“La película siempre está delante de la vida”

Pablo Stoll siente que sus películas anteriores “envejecieron bien”. “Está bueno”, dice, porque “va renovando la alegría” de haberlas hecho que “sigue estando ahí”. Ahora presenta “3”, con críticas que nuevamente lo colocan como uno de los directores más prestigiosos en Uruguay. “Es imposible creértela. El prestigio te lo dan otros, no es tuyo”, le dijo a 180.

Actualizado: 06 de mayo de 2012 —  Por: Mauricio Erramuspe

“La película siempre está delante de la vida”

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“Lo que va a quedar de nosotros son las películas”, dice Pablo Stoll tras el estreno de “3”, su segundo largometraje en solitario y el cuarto de su carrera como director. Protagonizada por Humberto De Vargas, Sara Bessio y Anaclara Ferreyra Palfy, la película plantea un triángulo familiar que comienza a rearmarse. O no.

De cómo fue hacerla y de cómo es convivir con un mismo proyecto durante cinco años, postergando asuntos personales en función de la próxima película. De ser un director reconocido, quizás el mejor de Uruguay. De la dirección de actores, de la importancia del casting y de la ansiedad de cada estreno… de esas cosas va esta entrevista de 180 con Stoll, a pocos días del estreno de “3”, recomendadísima y en cartel en varias salas del país.

¿Cómo vivís el proceso tan largo de producción? ¿Cómo hacés para mantener las ganas?

De primera aprendimos que era así. 25 Watts la empezamos a escribir cuando teníamos 20 y la filmamos cuando teníamos 25. Y cuando la escribimos nunca pensamos que la íbamos a filmar, miles de veces perdimos las ganas, la fe. Después la recuperamos, nos dimos cuenta que era así, hay tiempos largos, cosas que no dependen de vos como la presentación ante un jurado, los fondos, tiempos que están estipulados por otros lados.

Hay momentos en que te pudrís. Tengo miles de ideas escritas por la mitad. Pero después el peso de las historias en sí mismas, que por algo llegaron a ser un guión y estar en todas esas instancias, termina ganando a la ansiedad. Hay que tener paciencia y confiar en la historia que tenés para contar. Cuando perdés las ganas, esperar a que te vuelvan. Nunca me pasó de estar haciendo algo a lo que ya le había perdido completamente las ganas.

Ya estoy acostumbrado a que hay un proceso de cinco años para hacer una película, por lo menos. Hay una cosa que en general hago y es no hablar de los proyectos hasta que no tenga al menos la mitad de la financiación cerrada. Ahí es cuando se vislumbra la posibilidad de que efectivamente sea una película. Antes es papel.

Yo lo tomo como parte de laburo. Lo más complicado es que cada vez que arrancás en realidad lo hacés de cero. Si bien te sirve hacer películas antes, haber ido a festivales y ganar premios, sirve hasta ahí… para que no te cierren la puerta en la cara pero ni ahí es un facilitador absoluto.

Y la vida personal se va a acomodando en función de los proyectos.

Sí, es una cosa con la que siempre jode Fernando (Epstein) y es un embole. Cada uno tiene su vida, sus cosas, sus relaciones. Fernando tiene un hijo, yo me quiero mudar hace años… Y cuando conseguís algo de plata, es para filmar y vas acumulando para que sea lo mejor para la película. Entonces como que siempre estás corriendo atrás de la película y de la posibilidad de hacerla.

Y eso te estira los tiempos vitales.

Sí, claro. Es un poco complejo. Porque entre los 20 y los 25 estábamos en la facultad, no pasaba. Ahora 10 años después, ya hiciste películas, y sigue existiendo la misma dificultad. Es un poco frustrante pero es como es, no hay otra forma. La película siempre está delante de la vida, lo más importante es terminarla bien y después vemos cómo seguimos. Lo que va a quedar de nosotros son las películas.

La distribución de “3” marca un cambio respecto a “Hiroshima”, tu anterior película. Esta está en varias salas, incluso en el interior y con la pantalla móvil. La anterior solo estuvo en el Casablanca.

Hiroshima fue lo contrario. La idea fue que la gente la buscara. Esta es bastante más accesible y me pareció que estaba bueno que estuviera en varios lados, que el que la quisiera ver pudiera hacerlo. Hiroshima estaba protegida y ésta pelea con “Los juegos del hambre” y “Titanic 3D”… Y pelea con sus armas.

Esta película se plantea como muy abierta. Uno entra en la historia cuando ya viene pasando y se va antes de que termine, por decirlo de alguna manera.

Para mí el desafío dramatúrgico era agarrar tres personajes en un momento de sus vidas. Son personajes bastante complejos, con contradicciones y que no tienen mucha idea de qué les está pasando ni cómo van a actuar en relación a eso.

La idea fue dejar en off qué es lo que pasó en la casa de Rodolfo (De Vargas) antes y por qué se fue. Está planteado como una lupa en los tres personajes en ese momento. Lo que pasa antes se va dando de a poquito, en cada secuencia. Al narrar me gusta no contar todo de una o por los diálogos sino que cada escena vaya construyendo de a poco.

En las películas tuyas, los actores siempre están muy precisos en función de la historia que están contando. ¿Cómo es el trabajo con ellos? ¿Empieza en el casting, se trabaja mucho durante el rodaje…?

Tiene que ver con todo. Cada película es un universo cerrado en sí mismo y que plantea sus propias reglas. Dentro de esas reglas está el tono de los actores. Lo que hicimos en todas las películas, lo hice con Juan (Pablo Rebella) y lo sigo haciendo, es definir las reglas de tal manera que el actor sepa cuál es su tono y lo maneje.

