Los típicos comportamientos del nuevo uruguayo

El nuevo uruguayo llegó para quedarse. Hasta la nueva crisis. Analizamos los comportamientos del citado biotipo en diferentes áreas. Fijate si no hacés algo de esto.

Actualizado: 14 de julio de 2015 —  Por: MiráVo

Los típicos comportamientos del nuevo uruguayo


MiráVo (Creative Commons - CC By)

El nuevo uruguayo en los deportes

MiráVo

Se pasó décadas puteando a la selección. Se hizo fanático absoluto por un tiempo y ahora la putea de nuevo. Antes de 2010 éramos los sinvergüenzas que salían a picotear, de 2010 a 2015 los campeones que veníamos a ganar con el seleccionado lleno de papelitos y ahora volvimos a la tradición de putearlos como corresponde.

Mira la final del Super Bowl pasándose la tarde previa aprendiendo las reglas del fútbol americano.

Se hizo hincha del Liverpool por Suárez. Ahora delira con el Barça. Se junta con sus amigos nuevouruguayos a comer una picadita (de pistachos y dátiles de la India) para festejar los goles de la final de la Champions.

La nueva uruguaya cambió los aerobics por el pilates, el spinning y el yoga en el spa. Si es él, cambió el fobal 5 con los amigos por el gimnasio de crossfit y en MercadoLibre se compró un TRX que nunca usó.

Corre todas y cada una de las 2376 maratones que se organizan cada año en Montevideo. Como bien sabemos el nuevo uruguayo se entrena y se sube al carro de cualquier cosa con tal de figurar. Y cómo le gusta figurar con las remeras fluorescentes cual baliza de aeropuerto cada vez que sale a correr por la rambla.

Ama las app de correr para luego postear en Facebook los 6km que corrió (y que a nadie le importa) o subir una selfie todo transpirado.

El nuevo uruguayo adolescente cambió sus juegos. No arma un picadito en la calle ni en el campito. Jugar al cordón o al reloj quedó en el cretácico. Ahora hace puerta en el shopping y va a encuentros de gamers y cosplay.

No juega más al truco sino al poker. ¡Y online!

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En las comidas

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El nuevo uruguayo ya no habla por teléfono: ahora ordena todo por la web y no se pierde ninguna oferta de compra de cupones para salir a comer.

Toda la vida llamó para preguntar si había “envíos a domicilio” pero ahora te habla del “delivery” y pide comida por internet.

Come sushi, ceviche y cualquier otra poronga étnica. La mayoría de las veces a causa de los mencionados cupones. Y generalmente no le gusta así que vuelve a su casa a comer una milanga en dos panes.

En vez de “saladitos” come “finger food”. La tabla de picar es otra de las grandes víctimas de la nuevouruguayez: ya no hay salamín y butifarras, ahora hay granos y semillas. O tallos de apio y tofu. Comida para pájaros, básicamente.

Cambió el requesón de Conaprole por el queso Philadelphia. Y se quedó sin vasos para reponer.

Cambió la torta de fiambre por salir a comer a lugares top durante la pausa para el almuerzo en el laburo. Ya no se lleva el tupper con guiso de ayer ni pide una empanada de carne “de algo” por 15 pesos. Ahora le gusta pedir el menú ejecutivo y jetear con sus compañeros de sector en la empresa.

Y en caso de llevar tupper, nada de llevarlo en una bolsa de supermercado: adentro de una bolsa de Daniel Cassin como corresponde.

Se cuida con las comidas y mide calorías de lo que come. Busca que todo sea orgánico, bio, natural, sin gluten y evita los transgénicos. Gente que se hace vegetariana porque sí y perdonanos Hernandarias por esto.

Le importan las ensaladas: ya no pone lechuga y tomate como un decorado que nunca jamás era llevado a la boca; ahora come ensalada hasta como plato principal! Y se ofende si no tenés cuzcuz, quinoa, rúcula, o semillas de chía y amaranto de Seychelles.

