La ciencia ficción es un género literario y audiovisual que busca el equilibrio entre la ilusión fantástica y la verosimilitud científica. Ante ustedes, un pequeño tour por “las advertencias” y las posibilidades de un puñado de obras que exploran las potenciales consecuencias de las sociedades tecnocráticas.
Como creía Wells, la materia de la ciencia ficción es la “fantasía de lo posible”, y sus temas son: el hombre y la sociedad, los mundos ajenos y extraterrestres, y el Tiempo.
Este género puede ofrecer narraciones y descripciones utópicas y satíricas que nacen a partir de ciertas tendencias del mundo. Tres ejes convergen en las obras que son apiladas a continuación: el progreso de los conocimientos, los cambios que provocan la ciencia y la técnica en la sociedad, y la involución/evolución del hombre asociada a ese “desequilibrio”.
Robots, cyborgs y replicantes
La inevidencia, o el misterio del mundo y la existencia, puede expresarse en términos religiosos -si la ciencia es, como se dice en el bar, la religión de nuestro tiempo, también podría expresarse ese hiato desde esta cosmovisión-. ¿Se ha perdido el lazo entre el hombre y el mundo? ¿Se ha degradado la relación con la Unidad? El creyente denominará al Orden, a ese profundo jeroglífico, Dios. Quien dé por enterrado el vínculo del hombre y el mundo, conjugará el silencio divino. ¿Podrán las máquinas acceder a las correspondencias a las que el hombre no puede arribar?
Blade Runner (1982)
Dirección: Ridley Scott
Guión: Hampton Fancher
Intérpretes: Harrison Ford, Daryl Hannah
Este film, basado en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, infecta al espectador con entes sintéticos y sexuales (¿quién puede olvidar a la inabarcable Pris?) que pretenden vivir. Como toda obra que trabaja con androides, robots o replicantes, Blade Runner invierte páginas y metraje en la relación que tienen estas criaturas con su creador, el Hombre. ¿Pueden los replicantes sustituir a una especie sin proponérselo?
Impostor (2002)
Dirección: Gary Fleder
Guión: Scott Rosenberg
Intérpretes: Madeleine Stowe, Gary Sinise
Impostor (también basado en la obra de Philip K. Dick) desarrolla las sugerencias de Blade Runner: explora qué es un ser vivo y desfibra el concepto de “lo real”. Sin temor, esta obra sugiere una herejía: los seres artificiales tienen alma.
Ghost in the Shell (1995)
Dirección: Mamoru Oshî
Guión: Kazunori Itô, Shirow Masamune
2029. La tecnología y el mundo comulgan para sobrevivir. Ghost in the Shell parte de los tics estilísticos del anime (silencios, beats dramáticos, ataques y saltos en cámara lenta, personajes caucásicos de ojos y cabelleras enfáticas, féminas de ficción que provocan cosquilleos en el bajo vientre) para arribar a la Revelación: las máquinas logran percibir las íntimas relaciones de las cosas. A diferencia del hombre, descifran el Absoluto.
¿Realidad virtual o la virtualización de la realidad?
En el artículo La ironía cibernética, el filósofo Peter Sloterdijk sostiene que “el cristianismo inauguró a su modo una ironía de inmersión con su creencia de que el hombre que emergía del agua del bautismo ya no era el mismo, sino otro diferente que el que se había sumergido en ella. El mundo de hoy colectiviza y tecnifica incesantemente el despertar de los sueños y la ironía bautista, ofreciendo variantes cinematográficas y alternativas cibernéticas en el espacio de la vigilia”. Con esa idea es posible acercarse a un puñado de obras que fantasean con un “despertar”, un despertar libre de tecnología.
Existenz (1999)
Dirección & guión: David Cronenberg
Con: Jennifer Jason Leigh, Jude Law, Ian Holm, Willem Dafoe
Por cronología, pretensiones y logros, Existenz puede apilarse junto a Dark City, Ghost in the Shell, Matrix y El Piso 13.
