Entrevista de Joel Rosenberg con Federico Graña, del colectivo Ovejas Negras.
Joel Rosenberg: Después de un día agitado como el de ayer en que se aprobó el matrimonio igualitario, ¿cuáles son las sensaciones?
Federico Graña: Por ahora bajando. Un poquito sin voz. Estuvimos hasta tarde festejando y realmente, como dijimos tanto en conferencia de prensa como en la plaza, cuando uno se saca tanto dolor de arriba y sacás esa tapa que es esa opresión que sentimos durante muchos años, salís a gritos.
¿Cómo pensás que se viene dándo este cambio en la sociedad? ¿A una velocidad mayor a la que imaginaste en algún momento?
Si, yo me pongo a pensar hace como 20 años atrás cuando yo era adolecente y ver el Uruguay que se está generando ahora y las posibilidades que se abren... se dio un paso gigantesco. Una amiga me decía en la plaza: “yo pensé que no iba a llegar a verlo”. ¡Te estoy hablando de una persona de 37, 38 años! Pero lo llegamos a ver. En realidad creo que abre una etapa que va a profundizar todo ese proceso porque hasta el día de hoy una cantidad de chicos y chicas viven su orientación sexual a escondidas, con miedo de vivirla libremente y sienten miedo al rechazo de la sociedad. Creo que leyes como ésta favorecen el vivir con más libertad y que si bien las generaciones más chicas que ahora andan en los 20 y pocos años viven de una manera más natural, más libre su orientación, creo que en el futuro va a ser superior.
Ayer hablabas de organizarse, del activismo. Vos participás de un colectivo y fueron parte de la redacción del proyecto. ¿Cómo se generó eso? ¿Qué importancia le das hoy en día?
Se generó a inicios del 2010. Nosotros habíamos planificado que para este período legislativo era crucial un proyecto de matrimonio igualitario y ahí Michelle (Suárez) es la que toma la iniciativa con un trabajo hermenéutico increíble, análisis de lo que es la jurisprudencia hoy con lo que tenía que ver el título de matrimonio y tuvimos un debate muy rico en la interna del propio colectivo, con las organizaciones del interior y nos acercó a conocer los derechos que estaban en el instituto que realmente no lo sabíamos. Frente a eso me parece que lo más rescatable es cuando a veces se coloca las organizaciones de la sociedad civil como un lugar de mero reclamo. Hay una frase que a mi me gusta mucho de Eric Hobsbawn cuando separa entre los rebeldes primitivos y los revolucionarios. Él dice que los rebeldes primitivos sólo tienen la facultad de quejarse de que algo está mal, que el sistema está mal pero no pueden generar una alternativa que genere un cambio. Esa es la diferencia entre un rebelde primitivo y un rebelde revolucionario, la madurez de su movimiento y de la capacidad de generar una propuesta real de cambio. Yo creo que esta sociedad civil y en particular el movimiento a la diversidad pudo ser una alternativa que generó un proyecto que propone el cambio.
Vos hablás de un trabajo más allá del activismo, de los movimientos, de los comunicados, de participar en todas las marchas, el trabajo de Michelle Suárez como abogada fue muy destacado por lo Legisladores no sólo por el Frente Amplio.
Sin duda. También hay un trabajo vinculado más allá de los comunicados, en el activismo puro y más duro que tiene que ver con la preparación de un montón de gente para esto. Acá se tuvo que estudiar, los que no teníamos un peso teórico tuvimos que leer sobre género, diversidad, para entender la realidad por dónde estaba. Acá hay libros y libros leídos para ir a este debate y bajarlo a tierra y no utilizar términos como heteronormatilidad o cosas que son términos más desde el punto de vista teórico del debate que tienen que ver con la construcción de género en la Sociología y la Historia y bajarlo a lo que vive más la gente hoy. Eso también cuesta. Eso realmente cuesta porque es tiempo que se pone, cómo buscar la mejor relación y ver cómo cuando uno gana derechos que otros no los pierdan, cómo buscar las fórmulas que jurídicamente aten los distintos lugares donde estaban vinculados al título de matrimonio. Yo creo que es un trabajo que desde el punto de vista de generar esa posibilidad de cambio demuestra un inicio en la madurez de estos colectivos.