Pone verduras y legumbres en la parrilla. Y suele generarle un síncope al asador a causa de tal propuesta indecente.

Merienda muffins o cupcakes en vez de refuerzos o bizcochos. Las tardes ya no son lo que eran. No hay tortafritas o pan con manteca: ahora hay wraps. Y el mate seguro se sustituyó por un té de malva de Ceylán con tonos de estrella de mar verde. O malteadas (!).

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Con las bebidas o “drinks”

MiráVo

Sale de noche a pubs. Ya no va al bar del barrio. Ya no toma grappamiel o espinillar, sólo fernet con coca y Campari con jugo de naranja (exprimido, obvio).

Y levanta online. Nada de ir a bailar para levantar: a usar Tinder o Facebook para una pesca segura.

Toma licuados naturales en frascos de vidrio aunque sean de mermelada. Y con pajita. Y a la pajita ahora le dice sorbete. Bueno, a la pajita-pajita eso sí le sigue diciendo pajita.

Pasa por la heladera de refrescos en el super y mira con asco la Freskyta que tanto lo salvó en 2002. Ahora solo compra refrescos de marca y en lo posible, light. O “life” (!).

Usa mate de silicona. Sin palabras. Una herejía total. O peor: desayuna café negro solo haciéndose el yankee.

Toma cerveza artesanal. Y en botellitas chiquitas, nada de andar comprando la botella de litro. ¿Para qué, si se puede gastar más y beber menos? Y si la produce él mismo, dio vuelta la maquinita de la nuevauruguayez.

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En comprar y viajar

MiráVo

Viaja a Miami y Nueva York y ya llevó a los nenes a Disney más veces que argentino menemista.

Ama las promociones de los sitios de viajes y compra todos los pasajes baratos que encuentre cual bulímico de las ofertas . Después se jacta de su viaje a Playa del Carmen por 200 dólares pero nunca cuenta las veces que compró pensando que eran una ganga y al final eran una estafa. ¿Cómo se jacta? ¡Claro! Con un álbum en de 275 fotos sin editar en su Facebook y una “cuidada” nueva foto de perfil.

Compra toda la ropa de la familia por internet. Si puede se trae hasta los calzoncillos de China y cuanto gadget pavo que encuentre en Aliexpress.

Se compró un auto chino y un LED 3D de 55 pulgadas con wifi, USB, carburación y encendido, fotocopias y que hasta te lleva el desayuno a la cama.

Anda re contento por la vida hasta que alguna pieza le falle y tenga que comprar otro porque el repuesto sale tanto como comprar uno nuevo.

Ya no chista al guarda porque toma taxi con EasyTaxi.

Enloquece hasta el delirio con la apertura de tiendas de grandes superficies. Sea Sodimac, Forever 21 o el Geant del Nuevocentro, todo estreno le viene bien.

Te hace cuadras y cuadras de fila bajo la lluvia durante horas eternas con tal de entrar el día de la inauguración.

Se excita cuando llega el mailing de Tienda Inglesa. Suele hacer el surtido semanal allí.

Se compra carteras Louis Vuitton truchas y camisas Polo de decomiso de aduana. Luego se jacta de lo barato que la compró: “Y ni se nota que es trucha, ¡yo no me como ninguna!”

Ni que hablar que cambió el Gallito Luis por la compraventa por internet. Ya no busca laburo en el libro de los clasificados, ahora es todo Buscojobs, OLX, MercadoLibre y carritos de compras virtuales.

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Con la cultura

MiráVo

Se indigna cuando cierra un centro cultural. Pone el grito en el cielo por las iglesias/secta que los reemplazaron pero no te pisa un cine afuera del shopping ni mamado.

Festeja San Valentín, Halloween y San Patricio. Hasta se pela de ganas por arrancar con Acción de Gracias.