Esta obra parte del lanzamiento y testeo de un juego de realidad virtual que revolucionará al mundo como excusa para investigar cómo se construye la realidad y quiénes la construyen.
En consonancia con la sensibilidad de su director, el universo de Existenz no es pulcro, metalizado o sintético: la tecnología es orgánica, viscosa y puede infectar al usuario. No apta para quien no quiera ser desafiado.
Trilogía Matrix (1999, 2003)
Dirección & guión: Andy Wachowski, Larry Wachowski
Con: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving
Matrix no estaba diseñada para ser una trilogía. Además de ofrecer peleas increíbles, innovaciones técnicas y traducir el anime en ficción con actores de carne y hueso, la primera entrega de los Wachowski es una obra que cuestiona qué es real, como se construye la realidad y quiénes la construyen.
En la secuela de Matrix (Matrix Recargado) se retrata al hombre como sujeto de historia. Recuérdese el parlamento: “la elección es la ilusión que existe entre los que tienen poder y lo que no” o el axiomático y franco: “todo empieza con una decisión”.
Como revela Matrix: Revoluciones, la trilogía de los hermanos Wachowski plantea de modo provocativo que todo es parte del Sistema, lo disfuncional, las supuestas anomalías, la Pitonisa (es un programa que investiga la psiquis humana y es la que les hace creer a los protagonistas que pueden elegir) y el elegido, Neo (anagrama de One, el “Uno”), es un mero sistema de control para que todo siga sobre ruedas.
¿Cómo queda el espectador? Sufriendo un quiebre. Caen los macrorrelatos que se manejaban y la profecía de los humanos (1) queda sin sentido: los personajes tienen que improvisar.
Identidad Sustituta (2009)
Dirección: Jonathan Mostow
Guión: Michael Ferris, John D. Brancato
Con: Bruce Willis, Radha Mitchell, Ving Rhames, James Cromwell
En consonancia con El Piso 13, Existenz, Dark City y Matrix, Identidad Sustituta trabaja con la inmersión. Presenta personajes que están metidos en un implemento tecnológico que les permite “ser” en el mundo, sin “serlo”.
Como tantas otras obras de la ciencia ficción, la película de Jonathan Mostow (basada en la miniserie gráfica The Surrogates, escrita por Robert Venditti y dibujada por Brett Weldele) maximiza los gérmenes de degradación que tienen nuestros días. Lo novedoso del relato es que invita a rever el optimismo asociado a las posibilidades de socialización virtual.
En el 2054 se comercializan “surrogates”, entes -con el aspecto humano que se desee- que son controlados a distancia por mujeres y hombres que prefieren no salir de sus casas para evitar peligros. Esa sociedad libre de enfermedades y crímenes, se astilla cuando un impreciso sicario logra asesinar a una pareja de modo impensable: ejecutando a sus dobles. El hecho activa una investigación que será liderada por el agente Tom Greer (el eterno tira cinematográfico, Bruce Willis), un policía que, a pesar de no estar con la ortodoxia anti surrogates, duda sobre el valor de vivir por medio de un doble.
En la actualidad se interactúa a través del celular (mensaje de texto incluido), de facebook, del chat, del mail. Identidad Sustituta exagera esas prácticas para advertir sobre los riesgos de la vida social mediada. Nuevamente, se está ante el deseo de frenar una tendencia.
A diferencia de Matrix, en Identidad Sustituta el espacio es real. El espectador no está ante una realidad virtual impuesta: la realidad se virtualiza por el cambio perceptivo que provoca la tecnología en usuarios deseosos de que suceda eso.
Como notará el nerd del palo, la adaptación cinematográfica de The Surrogates es imperfecta pero, para qué negarlo, conserva premisas que son infecciosas.
(1) El “Uno” es quién va a terminar la guerra con las máquinas.
Las opiniones vertidas en las columnas son responsabilidad de los autores y no reflejan necesariamente posiciones del Portal 180.
