Fumando un habano, sentado en la silla de su escritorio, Washington Carrasco habla sobre el espectáculo realizado la noche del jueves en el Teatro El Galpón junto a su mujer. “Estuvo muy bien, la gente se portó fenómeno”, cuenta. A su alrededor hay cuadros que fueron pintados por él y una biblioteca sosteniendo una pila de libros, discos y premios; también hecha por sus manos. Hasta un tambor azteca llamado Teponaztli. Se para y lo toca mientras explica que hizo varios, “algunos andan por Alemania y otros en Argentina. Tengo mucha manualidad y siempre me gustó el arte. Esos cuadros son del año 63', había dejado de pintar pero el año pasado empecé otra vez”. Carrasco está cumpliendo 45 años en la música (12 de ellos como solista).
¿Como está armado el espectáculo que están haciendo en El Galpón?
Está conformado por canciones que cantamos muchísimo en las décadas de los 80’ y 90’, pero nunca grabamos, y canciones que quedaron en el rinconcito de los discos porque fueron opacadas por otras. Además, hacemos un entrelazado de poesía usando textos de Líber Falco e Idea Vilariño, recitados por Cristina. Son las cosas que nos gustan hacer y hemos hecho del 76’ para acá.
Usted habla de temas que no tuvieron tanta trascendencia, ¿Puede ser que a veces los músicos armen un disco pensando que uno de los temas va a ser el más escuchado y la gente después elige otro distinto?
Totalmente. Nosotros tenemos la experiencia de cuando grabamos en long play, donde vos tenías la posibilidad de utilizar dos caras del disco. Las tres primeras canciones del lado A eran las que podían caminar, porque eran las más fáciles de poner. A El romance del enamorado y la muerte, que es nuestra canción insignia, la pusimos en el lugar seis de la cara B. Era la última canción y fue la que mató, hasta en La Sorbona de París se enseñó el poema con nuestra versión. En cuanto a eso la gente dice “ésta es la que me gusta a mí y chau”.
¿Cómo es compartir el escenario y la vida con Cristina?
Para nosotros es normal. A pesar de que tenemos nuestras diferencias, estamos en la misma sintonía. Hablamos mucho de poesía o música.
¿Qué fue primero, el dúo musical o la pareja?
La música. Un día nos encontramos cuando yo fui a una radio a promocionar un espectáculo y Cristina con otra chica promocionaban su dúo. La escuché y me mató su voz. El primer espectáculo que hicimos juntos fue en el 75'. De ahí en más, siempre seguimos cantando. Mi nombre va primero porque yo era más conocido, simplemente un tema comercial. A medida que seguimos trabajando, nos fuimos conociendo y decidimos estar juntos.
¿Tienen pensada otra presentación en Montevideo para este año?
Sí, porque se están cumpliendo los 10 años de la Sala Zitarrosa y nos dijeron que no podíamos faltar. Hemos estado allí muchas veces y posiblemente repitamos este mismo show antes de fin de año.
Como dúo musical Washington Carrasco y Cristina Fernández llevan 33 años. Ni siquiera la época de la dictadura, donde Carrasco fue prohibido en muchos lugares, pudo frenarlos.“Siempre había algún compañero que cantaba con Cristina y hacía mi parte. Rubén Olivera y Abel García se sabían todas nuestras canciones. Cuando yo no podía, ellos salían a tocar”, recuerda Carrasco.
¿Cómo vivió la época de la prohibición?
Fue muy complicado. Para hacer un recital teníamos que presentar por triplicado los 30 o 40 temas que pensábamos hacer. Ellos (los militares) te tachaban las canciones que no iban. Incluso, tengo varias cosas de la época… (Carrasco abre un cajón de su escritorio y saca un papel viejo con fechas y frases anotadas) Un día me puse de malo y fui al departamento número cinco en calle Maldonado, que era como meterse en la boca de lobo y les llevé este papel (lo muestra). Anoté las fechas y las razones por las que había sido prohibido. “Autor de canciones explosivas”, ¡una pavada más grande! Una vez se aparecieron en mi casa para decirme que podía cantar en el Palacio Peñarol. Nunca me dejaban cantar ahí, pero esta vez sí. La citación era bajo apercibimiento de detención, o sea que si no iba me venían a buscar. Entonces, no entendías mucho donde te estabas moviendo. A pesar de todo, fue una época muy fértil en materia de creatividad y de mucha comunicación con la gente.