Mira la entrega de los Emmy, los Grammy, los Tony y todo lo que haya en Trending Topics. Encima te hace una reseña de la alfombra roja en Twitter porque se hizo experto en moda.

No tiene más libros en papel. Ya no va a Tristán Narvaja. Descarga todo en el Kindle.

Compra libros de coaching, gestión y emprendedurismo. Cree realmente que puede ser un emprendedor exitoso y que con esfuerzo y dedicación llegará a ser millonario. Por suerte la realidad le demuestra que el único exitoso es el autor del libro y que él es un pelotudo que lo llenó de oro.

Contrató Netflix porque es la última. Nunca miró una serie en su vida, capaz que alguna vez escuchó hablar algo de un tal “Breaking Bad” pero puso Netflix. Claro está. ¿Cómo no va a tener Netflix su Panavox? Igual sigue viendo Tinelli, telenovelas turcas y Fox Sports.

Ya no escucha a Jaime ni a Rada. Ni siquiera a la Vela o NTVG. Ahora directamente perdió todo gusto estético: escucha cumbia cheta como Rombai, Marama y toda esa basura. Y por YouTube.

Se hizo “un tuiter” para saludar a famosos. Arrancó con Forlán, claro. #Caga a #hashtag #todos #sus #tuits.

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En la casa y con el trabajo

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Reusa y recicla todo. Es tan consciente y sensible de este mundo que sube una foto suya a Instagram para defender sus ideales. Suele militar desde su Iphone 6 hecho por niños taiwaneses contaminados, pero esos son detalles.

Cultiva plantas aromáticas. Aunque sea en un monoambiente de 2x2 te saca una macetita de tomatitos cherry. Hasta se planta su propia marihuana.

Cambió las alpargatas y las chancletas por las Crocs. Y no tiene ningún pudor en ir con ellas a todos lados.

Ya no manda más a sus hijos a la escuela, ahora van al “cole”. Suele despotricar contra la educación pública y manda a los nenes a un colegio de bien. Al menos hasta la próxima crisis.

Cambió las viviendas por el barrio privado. Los complejos y las cooperativas de vivienda ahora son barrios privados.

El nuevo uruguayo por nacer tiene Baby Showers. Antes uno no tenía que hacer tantas bobadas con una mujer encinta. Paría y listo, viejo. A otra cosa.

Trabaja en zonas francas, call centers o multinacionales. Donde le exigen como a un primermundista pagándole como a un pelagatos.

No va más a laburar sino que va a la ofi. Y mete casual-fridays y fin de semana de “relax” en alguna chacra con toda la empresa

Se endeuda hasta las patas para poder costear toda esa vida impensable para el sueldo que cobra. No deja préstamos con cabeza: saca créditos bancarios, pide otro préstamo a otro banco para pagar la cuota de la tarjeta de crédito, usa todos los tipos de fonopréstamos y líneas directas de crédito, pide a prestamistas o le vende hasta las toallas a la nona cual pastabasero para sacar un mango que le permita mantener ese nivel de vida al que aspira pese a no poder costearlo. Un verdadero malabarista de las finanzas.

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Y además…

MiráVo

Está absolutamente aporteñado. No solo dice “chicos” en lugar de “chiquilines” o dice que con su pareja hizo tremenda “turca” en lugar de una buena “rusa” sino que además tiene cierto buen gusto, anda bien vestido en la calle y hasta COMBINA PRENDAS ¿Cuándo un uruguayo combinó la ropa me querés decir?

Es apolítico y carente de ideología. Ya no vota al PC ni al PN ni al FA ni al PI. Ahora vota en blanco porque no le importa ni cree que eso le afecte.

Se excita distinto. Ya no descarga pornetas sino que mira 50 sombras de Grey.

No se queja como antes. Antes llorábamos la milonga y las quejas en el almacén y a las puteadas con el carnicero. Ahora descargamos nuestra ira en estados de Facebook que no lee nadie.

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