A Contramano y su festejo interminable

En el Club Capurro uno se da cuenta que pasan las horas solo porque hay luz natural. Son las 10 de la mañana y todos siguen ahí. Nadie se quiere ir. Los integrantes y allegados a la murga A Contramano, ganadora del concurso 2009, disfrutan después de una noche cargada de adrenalina. 180 visitó el local de ensayo y encontró historias para contar.

Actualizado: 16 de marzo de 2009 —  Por: Diego Muñoz

A Contramano y su festejo interminable

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El último puntaje dado por el jurado fue el de Queso Magro. “Ya no llega”, dijeron desde la radio. Y el Capurro pareció partirse. Por primera vez la murga A Contramano ganaba el primer premio de la categoría más importante del carnaval y en la cancha festejaban como correspondía.

Besos, abrazos y lágrimas. Diego Bello, figura máxima del carnaval, llora junto a su hijo Martín: “me preguntaba todo el tiempo como íbamos y en el momento que yo le digo que ganamos me abrazó y se puso a llorar. Te juro que parecía un adulto”, le contó, todavía emocionado, a 180.

Fue el punto final a un carnaval eterno y a una jornada extenuante. A Contramano debía cerrar el concurso el sábado pero la lluvia pospuso la definición para el domingo lo que generó más nerviosismo. Su director, Rafael Antognazza, dijo que “la adrenalina duró más de lo que imaginaba. Porque la chapa de candidato la tuvimos que defender el último día. Nos dijeron: 'Bueno son candidatos, suban y apaguen la luz'” y agregó “pero el lograrlo después del espíritu de sacrificio que puso toda la murga es una sensación muy placentera. Por eso estoy acá y ni sé qué hora es y me quedo, porque estoy gozando”.

Bello había llegado al club hacía 18 horas. Se fue para subir al Teatro de Verano y volvió. Fue el primero en llegar para maquillarse el domingo de tarde. Arribó al Capurro sobre las 16 horas, después de haber almorzado con su amigo Pablo y pasar, como cada vez que va al Teatro, por la iglesia del Cerrito de la Victoria con su estampita. En la mañana del lunes, Bello sigue en el club y se quiere quedar. “Fue un día largo que yo quisiera que no terminara pero en algún momento va a terminar aunque me resista”, manifestó.

Los caminos de Bello y A Contramano se cruzaron de casualidad. El murguista fue a saludar a su amigo, el entrenador de básquetbol Federico Camiña a la sede de Capurro cuando ese equipo logró el ascenso. Al retirarse se cruzó con Gustavo Cabrera, dueño de la murga, quien le preguntó en qué andaba. Bello le contestó que había recibido propuestas pero que no tenía decidido si iba a salir. Lo habían llamado de tres parodistas, Momosapiens, Nazarenos y Zingaros y de dos murgas, Asaltantes con Patente y Ecos del Camión. Pero sus proyectos personales le impedían ensayar hasta diciembre y además no estaba convencido de las propuestas artísticas. Hasta que se sentó a charlar con el dueño de A Contramano. Cabrera recordó el momento: “lo llamé en octubre. Charlamos y hubo amor a primera vista. Llegó y se insertó de una manera que parece que hacía siete u ocho años que estaba en la murga.”, expresó.

Fue la frutilla de un espectáculo que se había empezado a proyectar en mayo con Antognazza y “Pinocho” Rutín. “Fueron días de frío, lluvia, gorro de lana y estufa. Yo me tomaba un bondi desde Bella Italia, donde tenía un taller, para llegar a una hora razonable a lo de “Pinocho”. Así empezó todo” contó el director. Rutín le preguntó a Bello si prefería ser el hombre o la mujer de la pareja. Diego eligió la mujer y “Pinocho” se puso a su lado.