El 90% de la actuación es el casting. Si le errás ahí no hay vuelta atrás. Yo elijo los actores por un montón de razones pero sobre todo porque son gente inteligente, que se da cuenta de todo. Además, parte de la mala actuación que se da en muchas películas es que hay frases que no las dice nadie. El director se tiene que dar cuenta pero si no se da cuenta, el actor tiene que plantearlo, buscar una variante para que se diga lo mismo pero de otra manera. Eso se trabaja en los ensayos.

En el caso específicamente de esta película, los tres protagónicos que para mí están bárbaros, fueron trabajos muy distintos. Son personas muy distintas, con bagajes actorales muy distintos. Humberto venía del teatro y de la tele, es un actor súper natural y con una experiencia de mucho tiempo. Sara venía del teatro uruguayo más clásico, de la Escuela Municipal de Arte Dramático, había hecho poco cine y hacía bastante tiempo que no actuaba. Anaclara es una niña, ahora tiene 19. Yo la conocí cuando tenía 15 y ya era una actriz. Es una tipa súper natural y re encara.

¿Te terminás haciendo amigo de los actores en el rodaje, es necesaria esa confianza?

No sé si amigo en el sentido de salir a comer pero tiene que haber una empatía y generar confianza. Ellos tienen que tener mucha confianza en mí, en que lo que les estoy pidiendo está bueno. Y yo tengo que tener la confianza de que ellos no se están quedando con nada. Tenés dos meses de ensayos, dos de rodajes… al final hay una familiaridad con toda la gente. Termina siendo como un gran campamento que está bueno.

Tuviste que defender una decisión de casting desde el principio. La elección de Humberto de Vargas sonó rara.

No fue raro dentro de la productora, ni en la gente que estaba vinculada a la película. Sí con amigos. Hubo amigos que me dijeron que no van a ver la película y me parecieron unos boludos.

Hay un prejuicio muy fuerte de traer a alguien de la televisión, que no se conoce como actor generalmente. Hubo que vencer muchos prejuicios propios y ajenos. Para nosotros estaba muy claro y todo el mundo se fue copando. Es un tipo fabuloso, súper profesional, llegaba, actuaba, colgaba todas en el ángulo y siempre estaba con la mejor.

¿Te pasó que después de ver la película alguno de los que te criticó te haya dado la razón?

Algunos sí. Estamos hablando de prejuicios y los prejuicios son indestructibles. La gente prejuiciosa quedó ahí, trancada.

Él era el primero que quería que su imagen de La Revista Estelar no quedara en la película. Rodolfo es otro personaje y no tenía nada que ver. Él buscó cosas. Buscamos temas con la barba, el peinado, la voz, se rapó para ser más pelado… Una de las cosas que pasa con la película es que cuando arranca el tipo es bastante patético y va aumentando su humanidad y terminás queriéndolo más allá de que sea un tipo complicado.

Esa era una de las apuestas de la película, cómo terminás queriendo a estos tres personajes que en realidad son bastante jodidos. Me parece que se logra.

A mí no me interesa hacer personajes patéticos per se y reírme de ellos. Son patéticos como soy yo. Yo soy medio patético y me río de mí mismo. Si estás dispuesto a reírte, te vas a reír. Si te vas a poner mal porque sos medio patético, jodete.

A menudo se refieren a vos como uno de los directores más prestigiosos del cine uruguayo. ¿Cómo te cae eso? ¿Te pesa, es un facilitador…?

A Kurosawa le preguntaron a los 84 años si sabía hacer películas y respondió que el día que supiera hacer películas, no filmaba más. Y tenía 84 pirulos… Si él no sabía, yo tampoco.

Por el hecho de tener que arrancar siempre de cero y como cada película es distinta, siempre aprendés cosas nuevas y nunca terminás de aprender. Las películas están llenas de errores, de cosas que ya no haría. Entonces es imposible creértela. El prestigio te lo dan otros, no es tuyo. No me pesa porque no lo vivo de esa manera y tampoco me interesa, sé que no pasa. No pasa nada.

¿Qué pensás del cine uruguayo en la televisión abierta? El año pasado hubo un ciclo de cine nacional en Canal 12 y le fue muy bien en audiencia.

Le fue muy bien en audiencia. No nos fue tan bien a los productores en ganancias.

¿Cuánto pagan por pasar una película?

Para todos fue distinto. También es responsabilidad nuestra ser un poco más corporativos pero fue bastante poco.

¿Cuánto dura la alegría del estreno?

Ese día es como el día en el que la película nace. Es el momento en que la película deja de ser tuya y pasa a ser de otros. Cada uno va a poder hacerla y deshacerla en su cabeza. Es un momento súper emocionante. Esa alegría de alguna manera no termina nunca porque es algo que hiciste y está buenísimo haber hecho. Pero en un momento te embolás y empezás a pensar en otra película para poder sentir lo mismo. La distribución tiene muchos más sinsabores…

Sí, me refería a ese golpe con la realidad.

Si… cuando recibís críticas que te dejan pensando en qué carajo vio el tipo… Eso jode un poco. Te jode el día pero no te jode en el espíritu que tenés de hacer películas y de que las hacés porque estás convencido de que están buenísimas. Es una cosa rara pero el miedo ese de presentar la película no se va nunca. Sigue todas las veces que se pase. Hace poco cuando iban a pasar Whisky en la tele estaba re preocupado. No la vi. De hecho hice zapping, pasé por ahí y vi una escena de la que no me acordaba. Ese día me llamaron y me preocupé. Y con 25 Watts lo mismo. Hay un grupo de gente que las banca y que les gustan. Me parece que son películas que envejecieron bien. Eso está bueno. Esa alegría se va renovando y no se termina, sigue estando ahí.

“Le pedí prestada la vida a mi hermano para contar cosas mías”. Entrevista con Stoll tras el estreno de su anterior película, Hiroshima.

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