Muchas de las consultas que llegan refieren a por qué quieren abrazarse a la institucionalidad por el lado del matrimonio. ¿Cuáles son las explicaciones?
Yo lo separaría en dos grandes bloques. Uno tiene que ver quizás, como decíamos ayer, con que hay que entender el mundo en el que vivimos y comprender cuál es la visión de género mayoritaria y hegemónica en la que de piso, por decirlo de alguna manera, lo que hay es una jerarquía primero hombre – mujer y después una de género, en lo que tiene que ver con el tipo de las parejas. Hasta Ope Pasquet se le escapó, más allá de que haya votado en el Senado, que eran más importante las parejas heterosexuales que las parejas del mismo sexo al momento de adoptar, luego de esa brillate intervención que tuvo cuando se habló de ese artículo. Lo pongo como ejemplo no para pegarle sino para ver cómo eso opera en la cabeza dela gente.
Creo que eso en realidad tiene que ver con un primer paso y hablando más claro, después de años, años y años de discurso que te dice que sos amoral, que sos enfermo, que tu forma de amar como dijo Jorge Bergoglio en Buenos Aires es un plan del demonio, cuando empiezan todas estas cosas: vivir así, con esta cruz, es muy difícil.
Entonces, no creo que es solo acercarse a la institucionalidad y a la protección sino es sacarse una tapa, sacarse de arriba esa cosa que te presiona, que no te deja vivir y que te dice que vos no sos un ciudadano de segunda, sino de tercera o de cuarta y que vivís porque el aire es gratis. Ayer me llamaba un amigo, que somos amigos desde hace 20 años y me decía: “te das cuenta que hoy vamos a tener dignidad” y yo le decía que estaba loco que dignos fuimos siempre. Pero es verdad, el Estado uruguayo reconoce la dignidad de que las parejas del mismo sexo son iguales, totalmente iguales a las heterosexuales. A veces las comparaciones son horribles pero es un momento de liberación para muchísima gente.
Como segundo término, más en la cotidiana existen muchas parejas que están juntas y buscan la necesidad de tener salvaguarda desde los derechos, lo que tiene que ver con derecho a herencia, sobre todo los que tienen niños a cargo, que ya adoptaron. Lo que hace es proteger a la familia. Al día de hoy, la institución más fuerte que protege a la familia es el matrimonio.
Ayer, en el momento que se termina de votar, ¿te acordaste de algún momento del activismo, de la lucha, de algunas personas?
Me acordé de un montón de gente que ya no está y en especial de una frase que decía Michelle también que ella lo encarnó en la situación de cuando perdió a su mamá hace unos tres años. La salida del activismo, de cambiar la realidad, tuvo este hijo que fue este proyecto y que fue un hijo del dolor. Yo creo que para muchos de nosotros fue un hijo del dolor vinculado a todo lo que sentimos por un lado, a toda la presión de la sociedad por otro pero también es un hijo mezclado con un profundo amor a la libertad, a la necesidad de cambiar el mundo. Yo recordaba por lo menos tres o cuatro personas que en los '90 dieron muchísimo y hasta ahora siguen dándolo y que salieron a decir quiénes eran y no importaba ser cómo eran. El caso de Fernando Frontán, Diana Mines, Luis Magallanes. Creo que son gente que aportó muchísimo en un Uruguay de hace 15, 20 años en donde no se hablaba de estos temas y en donde los costos a nivel personal eran mucho más altos de los que se pagan ahora. Fueron una plataforma que muchísimos después vinimos y nos pudimos parar con más firmeza. En eso, me acordé, y en todos los amores perdidos. En todas las cosas que no pude vivir con naturalidad cuando era un adolescente que fueron robadas, escondidas y ahora siento que puedo vivir más tranquilo.