¿Cómo vive la realidad política del Uruguay de hoy?
Yo soy frenteamplista, a eso lo sabe todo el mundo. Creo que se están haciendo las cosas muy bien. Faltan hacer otras y algunas no se lograron hacer bien, pero pienso que tenemos una esperanza enorme y una segunda posibilidad de continuar con lo que se empezó.
¿Cómo tomó la noticia de la extradición de Cordero?
Con cierta alegría, porque esa gente ha hecho mucho mal. En este recital canto una canción que cuenta la historia de Laura Raggio, una gurisa que mataron con menos de 20 años junto a tres compañeras más. Ella tenía unos hermanos que criaban palomas mensajeras. Estando incomunicada, los domingos salía al patio y cada vez que veía las palomas sabía que eran ellos, ese era el único contacto que tenían con Laura. Por teléfono, con otro compañero, hicimos la canción que se llamó Laura paloma.
¿Compusieron muchos temas por teléfono en esa época?
Sí, nos llamábamos y nos decíamos “mirá hice esta cuarteta”. O no decíamos “tengo una idea así y así ¿qué te parece?”, todo telefónicamente.
En el sótano de la casa está guardado un pedazo de historia de la música uruguaya. Allí abajo funcionó durante 19 años un estudio de grabación que Carrasco define como “chiquito, pero grande de corazón”. Fernando Cabrera grabó su disco Fines y la música de la película El Dirigible en ese estudio que hoy ha dejado de funcionar y mutó a taller de pintura. Sin embargo, la estructura del lugar y los equipos se mantienen impecables. La acústica es perfecta y al cerrar la puerta del estudio uno puede escuchar el silencio. En uno de los estantes hay discos de artistas de todo el mundo.
¿Cuántos discos tiene en el estudio?
Debe haber como 7.000. Por este lugar pasaron el 99% de los músicos de todo el país. Los dos primeros discos de Claudio Taddei se grabaron acá en análogo y digital a la vez. El sonido digital es fenómeno, pero de calidad dame un grabador de cinta análogo. A Plácido Domingo lo grabamos en el Estadio Centenario y la edición se hizo acá. Fue una época linda esa.
¿Cómo ve a la música uruguaya hoy en día?
Bien, con gurises que estudian mucho. Hay grandes instrumentistas, sobre todo en la movida de rock que es donde veo más talento. Después, en el área del canto popular y folclórico está medio quedado, porque lo que sale nuevo viene con olor a determinada cosa pasada.
¿Qué tipo de música le gusta?
Toda. Mis padres no eran grandes estudiosos, pero mi madre, que era una “canarita” de Fray Bentos, me enseñó a escuchar ópera, zarzuela, tango, bolero y hasta música mexicana. Antiguamente, las radios recibían todas las músicas del mundo, desde Caetano Veloso y Vinicius De Moraes; hasta Elvis Presley y Los Beatles. Además, me encanta la ópera, la música clásica y el ballet. A algunas cosas que son insoportables las saco, pero hay otras que trato de entender por dónde quieren venir para ver si aprendo algo.
A pesar de tantos años en la música, Carrasco confiesa que todavía sigue sintiendo nervios antes de salir a escena, “ayer nos moríamos los dos. Siempre le digo a Cristina, cuando no sientas nervios, no salgas más, porque los nervios sirven para potenciar lo que hacés en el escenario. Nosotros cantamos la primera canción como si fuese la última, nos matamos. Yo dejaré de salir cuando la gente me tire con algo o moriré sobre el escenario”.