Corriéndose que hay lugar

Los integrantes de A Contramano se dieron cuenta que el espectáculo gustaba ya en los ensayos. La murga, que no tiene gran convocatoria de hinchas, empezó a ensayar en un rincón de la cancha del club pero al poco tiempo debieron correrse. “Empezó a venir gente y más gente y no podíamos seguir en el rincón. Cambiamos y nos pusimos contra una pared y colocamos bancos largos. Se llenaban los bancos y había gente parada. No importaba qué día era, se llenaba siempre”, contó Cabrera.

A la hora del concurso la comunión con el público se mantuvo. A Contramano hizo 110 tablados, su máximo histórico era 77, y llegó a tener siete escenarios en un día cuando nunca habían superado los cinco. Eran candidatos para todos pero tenían que confirmarlo el último día, a última hora.

“Cuando íbamos en la bañadera rumbo al Teatro de Verano estábamos al borde del llanto todos, subimos muy emocionados por una conversación que tuvimos íntima, con la murga y los utileros, muy emotiva. Demasiado para lo que uno tiene que dar técnicamente en ese momento”, contó Rutín que dio detalles de esa charla: “le hicimos un honor al arte, que es el llamador, el núcleo de todo, porque vos hacés un espectáculo. Después te metés en el rollo de la competencia pero también hay una convivencia de mucha gente en estos meses. Y dijimos 'vamos a enaltecer el espectáculo de A Contramano, dejemos abajo el concurso'. Ese fue el objetivo antes de subir la tercera vez”, dijo.

Antognazza comentó que con la conversación buscaron entender lo que ellos podían controlar: “Cuesta entender la diferencia entre lo que uno puede gobernar y lo que no. Y lo que podíamos controlar era nuestro espectáculo, nuestro arte. Ese era nuestro deber. Y lo hicimos bien”, manifestó.

“Pinocho” es otro de los que se resiste a que terminen los festejos. Para él esta victoria se compara con una victoria de El Tanque Sisley: “esto es como que el Tanque sea campeón de la Libertadores. A Contramano es una murga muy humilde y hay mucho trabajo acá. Desde el vestuario hasta la puesta en escena, es todo muy laburado. Es una conquista que viene de abajo hace muchos años. Y cuando los triunfos son así, que crecen desde el pie, como decía Zitarroza, se disfrutan más”, afirmó.

Una frase redonda

Los allegados a la murga que todavía están en el club tienen puesta la remera que dice “Vos no sos normal”. La frase, repetida por estas horas en todos los ambientes, fue un acierto de Bello. La figura máxima del carnaval reconoció “que fue una cosa que pegó. Fue un laburo encontrar esa frase que, obviamente, no pensamos que iba a tener la repercusión que tuvo”. También fue un éxito la venta de las remeras con la inscripción. Se vendieron 1.200 a 200 pesos cada una.

Para Rutín la frase redondeo el concepto del espectáculo y tiene su profundidad. “¿Cuáles son los parámetros para medir qué es normal y qué no lo es? La frase la encontró Diego, que es un artista muy talentoso, con el que tuve la suerte de cruzarme este año”, dijo.

En una radio que todavía sigue hablando de carnaval nombran a Bello y todos en el club lo aplauden. Diego levanta la mano con mucha vergüenza. “Es todo por primera vez. No sé lo que se hace. Que un año digan que soy la figura máxima es un mimo tremendo, que no me lo esperaba y no sé lo que hacer con eso. A mí me había tocado ganar dos veces la figura de murga pero esto es muy grande”, confesó.

Su amigo Pablo, el mismo con el que almorzó el domingo, contó que “en el escenario se transforma pero baja y es muy tímido y humilde. Es el primero en subirse al camión”. Pablo muestra orgulloso una remera que se hizo en honor a Bello y que dice: “Diego: vos no sos normal. Sos el mejor amigo”.

Atrás quedó la adrenalina de la tercera pasada, de la noche de los fallos, del “ya no llega”. Ya se comió todo lo que había en la parrilla, se tomó casi todo de lo que había en la barra y se cantó la despedida tres veces. A Contramano empieza a bajar a tierra y a darse cuenta que quedó en la historia.

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