todo con los dirigentes, fue gracias a la intervención del plantel de la selección, dispuesto a sacudir las estructuras, cansado de que se quedarán con la plata que genera.

Decididos a terminar con una realidad que los molesta desde hace años, se involucraron con la Celeste tanto como cuando salen a la cancha.

Diego Godín, Luis Suárez, Edinson Cavani, Diego Forlán, Diego Lugano y algunos más están en otro nivel, a otra altura y son capaces de decidir por sí solos sin temor a represalias ni necesidad que Casal les suba o baje el pulgar.

El plantel, con Godín y Lugano a la cabeza, acercó la propuesta de Nike. Más allá de la marca, el actual capitán juega con Puma y el ex capitán no tiene contrato con nadie, lo que vieron fue una posibilidad de ayudar a la AUF y de empezar a recibir lo que le corresponde.

Los derechos de imagen que les pertenecerán a los jugadores a partir del 1 de enero de 2017 se mezclan con los de la vestimenta. Ellos son dueños de sus nombres, números, voz y caras mientras que la AUF tiene la camiseta y el escudo. Por eso era tan importante el dinero que pagara la marca, porque en base a eso se determinarán los futuros ingresos.

Del dinero que los jugadores recibirán al año por derechos de imagen, le darán a la Mutual los 200.000 dólares que al día de hoy recibe de Tenfield y el resto será para los seleccionados de ese año. Es decir que ni Lugano ni Forlán ni ningún otro ex jugador recibirá un peso a cambio. Mientras, las empresas que quieran patrocinar a la selección irán directo a la AUF y dejaran allí su dinero sin pasar el filtro de Tenfield.  

Sin la intervención de ellos, sin el comunicado duro pero necesario que hicieron público, todo hubiese quedado igual.

Contaron, esta vez, con la decisión del Ejecutivo de Wilmar Valdez que se involucró en el tema y priorizó los intereses de la AUF por sobre todas las cosas. Por más que sepan que se vienen horas complicadas, en este caso no dudaron en apoyar una propuesta que equilibra durante siete años las cuentas de la Asociación.

Ahora Tenfield tiene 20 días para igualar la propuesta de Nike. Si lo hace, dejará expuesto cuánto más podría haber pagado la empresa que en su fundación decía que nacía para ayudar a los jugadores uruguayos. Si de 750.000 dólares anuales pasa a pagar 3.400.000 todo quedará más claro todavía.

Sea cual sea el final, los jugadores ya ganaron. Y la AUF también ganó. Porque quedó claro que el disenso está permitido. 

El cuarto puesto en Sudáfrica 2010, el título de la Copa América en Argentina 2011, los imborrables triunfos ante Inglaterra o Italia en Brasil 2014, podrían haber sido un colchón para quedarse recostados sin sobresaltos. En cambio, decidieron usar los éxitos deportivos como trampolín para, fuera del campo de juego, profesionalizar una estructura que necesita independencia y transparencia. Son nuestra Generación Dorada.

 



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