Diego Muñoz

Llanto de esperanza

Ayer cuando terminó el partido y Uruguay quedó fuera del Mundial, bajé a la zona mixta para entrevistar a los jugadores. Mientras esperaba llamé a mi casa. Mi hija Juana, de nueve años, lloraba desconsolada por la derrota. Se había puesto una vincha celeste y una camiseta mía de la selección que le quedaba como un vestido. Así miró el partido.

Actualizado: 07 de julio de 2018 | Por: Diego Muñoz

En medio de sus lágrimas me dijo que la culpa era de Cristiano por haber lesionado a Cavani. Hablé unos minutos con ella, logré que se calmara y corté. Se aproximaban los jugadores. Cada uno de los futbolistas uruguayos paró para hablar con la prensa. Igual que lo hicieron en los cuatro partidos anteriores que ganaron. Había tristeza en sus rostros pero se los notaba tranquilos, enhiestos, satisfechos. Atendieron a los medios, respondieron las preguntas, admitieron la superioridad del rival. Eso también es parte del cambio cultural de esta selección. Un cambio cultural tan fuerte, tan intenso, que nos permitió a todos soñar con levantar la Copa del Mundo. Por unos minutos envidié a Juana y a todos los niños de mi país. Cuando yo era pibe a lo máximo que podía aspirar era a clasificar al Mundial y a no volver en primera ronda. Ahora esos niños lloran porque Uruguay no fue campeón del mundo. 

Cuando hay un proyecto detrás, cuando hay trabajo, seriedad, constancia, profesionalismo, la gente lo percibe. En cualquier orden. Y sabe leer que el resultado es un accidente, una circunstancia. Que nada asegura un título pero que se está mucho más cerca si se compite a primer nivel, si se clasifica a todos los mundiales, si se pasa de ronda, si se sube el listón. Insistir, redoblar esfuerzos, mantener el compromiso. 

Esta generación sigue siendo una generación dorada. Ni cuenten la Copa América 2011, solo piensen en lo que nos transmitió a todos, lo que nos reconfortó verla. En esta década recuperamos el amor por nuestra selección, nos abrazamos y nos emocionamos, nos unimos en los buenos y en los malos momentos, vimos las fortalezas que supone pelear en grupo y con convicción. ¿O ver a Josema llorar y a Godín y Muslera ayudando a levantarse no es la mejor alegoría de la vida?

Uruguay no sigue en el Mundial. Perder es otra cosa. Perder pierden los ladinos que agazapados detrás de un árbol esperan la primera oportunidad para tirar piedras solo por conveniencia. Esos sí que no ganan nunca.

Cuando pase el dolor quedará el orgullo, y eso sí que no lo borra nadie. 

Las lágrimas de Josema fueron las de mi hija y las de todo un país. Ahora levantase y perseguir nuevos sueños. 



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